El golden retriever tiene predisposición a determinados problemas de salud que conviene detectar a tiempo, desde las alteraciones articulares hasta las enfermedades de la piel y los oídos
Tener un golden retriever implica prestar atención a algo más que sus paseos, su alimentación y sus revisiones veterinarias habituales. Esta raza presenta predisposición a ciertos problemas de salud que pueden pasar desapercibidos al principio, por lo que observar cómo se mueve, cómo se comporta y qué aspecto tienen su piel y sus ojos resulta especialmente importante.
La veterinaria Alba Pérez explica en una publicación de Instagram qué aspectos vigilaría de cerca en un peludo de esta raza. Entre las señales que destaca están el aumento de peso, las dificultades de movilidad, los picores recurrentes y las otitis que reaparecen. Aunque ninguna de ellas confirma por sí sola una enfermedad, sí puede justificar una consulta para averiguar qué está ocurriendo.
Si se lame las patas y repite otitis, conviene investigar la causa
El lamido insistente de las patas, el rascado frecuente, el enrojecimiento de la piel y las sacudidas de cabeza pueden ser señales de un problema dermatológico. En los golden retriever existe predisposición a la dermatitis atópica y a la otitis externa recurrente, dos problemas que pueden estar relacionados cuando el origen es alérgico.
La veterinaria especialista en dermatología y alergias Irene Alfonso advierte de que una enfermedad cutánea no siempre empieza con lesiones llamativas. A veces, el primer indicio es un lamido ocasional; después aparecen las otitis repetidas o el enrojecimiento en zonas como el abdomen, las ingles y las axilas. Si los síntomas mejoran temporalmente y vuelven semanas o meses después, conviene estudiar el origen en lugar de tratar cada episodio como una irritación aislada.
La otitis es una inflamación del oído que puede afectar a distintas partes del conducto auditivo. Además del picor y el dolor, puede provocar mal olor, enrojecimiento, secreciones y movimientos frecuentes de cabeza. Las orejas caídas, la humedad, los parásitos y las alergias pueden favorecer su aparición.
Por eso, si el peludo vuelve a tener problemas de oído, lo adecuado es acudir al veterinario. La limpieza debe adaptarse a cada animal y no conviene introducir bastoncillos ni aplicar productos sin asesoramiento profesional. Asimismo, los eccemas húmedos también merecen atención, ya que el picor y el rascado pueden agravar las lesiones.
Peso, articulaciones y ojos: otras señales que no hay que pasar por alto
Alba Pérez también pone el foco en el peso. Los golden retriever pueden tener predisposición al sobrepeso, influido por factores como la genética, la edad, la esterilización y la actividad física. Más allá de la báscula, observar la silueta y comprobar que las costillas se palpan sin una capa excesiva de grasa ayuda a valorar la condición corporal.
El exceso de peso añade carga a las articulaciones, una cuestión relevante en una raza predispuesta a la displasia de cadera y de codo. No siempre aparece una cojera evidente: a veces, las primeras señales son la rigidez al levantarse, pocas ganas de correr o las dificultades para subir al coche. Mantener una condición corporal adecuada y consultar ante cambios de movilidad ayuda a detectar problemas antes de que avancen.
La veterinaria también recuerda la importancia de individualizar las decisiones sobre la castración. En algunos perros, la gonadectomía temprana se ha asociado con un mayor riesgo de determinados problemas articulares, y después de la intervención puede aumentar la tendencia a ganar peso.
Los ojos son otro punto de atención. La uveítis pigmentaria, descrita especialmente en golden retriever, puede provocar cambios en el iris e inflamación dentro del ojo y, en casos avanzados, glaucoma y pérdida de visión. Las revisiones oftalmológicas periódicas permiten detectar alteraciones aunque el perro no muestre señales evidentes.
Cuándo acudir al veterinario
Pérez menciona asimismo la importancia de vigilar la aparición de bultos, ya que esta raza presenta predisposición a tumores como el hemangiosarcoma y el linfoma. No es posible determinar si una masa es benigna o maligna solo por su tamaño o consistencia: el veterinario puede recomendar una punción con aguja fina para orientar el diagnóstico.
La clave está en observar los cambios y no esperar a que sean muy evidentes. Un síntoma aislado no siempre indica una enfermedad, pero su persistencia o repetición merece una valoración profesional.