Pilar García de la Granja se ha desplazado hasta La Guaira (Venezuela), la zona cero de los devastadores terremotos. Allí, el brigada de la Unidad Militar de Emergencias (UME) Alberto Vázquez le ha detallado la labor de su equipo, que llegó el pasado día 26 procedente de Madrid. Su misión es clara y directa: "Buscar vidas".
El escenario que encontraron al llegar es desolador. "Grandes torres que ya no eran torres", relata Vázquez, describiendo edificios de 14 plantas que han quedado reducidos a un "amasijo de hormigón y hierros" de apenas dos o tres pisos de altura. "Imponía mucho ver que eran como peldaños", añade, refiriéndose a los restos de las plantas desplomadas.
El milagro de encontrar supervivientesLa búsqueda de vida comienza a raíz de avisos del centro de coordinación internacional (Inzaraj) o de los propios vecinos. "Atendemos a todos los avisos que nos llegan", asegura el brigada. El primer paso es siempre "lanzar el equipo cinológico", ya que el perro proporciona el primer aviso crucial sobre la posible presencia de una persona.
Si la señal del perro es positiva, entran en acción los equipos de búsqueda técnica con geófonos, unos micrófonos de alta sensibilidad que amplifican cualquier sonido. "Si puede oírnos, golpee, grite o arañe", piden a las posibles víctimas. Una vez localizada la persona, comienza un trabajo técnico complejo y meticuloso con herramientas específicas para abrirse paso hasta ella.
"No hay mayor alegría que poder llegar, y casi cuando establecemos ya primero un contacto verbal, ya es una alegría, y que nos respondan", confiesa Vázquez. La emoción es inmensa: "Es que ahora ya está, ya lo tenemos, ya hablamos con él".
Adelaida y Antonio, los rostros del milagroLa UME ha logrado rescatar a dos personas. Una de ellas es Adelaida, una mujer de más de 60 años que, desorientada por la deshidratación, llegó a preguntar a los rescatistas: "¿Me venís a robar las plantas?". Tras un complejo trabajo de cuatro horas, fue extraída y entregada a los servicios sanitarios.
El segundo rescatado es Antonio, cuyo caso se ha conocido a través de redes y televisiones. Sobrevivió tres días atrapado gracias a que tenía garrafas de agua. Su buen estado físico le permitió colaborar activamente en su propio rescate, que culminó en una "explosión de júbilo". Los rescatadores, emocionados, le decían: "Antonio, qué alegría de verte en persona, llevábamos horas hablando con él".
La esperanza, una semana despuésSiete días después del seísmo, la esperanza de encontrar más supervivientes es mínima, pero no inexistente. "Siempre la hay, aunque sea mínima. De ese pequeño hilo vamos a tirar", afirma el brigada. El equipo es consciente de que el tiempo corre en su contra debido al calor, la humedad y el riesgo de deshidratación.
Vázquez, con experiencia en otros seísmos como el de Marrakech, asegura no tener "una comparación con algo tan grande". La devastación se extiende por "kilómetros y kilómetros de costa" y ha llegado a afectar incluso a Caracas. A pesar de todo, el equipo se siente arropado: "Sabemos que están todos los españoles detrás, empujándonos y dándonos fuerza".
Este texto ha sido elaborado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.