Después de los 50, y especialmente tras la menopausia, el cuerpo de la mujer atraviesa cambios que van más allá de los sofocos o los problemas de sueño. La masa muscular disminuye entre un 3 y un 8 % por década a partir de los 30, y esa pérdida se acelera después de los 50. Al mismo tiempo, el metabolismo se ralentiza, los niveles de estrógenos caen y el riesgo de osteoporosis o hipertensión aumenta. En ese contexto, moverse deja de ser una opción para convertirse en una necesidad real de salud.