Durante años, Gina Amin miraba su abdomen hinchado con impotencia. No era por falta de esfuerzo: había probado dietas restrictivas, sesiones interminables de cardio y rutinas de abdominales que terminaban en agotamiento. Pero el cambio real no llegó hasta que dejó de buscar resultados inmediatos y entendió que el cuerpo responde a la coherencia, no a la presión.