Una hora después de empezar a correr por un sendero desconocido lo sabes: te has perdido corriendo en medio de la montaña. Hace varios minutos que no ves una baliza, el reloj avisa de que le queda poca batería y el mapa del móvil deja de cargar por falta de cobertura. Es una situación que, tarde o temprano, acaba viviendo cualquier corredor de montaña.