Con el paso del tiempo, especialmente a partir de los 45 o 50 años, el cuerpo de la mujer empieza a mostrar cambios evidentes. El metabolismo se vuelve más lento, la grasa se acumula con mayor facilidad y aparece flacidez en zonas concretas, como el muslo interno. Además, si no se trabaja de forma específica, la pérdida de fuerza muscular se hace cada vez más notable.