El especialista explica para ‘La Vanguardia’ cómo el abandono, la negligencia y la falta de experiencias durante los primeros meses de vida pueden afectar al comportamiento de un perro
Encontrar un hogar seguro puede cambiar la vida de un perro que ha sufrido maltrato o abandono, pero no significa que sus miedos desaparezcan con la adopción. Algunos animales siguen mostrando desconfianza ante las personas, tienen dificultades para desenvolverse en entornos desconocidos o necesitan mucho más tiempo para sentirse seguros. El afecto y los cuidados son fundamentales, aunque no bastan para borrar automáticamente las experiencias que han condicionado su comportamiento.
Jaume Fatjó, veterinario especialista en medicina del comportamiento y director de la Cátedra Fundación Affinity Animales y Salud del Departamento de Psiquiatría y Medicina Legal de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), explica por qué las secuelas del maltrato pueden ir más allá de las lesiones físicas y cómo la falta de contacto durante los primeros meses de vida también puede influir en el desarrollo del miedo. “En estos casos, la recuperación no siempre sigue el ritmo que esperan quienes los adoptan: algunos perros avanzan rápidamente, mientras que otros necesitan más tiempo y siguen mostrando inseguridad ante determinadas situaciones. Entenderlo es fundamental para no confundir sus dificultades con una falta de adaptación y darles margen para ganar confianza”, subraya Fatjó, en conversación con La Vanguardia.
Jaume Fatjó
Veterinario y etólogo
¿Qué consecuencias puede tener el maltrato en el comportamiento de un perro? ¿Hay formas de maltrato que pasan más desapercibidas?
Cuando pensamos en maltrato animal, normalmente imaginamos una agresión física. Sin embargo, existe otra forma que también puede tener consecuencias importantes: la negligencia, es decir, no proporcionar al animal los cuidados que necesita. Un perro no solo necesita alimento, agua y atención veterinaria. También requiere espacio, contacto social y oportunidades para explorar su entorno y desarrollar comportamientos propios de su especie. El aislamiento prolongado o mantenerlo confinado en condiciones inadecuadas puede comprometer su bienestar. Además de las consecuencias físicas, como la malnutrición o los problemas dermatológicos, estas situaciones pueden afectar a su comportamiento. Uno de los problemas más habituales es el miedo, que puede manifestarse hacia las personas, otros perros o determinados entornos.

¿Un perro que tiene miedo de las personas ha sufrido necesariamente maltrato?
No. Tendemos a pensar que, si un perro tiene miedo de las personas, es porque alguien le ha hecho daño, pero no siempre es así. En ocasiones, ese miedo aparece porque no ha tenido suficiente contacto con ellas. Un perro que ha crecido aislado, sin conocer a personas diferentes, otros animales o los estímulos habituales de una ciudad, puede reaccionar con desconfianza cuando se encuentra con esas situaciones. Al resultarle desconocidas, puede intentar evitarlas. Por tanto, el miedo no siempre procede de una experiencia traumática directa. También puede surgir de la falta de experiencias. En algunos casos se combinan distintos factores, lo que hace difícil determinar una única causa.
Jaume Fatjó
Veterinario y etólogo
¿Hasta qué punto puede influir la falta de contacto durante los primeros meses de vida?
Es un periodo especialmente importante. Durante las primeras semanas, el cachorro atraviesa una etapa de socialización en la que aprende a relacionarse con su entorno. Las experiencias que tenga entonces pueden influir en cómo afrontará determinadas situaciones cuando sea adulto. Si durante esos meses ha vivido aislado o en un entorno poco estimulante, puede mostrar una mayor predisposición a sentir miedo ante estímulos que no conoce. Eso no significa que todos los perros vayan a desarrollar los mismos problemas, pero la falta de experiencias tempranas puede dificultar su adaptación posterior.
¿Un perro que ha sufrido maltrato puede mostrar miedo y agresividad al mismo tiempo?
Sí. El miedo puede expresarse mediante conductas de evitación, pero también a través de reacciones defensivas, como ladrar, gruñir o intentar mantener a una persona alejada. Por eso no conviene interpretar automáticamente una reacción agresiva como una señal de que el perro es agresivo por naturaleza. Tampoco todos los problemas de comportamiento tienen el mismo origen. Un perro puede tener miedo de las personas y relacionarse perfectamente con otros perros, o presentar la situación contraria. Para comprender qué ocurre, hay que estudiar su comportamiento, su historia y las circunstancias en las que aparece la reacción. Un profesional puede reconstruir parte de su pasado a partir de indicadores indirectos, aunque no siempre es posible establecer la causa con certeza.

¿Puede un perro que ha sufrido maltrato superar el miedo o hay secuelas que lo acompañarán toda la vida?
Se puede ayudar muchísimo a estos animales. Existen herramientas para trabajar sus miedos, mejorar su confianza y favorecer su adaptación, aunque cada perro responde de manera diferente. El aprendizaje no funciona como un ordenador al que podemos acceder para borrar un recuerdo. Me gusta explicarlo con la imagen de un diario: no podemos eliminar las páginas anteriores, pero sí ayudar al perro a escribir otras nuevas. Un animal que ha aprendido a desconfiar puede llegar a sentirse seguro y relacionarse de otra manera. Eso no significa que todos sus miedos desaparezcan por completo: quizá conserve ciertos límites que habrá que respetar. El objetivo es que pueda disfrutar de una buena calidad de vida, no convertirlo en un perro distinto.
Jaume Fatjó
Veterinario y etólogo
¿Por qué puede ser contraproducente obligar a un perro miedoso a enfrentarse a aquello que teme?
Uno de los errores más habituales es pensar que, si un perro tiene miedo de las personas, hay que exponerlo a ellas para que termine acostumbrándose. Sin embargo, obligarlo a acercarse a desconocidos o llevarlo a un entorno concurrido puede tener el efecto contrario. Es como empujar a alguien al agua para quitarle el miedo a nadar: en lugar de ayudarlo a ganar confianza, podemos aumentar su angustia. En etología y psicología, esta práctica se conoce como técnica de inundación. Cuando el miedo es intenso, exponer al animal de golpe al estímulo que lo provoca puede aumentar su sensibilidad y empeorar su reacción, en lugar de conseguir que se habitúe. Por eso, la recuperación no pasa por forzarlo a afrontar sus temores, sino por respetar sus límites y trabajar el problema de forma gradual y con ayuda profesional cuando sea necesario.
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Evitar la exposición forzada: “No obligar al perro a acercarse a desconocidos ni llevarlo de golpe a entornos que le generan miedo. Es preferible respetar su distancia y evitar situaciones que puedan intensificar su respuesta de temor”.2
Acudir pronto a un profesional: “El veterinario puede valorar el caso, descartar problemas médicos asociados y orientar a la familia hacia un especialista en comportamiento cuando sea necesario. No conviene dejar pasar el tiempo esperando que el problema desaparezca por sí solo”.3
Tener paciencia y expectativas realistas: “La recuperación requiere tiempo y no todos los animales evolucionan al mismo ritmo. Es importante reconocer los avances, respetar los límites que persistan y entender que el objetivo es que el perro disfrute de una vida segura y de calidad”.¿Qué debería tener claro una persona antes de adoptar a un perro que ha pasado por una experiencia difícil?
No todos los perros reaccionan igual ante experiencias parecidas. Por eso es importante conocer al animal, comprender sus necesidades y no dar por hecho que evolucionará de una manera determinada. Adoptar a un perro con miedo implica respetar sus límites y acompañarlo durante el proceso. No se le puede exigir que confíe de inmediato ni interpretar cada dificultad como un fracaso. Al mismo tiempo, hay motivos para ser optimistas: muchos perros mejoran muchísimo cuando viven en un entorno seguro y reciben la atención adecuada. La clave es combinar paciencia y compromiso con ayuda profesional cuando sea necesaria, sin esperar que desaparezcan necesariamente todas las secuelas.