Buena parte de la atención que prestamos al bienestar de los perros se centra en el ejercicio, los paseos y las actividades que les ofrecemos a diario. Sin embargo, también hay que fijarse en lo que ocurre cuando termina el juego y llega el momento de descansar. Marina López, veterinaria especializada en nutrición funcional, tiene en cuenta la alimentación, el entorno y el estado emocional de cada animal para entender sus necesidades. En conversación con La Vanguardia, advierte de que algunos perros, pese a realizar ejercicio a diario, siguen demasiado activados y tienen dificultades para encontrar la calma.
Esa inquietud puede manifestarse de distintas formas: perros a los que les cuesta descansar, que reaccionan con intensidad ante determinados estímulos o que parecen necesitar actividad constantemente. Aumentar el ejercicio no siempre resuelve el problema. Como explica López, el bienestar también depende de la capacidad del animal para procesar lo que vive y recuperarse mediante un descanso de calidad. Por eso, antes de añadir más actividad a su rutina, conviene observar cómo descansa, qué situaciones le alteran y si dispone de momentos de tranquilidad a lo largo del día.
Marina López
Veterinaria
¿Qué significa que un perro no consiga desconectar?
Un perro que está constantemente activado no es necesariamente un animal con demasiada energía. Puede tener dificultades para volver a la calma cuando acumula más estímulos de los que es capaz de gestionar, ya sean ruidos, actividad continua, exigencias o falta de descanso de calidad. Es una situación que puede entenderse con un ejemplo cotidiano: un perro puede estar agotado y seguir en alerta, igual que una persona que llega a casa después de un día agotador y, aun así, no consigue desconectar. El cansancio físico no significa necesariamente que el animal esté preparado para descansar. Si sigue pendiente de todo lo que ocurre a su alrededor, puede necesitar menos estímulos y más oportunidades para recuperarse.

¿Qué señales pueden indicar que un perro está teniendo dificultades para encontrar la calma?
Puede costarle descansar profundamente, permanecer alerta incluso en momentos de tranquilidad o reaccionar con mucha intensidad ante determinados estímulos. También puede tener dificultades para concentrarse, mostrar una baja tolerancia a la frustración o presentar conductas repetitivas, como ladrar de forma insistente, escarbar o montar. En algunos casos, parece que nunca termina de desconectar, ni siquiera después de paseos largos. Son señales que deben interpretarse en su contexto, porque no responden necesariamente a una única causa.
¿Qué rutinas pueden contribuir a mantener a un perro en ese estado de activación?
A veces, sin mala intención, normalizamos rutinas muy estimulantes: paseos intensos, lanzamientos repetidos de pelota, interacción constante o entornos urbanos con una gran cantidad de estímulos y pocos espacios de calma. También persiste la idea de que un perro necesita estar haciendo cosas continuamente. Esto se ve especialmente en algunos perros de líneas de trabajo, como los malinois o los border collies. Sus aptitudes y necesidades individuales deben tenerse en cuenta, pero eso no significa que necesiten actividad sin descanso. También necesitan aprender a parar y disponer de momentos de recuperación.
Marina López
Veterinaria
¿Por qué descansar bien es tan importante como hacer ejercicio?
El bienestar no depende únicamente de las actividades y del enriquecimiento ambiental que ofrecemos al perro, sino también de su capacidad para procesar lo que vive. El descanso de calidad permite integrar experiencias, regular las emociones y recuperar el equilibrio fisiológico. Cuando no descansa adecuadamente, puede tener más dificultades para gestionar situaciones, aprender y sentirse seguro. Descansar no es tiempo perdido ni una recompensa que llega después de hacer suficiente ejercicio: es una necesidad biológica fundamental.

¿Qué error se comete al intentar cansar a un perro que parece incapaz de parar?
El principal error es pensar que, si un perro está inquieto, necesita hacer todavía más ejercicio. Lanzar la pelota una y otra vez, intensificar la actividad o mantenerlo constantemente estimulado puede aumentar aún más su nivel de activación. Es como intentar apagar un fuego con gasolina: en lugar de ayudar al perro a relajarse, podemos conseguir justo lo contrario. También tendemos a pasar por alto las señales de cansancio o estrés y a prolongar el juego cuando el animal ya está sobrepasado.
1
Revisar la cantidad de estímulos: “Si la rutina está llena de actividades, juegos intensos y situaciones que mantienen al perro constantemente activado, conviene valorar qué estímulos pueden reducirse. A veces, ofrecer más actividades no es lo que necesita”.2
Priorizar paseos más tranquilos: “No todos los paseos tienen que estar llenos de ejercicio o juegos. Caminar sin prisas y adaptar el recorrido al perro puede darle la oportunidad de explorar sin añadir exigencias innecesarias”.3
Crear espacios seguros de descanso: “El perro necesita disponer de un lugar tranquilo donde pueda descansar sin interrupciones constantes. Ese espacio debe permitirle retirarse cuando lo necesite, sin obligarle a interactuar”.4
Apostar por rutinas previsibles: “Mantener cierta regularidad en el día a día puede ayudar a que el perro anticipe lo que va a ocurrir y gestione mejor su entorno. La previsibilidad no significa que todos los días deban ser idénticos, sino evitar una sucesión continua de estímulos y exigencias”.5
Respetar sus tiempos: “La calma no aparece por obligación ni se consigue de un día para otro. Cada perro tiene sus propias necesidades y su ritmo. Observar cómo responde a los cambios permite ajustar las rutinas sin exigirle resultados inmediatos”.¿Qué consecuencias puede tener mantener durante mucho tiempo un estado de activación elevado?
Puede asociarse a dificultades emocionales y de comportamiento, como una mayor reactividad, impulsividad, baja tolerancia a la frustración o ansiedad. También puede interferir en el aprendizaje y afectar al bienestar general. El estrés mantenido puede tener repercusiones en distintos ámbitos de la salud, aunque no conviene atribuir automáticamente cualquier problema digestivo, inmunitario u hormonal a la activación sin una valoración veterinaria. Por eso, más que centrarse únicamente en corregir una conducta, hay que intentar comprender qué la está provocando y qué necesita ese perro para gestionar mejor su entorno. El objetivo es favorecer un mayor equilibrio y mejorar su calidad de vida.