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¿Seguro que es tu perro el que te despierta por la noche? Un estudio descubre que muchas veces el humano se mueve primero

Дата публикации: 16-10-2026 09:04:51


Un estudio revela que muchas veces somos nosotros quienes nos movemos primero y alteramos el descanso de nuestros perros


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Te despiertas de madrugada, notas que tu perro se ha movido y das por hecho que ha sido él quien te ha interrumpido el sueño. Es una escena habitual en los hogares donde humanos y perros comparten habitación o incluso colchón. Pero ¿y si el orden fuera el contrario? ¿Y si muchas veces somos nosotros quienes nos movemos primero y el perro simplemente reacciona?

Esa es una de las posibilidades que plantea un estudio publicado el 7 de octubre de 2026 en la revista científica PLOS ONE. Sus autores, investigadores vinculados a las universidades de Toronto y Duke, analizaron los movimientos nocturnos de personas y perros mediante sensores de actividad. Encontraron que ambos tendían a moverse de forma relacionada, pero que, entre las parejas con un patrón temporal reconocible, era más frecuente que el movimiento humano precediera al del perro que al revés.

Cuatro semanas siguiendo los movimientos de personas y perros

Para investigar qué sucede durante la noche, el equipo reclutó a 25 personas de Ontario, Canadá, y a 38 perros con los que convivían. Todos los animales eran huskies o malamutes, una selección deliberada para reducir las diferencias de actividad entre razas. Algunas personas participaban con más de un perro, de modo que el estudio reunió 38 parejas humano-perro, aunque finalmente 36 pudieron utilizarse en el análisis de movimientos sincronizados.

Los investigadores registraron durante cuatro semanas los movimientos nocturnos de 25 personas y 38 perros mediante sensores colocados en la muñeca y el collar. 

Los investigadores registraron durante cuatro semanas los movimientos nocturnos de 25 personas y 38 perros mediante sensores colocados en la muñeca y el collar. Alexey Kuznetsov/iStockphoto

Durante aproximadamente cuatro semanas, los participantes llevaron un acelerómetro en la muñeca y los perros otro dispositivo colocado en el collar. Los sensores registraban movimiento en intervalos de un minuto, lo que permitió comparar si la actividad de uno aparecía antes, después o prácticamente al mismo tiempo que la del otro. También se recogieron cuestionarios sobre el descanso, el hogar y el lugar donde dormían los animales.

El trabajo se realizó a finales de 2021, durante un periodo todavía condicionado por las restricciones de la pandemia. Ese contexto importa porque los horarios, el estrés y las rutinas de los participantes podían ser distintos de los habituales.

En diez parejas se movía primero la persona; en cuatro, el perro

El resultado más llamativo apareció al estudiar los movimientos separados por un máximo de cinco minutos. De las 36 parejas analizadas, 22 mostraron una asociación temporal identificable entre la actividad humana y la canina. En las otras 14 no se detectó un patrón suficientemente claro.

Dentro de esas 22 parejas, los investigadores encontraron tres situaciones diferentes: en diez, aproximadamente el 45%, la actividad de la persona precedía a la del perro; en cuatro, alrededor del 18%, sucedía al revés; y en ocho, el 36%, ambos se movían dentro del mismo intervalo de un minuto, sin que pudiera establecerse quién había empezado.

Es importante entender qué representan esos porcentajes. No significan que el 45% de todos los despertares estén provocados por las personas, sino que, entre las parejas con movimientos temporalmente relacionados, ese fue el patrón más frecuente. Además, moverse primero no demuestra que se haya despertado al otro. Los sensores detectaban actividad, no la causa de cada movimiento ni si el perro estaba realmente despierto.

Dormir con el perro en la cama no empeoró las mediciones

Los investigadores también quisieron comprobar si compartir colchón perjudicaba la duración o la eficiencia del sueño humano, es decir, la proporción del tiempo en la cama que realmente se pasa durmiendo. En este grupo no encontraron diferencias estadísticamente significativas relacionadas con que el perro durmiera sobre la cama.

Tampoco detectaron una relación significativa entre las características del hogar que analizaron y la actividad nocturna de los perros. Sin embargo, las personas que convivían con varios perros sí tendían a valorar peor su propio descanso. Este último resultado debe interpretarse con cautela: procedía de solo 25 participantes y el modelo estadístico completo no mostró una mejora significativa respecto a uno sin esos factores explicativos.

El estudio no encontró diferencias significativas en la duración ni en la eficiencia del sueño entre quienes compartían cama con su perro y quienes no lo hacían. 

El estudio no encontró diferencias significativas en la duración ni en la eficiencia del sueño entre quienes compartían cama con su perro y quienes no lo hacían. Getty Images/iStockphoto

La diferencia entre dormir mal y sentir que se ha dormido mal es relevante. Los investigadores encontraron una duración media de sueño de unas seis horas y catorce minutos y una eficiencia cercana al 79%, pero esos valores no pueden atribuirse directamente a la presencia de los perros. El estudio tampoco incluyó un grupo de personas que vivieran sin ellos.

Otros estudios habían encontrado justo lo contrario

La literatura científica no ofrece una respuesta única. Una investigación publicada en 2020 en Animals siguió a doce mujeres que compartían cama con sus perros y encontró que los movimientos de los animales precedían con mayor frecuencia a los humanos. En aquel trabajo, la actividad canina se relacionó con una mayor probabilidad de que la persona pasara de estar inmóvil a moverse, aunque muchas participantes apenas recordaban interrupciones causadas por sus perros.

Otro estudio, publicado en Mayo Clinic Proceedings en 2017, examinó durante siete noches a 40 adultos y sus perros. Encontró que tener al animal en el dormitorio podía ser compatible con un descanso razonable, pero que la eficiencia del sueño humano era menor cuando compartían la cama que cuando el perro simplemente dormía en la habitación.

Las diferencias no implican necesariamente que unas investigaciones sean correctas y otras estén equivocadas. Las muestras eran pequeñas, las condiciones no eran idénticas y el lugar donde dormía el perro también variaba. Además, el nuevo estudio solo incluyó dos razas y utilizó sensores que no habían sido validados específicamente para distinguir sueño y vigilia en perros. Incluso un movimiento de las patas mientras el animal sueña podía quedar registrado como actividad.

La próxima vez que se mueva, quizá no haya sido él quien empezó

Los autores reconocen que harían falta investigaciones con más participantes, diferentes razas y mediciones más precisas. Combinar los sensores con vídeo y registros de sonido permitiría comprobar si una persona se incorpora, si el perro cambia de postura o si alguno de los dos realmente despierta al otro.

Por ahora, el hallazgo principal no es que los humanos tengan la culpa de interrumpir el sueño de sus perros, sino que el movimiento nocturno parece formar parte de una relación en las dos direcciones. Un perro puede reaccionar cuando su persona se gira, se levanta o cambia de postura, del mismo modo que sus movimientos pueden influir en el descanso humano.

Así que, si la próxima noche notas que tu perro se ha movido y piensas que te ha despertado, quizá merezca la pena no darlo por hecho. La investigación todavía no puede señalar a un responsable en cada ocasión, pero sí sugiere algo curioso: a veces, el primero en romper la quietud de la habitación somos nosotros.

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