Ni todos los perros necesitan un abrigo ni ninguno debería quedarse sin él por sistema. La clave está en conocer a cada animal
Con la llegada del otoño y las primeras lluvias, las aceras y los parques se llenan de perros con chubasqueros, abrigos, jerséis y hasta botas. Con el auge de la industria de los animales de compañía, no son pocas las marcas que han querido unirse a la moda pet-friendly, sacando incluso su propia línea de productos para perros y gatos.
Como casi siempre, hay quienes lo ven como algo necesario y una muestra de protección ante las inclemencias, mientras otros hablan de humanizar y de modas innecesarias. En el punto medio, los veterinarios coinciden en que no hay una respuesta única: depende de la raza, la edad, el tamaño y el estado de salud del animal. Así que aquí van algunas cuestiones importantes a valorar para saber si un perro necesita de abrigo.
El pelo, un abrigo natural (aunque no para todos)Como es lógico, no es lo mismo abrigar a un galgo que a un mastín. Los perros de pelaje denso y doble capa, como son el husky, el pastor alemán, el samoyedo o el terranova, están biológicamente preparados para soportar temperaturas bajas. En su caso, ponerles ropa suele ser superfluo e incluso contraproducente, ya que pueden llegar a pasar calor si hacen ejercicio. Además, son perros grandes, con más grasa corporal y una menor proporción de superficie respecto a su peso.
La situación cambia en los perros de pelo corto o fino, como el galgo, el bóxer, el dóberman, el whippet o el bulldog francés. También, como indica Cristina Ortega, veterinaria, etóloga y fundadora de Etoguau Etología Veterinaria, en las razas pequeñas, como el chihuahua o el yorkshire —especialmente cuando les cortan el pelo—, que pierden calor más rápido por tener mayor superficie corporal en relación con su peso, lo que aumenta la disipación del calor. Aunque eso sí, al final todo depende del individuo y es importante observarle para saber si un abrigo puede marcar la diferencia entre un paseo agradable y uno pasado por frío.

“Los cachorros pierden calor más rápido y los abuelillos igual, especialmente si hay alguna enfermedad crónica, si tienen problemas pulmonares o circulatorios; es mejor obligarlos para evitar que cojan infecciones”, explica Ortega.
Hay que tener en cuenta además que, con la edad, los perros senior van perdiendo masa muscular y tienen peor circulación. También, si hay problemas articulares, el frío puede ser contraproducente, por lo que en estos casos conviene ser previsor y consultar con el veterinario si hay dudas.
Lee también
Hay que tener en cuenta que el pelo mojado pierde buena parte de su capacidad aislante, haciendo que se enfríe la piel, por lo que un impermeable ligero puede ser útil en perros de pelo corto o en los que no soportan mojarse. Aunque también hay un componente a tener en cuenta con los perros de pelo largo si no se les seca bien, algo que es difícil cuando se va con prisa.
“Ahí el impermeable es mucho más cómodo, llegas, le pasas un poquito la toalla seca, no tienes que meter secador y estar una hora para secarlo. Más que nada porque sí se queda con humedad; luego se puede hacer una dermatitis o puede tener algún problema porque coja frío”, señala Ortega. Y es que no hay que olvidar secar bien las axilas, la barriga y el espacio entre los dedos para evitar molestias y problemas de piel.
Cristina Ortega
Veterinaria
Es verdad que cada vez es menos habitual que los perros tengan que lidiar con la nieve, por lo que eso no debería ser un problema, pero Ortega advierte que la nieve corta y que, en condiciones extremas, en perros de competición y, siempre que las tolere, pueden ser recomendables las botas. Y con respecto a la sal que a veces se esparce para evitar el hielo, Ortega le resta importancia: “Prefiero que los limpien cuando les sacan de la playa con el salitre”.
Hay señales evidentes de que el perro tiene frío, como los temblores, aunque también otras un poco menos claras, como la cola entre las patas o el cuerpo encogido. “Cuando no quiere salir, se acurruca o se tumba. Cuando se va metiendo en los portales, en tiendas o en sitios más calientes, se niega a caminar o intenta volver a casa, aunque a lo mejor no es solamente el frío; muchas veces también es el aire”, asegura Ortega. “En esos casos, toca tirar de sensatez, acortar el paseo y volver a casa a abrigarlo”.
Y si se le abriga, lo primero es que se habitúe a la prenda. “Hay que ponérselo despacito, probárselo y acostumbrarle”, indica Ortega. Se debe optar por materiales cómodos, sin grandes costuras, que sean adaptables para darles cierta flexibilidad y, para que sea un buen abrigo, debe cubrir todo el lomo del perro, desde la cruz hasta la base de la cola.
También hay que tener en cuenta que se ajuste bien, sin apretar, que permita el movimiento con libertad y que no roce ni arrastre. Hay muchos perros que no les gusta que les tapen las patas o la cabeza, por lo que comprobar cómo se siente el animal con la prenda es fundamental. “Hay que buscar un poco el equilibrio entre lo que el perro necesita y lo que a mí me gusta”, resume Ortega.