Durante años, el objetivo de los 10.000 pasos diarios se convirtió en el estándar para cuidar la salud. Relojes inteligentes y aplicaciones reforzaron esta idea, hasta el punto de que muchas personas miden su actividad casi exclusivamente por el número total de pasos. Sin embargo, un estudio científico reciente plantea un enfoque distinto: no solo importa cuánto caminamos, sino cómo y durante cuánto tiempo lo hacemos.