Los perros con leishmaniosis pueden seguir realizando actividad física, pero la intensidad, la duración y los descansos deben adaptarse a su estado de salud para evitar el sobreesfuerzo y favorecer la recuperación
Recibir un diagnóstico de leishmaniosis no significa que un perro tenga que dejar de pasear o mantenerse inactivo. Sin embargo, sí puede ser necesario cambiar la manera en la que realiza ejercicio, especialmente cuando aparecen síntomas que afectan a su energía, musculatura o capacidad para moverse.
El veterinario Víctor Algra explica en una publicación en Instagram que la actividad física “seguirá siendo importante en perros con leishmaniosis”, aunque será necesario introducir pequeños ajustes cuando la situación del peludo lo requiera. Para el experto, no existe una cantidad de ejercicio válida para todos los pacientes, ya que se trata de una enfermedad muy variable.
La leishmaniosis no afecta igual a todos los perros
La leishmaniosis canina es una enfermedad causada por el protozoo Leishmania infantum y transmitida por la picadura de hembras de flebótomos. Como explican desde AniCura España, la infección no implica necesariamente que el perro desarrolle signos clínicos. La respuesta inmunitaria del animal determina en buena medida cómo evoluciona la infección y algunos perros permanecen en una fase subclínica.
Cuando la enfermedad progresa, los signos pueden ser muy diferentes. Entre los más frecuentes se encuentran las lesiones cutáneas, la pérdida de peso, la atrofia muscular, la intolerancia al ejercicio, la letargia, la cojera y alteraciones oculares, además de otros problemas que pueden afectar a distintos órganos.
Esta variedad explica por qué Algra insiste en individualizar la actividad. “El nivel de ejercicio debe individualizarse para cada paciente, ajustando el nivel de intensidad, duración y descanso”, señala el veterinario. No tendrá las mismas necesidades un perro que permanece activo y presenta pocos signos que otro con debilidad, pérdida de musculatura o intolerancia al esfuerzo.
El tratamiento y el pronóstico también dependen de las manifestaciones clínicas, las alteraciones analíticas y las posibles complicaciones. AniCura señala que la enfermedad renal es una de las complicaciones más habituales, por lo que el seguimiento veterinario resulta especialmente importante.
Paseos suaves y sin buscar el límite
Las clínicas veterinarias MiVet recomiendan mantener la actividad física, pero optando por ejercicio moderado y adaptado a la energía y al estado de salud del perro. En la práctica, esto puede traducirse en paseos más cortos y tranquilos cuando el animal no tolera bien los esfuerzos prolongados.
En esta misma línea, los expertos recomiendan paseos suaves y lentos, preferiblemente sobre superficies planas, aunque también contemplan pendientes suaves para trabajar la musculatura de las patas traseras. Cuando existen dificultades de movilidad, plantean incluso el uso de un arnés de soporte para facilitar determinados desplazamientos.
La hidroterapia o la natación aparecen como otras opciones para trabajar la musculatura reduciendo el impacto sobre las articulaciones, mientras que algunos ejercicios suaves de movilidad y equilibrio pueden ayudar a mantener la flexibilidad y la coordinación. En cualquier caso, estas actividades deben plantearse teniendo en cuenta las características concretas de cada peludo.
Porque el objetivo no es conseguir que un perro con leishmaniosis haga más ejercicio, sino encontrar el nivel que pueda realizar sin sobrecargarse. Algra lo resume en una recomendación clara: “Evitaremos el sobreesfuerzo y vamos a buscar la recuperación”.
El ejercicio debe formar parte de un cuidado más amplio
Mantener cierta actividad es solo una parte de los cuidados. Desde MiVet también recomiendan establecer rutinas relativamente estables para las comidas, la medicación y los paseos, además de proporcionar al perro un entorno cómodo y tranquilo.
El control veterinario permite valorar si la evolución de la enfermedad está afectando a su capacidad para realizar ejercicio y si es necesario modificar nuevamente la rutina. De hecho, ante signos como cansancio, pérdida de peso, cojera o menor tolerancia al paseo, no conviene interpretar automáticamente que el perro simplemente se está haciendo mayor o tiene menos ganas de salir.