Tras el embarazo, muchas mujeres vuelven al gimnasio con la misma rutina de antes o se lanzan a hacer cientos de abdominales con la esperanza de recuperar su vientre. Pero, incluso meses después, ese pequeño bulto sigue ahí. No es por falta de esfuerzo. En muchos casos, el problema no es la grasa, sino lo que ocurrió debajo de la piel durante los nueve meses de gestación.