La pauta de vacunación de un perro no tiene por qué ser igual todos los años: la edad, el estado de salud, el entorno y el riesgo de exposición a ciertas enfermedades son algunos de los factores que se deben valorar
Vacunar a un perro forma parte de los cuidados preventivos básicos, pero eso no significa necesariamente que todas las vacunas deban administrarse cada año. La frecuencia depende del tipo de enfermedad frente a la que se protege y de las características de cada animal.
El veterinario Víctor Algra aborda esta cuestión en un video en Instagram y recuerda que “lo ideal siempre es individualizar para cada paciente”. Bajo su punto de vista, algunas vacunas generan una inmunidad más duradera que otras, por lo que no existe una única pauta que pueda aplicarse por igual a todos los peludos.
No todas las vacunas necesitan el mismo recuerdo
Algra pone como ejemplo el parvovirus, el moquillo y la hepatitis infecciosa canina. Cuando el cachorro ha seguido correctamente su protocolo de vacunación, estas vacunas pueden generar una inmunidad de larga duración. Para valorar si es necesario volver a administrarlas, el veterinario menciona también la posibilidad de realizar una titulación de anticuerpos, una prueba que permite conocer la presencia de defensas frente a determinadas enfermedades.
Desde AniCura España también diferencian entre las vacunas esenciales y aquellas que deben valorarse según las circunstancias. Entre las esenciales para los perros se encuentran las que menciona Algra, aquellas que protegen frente al moquillo, la parvovirosis y la hepatitis vírica canina. La rabia tiene además una consideración especial porque su obligatoriedad depende de la normativa aplicable en cada comunidad autónoma.
Eso sí, en perros adultos, AniCura señala que la vacuna polivalente frente a parvovirus, moquillo y hepatitis puede administrarse cada tres años siguiendo las recomendaciones actuales, mientras que la frecuencia de otras vacunas puede ser anual. Por otra parte, la leptospirosis, la leishmaniosis o la tos de las perreras requieren una valoración diferente. Su necesidad depende, entre otros factores, del riesgo de exposición del animal.
El estilo de vida también cambia el calendarioNo vive igual un perro que pasa prácticamente todo el tiempo en una ciudad que otro que sale habitualmente al campo, viaja, acude a residencias o tiene contacto frecuente con otros animales.

Antonella Morales, veterinaria de Musky, explica que la pauta debe adaptarse al riesgo individual, teniendo en cuenta el estilo de vida, la zona geográfica, el nivel de exposición y el estado de salud. También pueden influir los viajes y la presencia de mosquitos, garrapatas u otros vectores.
Por ejemplo: un perro que vive o viaja a una zona donde existe riesgo de leishmaniosis puede necesitar medidas preventivas específicas. Lo mismo ocurre con animales que acuden a guarderías, residencias o campings y tienen un contacto más intenso con otros perros.
La rabia constituye otro caso particular; al margen de la protección sanitaria, su vacunación está condicionada por la legislación de cada comunidad autónoma y es obligatoria para los desplazamientos internacionales.
Por eso, la cartilla de vacunación no debería convertirse en una lista de vacunas que se repite automáticamente cada doce meses. Debe servir como punto de partida para que el veterinario revise qué necesita realmente cada animal.
Los perros mayores tampoco deben quedarse sin protección
Algra hace especial hincapié en los perros de edad avanzada. El envejecimiento también afecta al sistema inmunitario, por lo que no conviene asumir que un perro senior deja de necesitar prevención.
La revisión veterinaria permite valorar su estado general y decidir qué vacunas siguen siendo necesarias, cuáles pueden espaciarse y qué enfermedades presentan un riesgo mayor por su entorno. La edad, por sí sola, no determina el calendario.
En los cachorros, en cambio, la vacunación inicial resulta especialmente importante. Desde AniCura recogen un protocolo de varias dosis durante los primeros meses de vida, seguidas de los correspondientes recuerdos. Es durante esta etapa cuando el veterinario debe comprobar que el animal completa correctamente su primovacunación.
En definitiva, la prevención no consiste en vacunar más, sino en vacunar cuando corresponde y frente a los riesgos que realmente existen.