Con el paso de los años, para muchas mujeres el ejercicio deja de ser una cuestión estética y pasa a ser un factor decisivo para vivir con autonomía. A los 55 años (y también a los 60, 70 o más) mantenerse activa marca la diferencia entre depender de ayuda o seguir moviéndose con libertad. La clave está en los músculos de la espalda, responsables de sostener el cuerpo, estabilizar la postura y permitir gestos tan cotidianos como agacharse, levantar una bolsa o mantenerse de pie sin dolor.