Revisar en casa los ojos, la nariz, la boca y las orejas del perro permite familiarizarse con su aspecto habitual y detectar cambios que podrían indicar un problema de salud
Cuidar de un peludo no consiste únicamente en alimentarlo, sacarlo a pasear y llevarlo a sus revisiones veterinarias. Dedicar unos minutos a observar su aspecto también puede ayudar a reconocer cambios que, aunque parezcan pequeños, merecen atención. El color de las mucosas, el estado de los dientes o la presencia de secreciones son algunos de los aspectos que conviene tener en cuenta.
La veterinaria Sofía Rivera explica en una publicación de Instagram cómo realizar una revisión básica en casa, empezando por la cabeza y el cuello. El objetivo no es diagnosticar enfermedades sin ayuda profesional, sino aprender a identificar señales que se salen de lo habitual y consultar cuando sea necesario.
Ojos, nariz y encías: las primeras señales que debes revisar
Rivera recomienda comenzar por los ojos y observar tanto la parte blanca como la mucosa del interior del párpado. Esta última debería presentar una tonalidad rosada. Si aparecen cambios llamativos de color, enrojecimiento u otras alteraciones, conviene consultar con el veterinario, especialmente si se acompañan de secreciones o molestias.
La nariz también merece atención. La especialista aconseja comprobar que no presente resequedad persistente, mocos ni otros flujos anormales. Sin embargo, es importante tener en cuenta que una nariz seca no significa necesariamente que el perro esté enfermo, del mismo modo que tenerla húmeda no garantiza que todo esté bien. Lo relevante es observar los cambios y valorar el conjunto de síntomas.
En la boca, Rivera propone revisar los dientes, el estado de las encías y la acumulación de sarro. La presencia de depósitos amarillentos o marrones, el mal aliento y la inflamación de las encías pueden indicar problemas de salud dental en nuestro peludo.
Desde AniCura España explican que el sarro se forma cuando la placa bacteriana se acumula y se endurece sobre los dientes. Si progresa, puede favorecer la enfermedad periodontal, dañar los tejidos que sostienen las piezas dentales y provocar infecciones. La prevención pasa por el cepillado frecuente con productos específicos para perros y las revisiones profesionales. Eso sí, cuando el sarro ya está formado, una limpieza veterinaria es el método adecuado para eliminarlo.
Orejas y cuello: cómo detectar molestias
Las orejas son otra zona que conviene revisar regularmente. Rivera recomienda comprobar que el conducto auditivo esté limpio y prestar atención a posibles secreciones, olores desagradables o molestias. También señala la importancia de observar si el perro reacciona al tocar la zona.
Sacudir la cabeza repetidamente, rascarse las orejas o mostrar dolor pueden ser signos de una otitis. Ante estas señales, lo adecuado es acudir al veterinario y evitar introducir bastoncillos o aplicar productos sin indicación profesional.
La revisión continúa por el cuello y la zona situada debajo del hocico, donde se encuentran ganglios que pueden aumentar de tamaño cuando existe alguna alteración. La veterinaria también propone observar si el animal mueve la cabeza con normalidad y si muestra dolor al hacerlo. Estas comprobaciones deben realizarse con suavidad, sin presionar ni forzar movimientos.
Las mucosas también pueden avisar de un problemaEl color de las mucosas aporta información sobre el estado del animal. Desde LEONVET explican que las encías y la cara interna de los párpados permiten observar cambios relacionados con la circulación sanguínea y la oxigenación. En condiciones normales, suelen ser rosadas, aunque la pigmentación natural puede variar entre perros.

Si las mucosas se ven muy pálidas, podría existir un problema como anemia o una alteración de la circulación. Una coloración azulada o violeta puede indicar falta de oxígeno, mientras que un tono amarillo también requiere valoración veterinaria. Las mucosas azuladas o muy rojas, especialmente si aparecen junto con dificultad respiratoria, debilidad intensa o desorientación, requieren atención urgente.
Conocer el aspecto habitual del perro facilita reconocer estas variaciones, pero una revisión doméstica nunca sustituye una exploración clínica. La clave es observar sin alarmarse por cada pequeño cambio y actuar cuando aparezcan señales algo más preocupantes.