Conseguir que un perro atienda a la llamada no depende únicamente de repetir su nombre, sino de trabajar previamente la respuesta, anticiparse a las situaciones difíciles y aprender a captar su atención
Llamar a un perro cuando está suelto y esperar que deje inmediatamente todo lo que está haciendo para acudir puede parecer sencillo, pero en la práctica requiere entrenamiento. El peludo tiene a su alrededor olores, sonidos, personas y otros perros que pueden resultar mucho más interesantes que una voz que repite su nombre desde la distancia.
Javier Martínez Torres, educador canino, señala precisamente uno de los errores más habituales a la hora de intentar captar su atención: quedarse completamente quieto y confiar en que la voz será suficiente. “No puedes llamar a tu perro estando quieto como un palillo, como si solo con tu voz tuvieras el poder”, explica en una publicación en Instagram. Para el experto, el movimiento también puede convertirse en una herramienta para conseguir que el animal se fije en su tutor.
La llamada se entrena antes de necesitarla
Otro de los fallos que destaca Martínez Torres es llegar demasiado tarde. Muchas familias intentan llamar al perro cuando este ya está metido en una situación problemática y su nivel de atención está completamente centrado en lo que tiene delante.
Por eso, el educador insiste en que pasear al perro no consiste simplemente en soltar la correa y ponerse a mirar el teléfono. También hay que observar el entorno y anticiparse a aquello que pueda ocurrir. Si el animal todavía está en disposición de escuchar, será mucho más sencillo redirigir su atención que cuando ya está completamente concentrado en otros estímulos.
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La idea coincide con las recomendaciones de Purina sobre el entrenamiento de la llamada. La compañía explica que acudir cuando se llama es una de las habilidades más importantes que puede aprender un perro, pero requiere práctica progresiva y que el animal relacione esa respuesta con algo positivo. Para empezar, aconseja trabajar en lugares con pocas distracciones y aumentar después progresivamente la distancia y la dificultad.
No hay que esperar a que el perro falleMartínez Torres también advierte del exceso de confianza en la frase “mi perro obedece”. Que un animal responda correctamente en unas circunstancias no significa necesariamente que vaya a hacerlo cuando aparezca una distracción mucho más potente.

Su recomendación cuando el perro se dirige hacia una situación problemática es utilizar comida para captar su atención y alejarlo hacia un lugar seguro, en lugar de esperar a que la situación se complique. Y si existen problemas concretos, como dificultad para atender cuando aparecen otros perros, tampoco considera buena estrategia acudir constantemente a esos encuentros para intentar resolverlos sobre la marcha.
La alternativa que plantea el experto es entrenar primero en condiciones controladas. Por ejemplo, utilizar un bol con comida como estímulo y practicar la atención desde cierta distancia permite trabajar la respuesta sin necesidad de enfrentarse desde el principio a una situación real difícil.
Movimiento, recompensa y progresiónLa respuesta a la llamada se puede construir poco a poco. Según el adiestrador canino @coralkan en redes, es recomendable llamar al perro de manera motivadora y empezar a retroceder cuando este mira hacia la persona, aprovechando su tendencia natural a seguir el movimiento. Cuando llega, propone reforzar inmediatamente la conducta con elogios y comida.
Asimismo, Purina coincide en la importancia de que el perro asocie su nombre y la llamada con experiencias positivas. Recomienda recompensar la respuesta y aumentar gradualmente las distracciones, utilizando inicialmente espacios controlados y, en exteriores, herramientas como una correa larga de entrenamiento.

En definitiva, la clave no está en repetir “ven” una y otra vez cuando el perro ya ha desconectado de nosotros. El objetivo es construir una respuesta fiable mediante práctica, anticipación y refuerzo, para que cuando llegue una situación complicada exista una base de aprendizaje sobre la que apoyarse.