Incorporar alimentos aptos como el huevo, el yogur natural o algunas frutas y verduras puede aportar variedad a la dieta de los peludos, aunque estos pequeños extras deben adaptarse a sus necesidades
La alimentación es uno de los pilares del cuidado de los perros. Elegir una dieta adecuada permite cubrir sus necesidades nutricionales, pero también hay pequeños gestos que pueden enriquecer sus comidas y hacer que la experiencia de alimentarse sea más estimulante. Eso sí, no todo lo que comemos los humanos es apropiado para ellos y conviene conocer qué alimentos pueden ofrecerse con seguridad.
El adiestrador canino Juan Manuel Liquindoli propone introducir cambios sencillos, sin necesidad de transformar por completo la dieta del peludo. Entre sus recomendaciones destaca el huevo, un alimento económico que aporta proteínas de alto valor biológico, grasas, vitaminas y minerales. La clave está en utilizarlo como complemento y tener en cuenta las características de cada perro.
El huevo, una opción nutritiva para complementar su dieta
Los perros pueden comer huevo y aprovechar sus nutrientes. Este alimento contiene aminoácidos esenciales, vitaminas como la A, D y E, y minerales como el hierro, el fósforo y el selenio. Además, sus proteínas contribuyen al mantenimiento de los tejidos y pueden formar parte de una alimentación variada.
Sin embargo, que sea un alimento nutritivo no significa que deba ofrecerse sin medida. La cantidad dependerá del tamaño del perro, su nivel de actividad y el resto de su dieta. Los animales con sobrepeso, alergias alimentarias o determinados problemas gastrointestinales pueden necesitar pautas específicas, por lo que conviene consultar con el veterinario antes de introducir cambios relevantes.
La forma de preparación también importa. Aunque el huevo crudo se utiliza en algunas dietas para perros, puede presentar riesgos microbiológicos, como la contaminación por salmonela. Además, la clara cruda contiene avidina, una proteína que dificulta la absorción de biotina si se consume en cantidades elevadas de forma habitual. Por eso, ofrecerlo cocinado, sin sal ni condimentos y con muy poco aceite, es una buena alternativa.
Yogur, frutas y verduras: más variedad a la hora de comerLiquindoli recuerda que los perros son carnívoros facultativos: la proteína animal ocupa un lugar central en su alimentación, pero pueden incorporar otros alimentos aptos que aporten variedad y nuevas experiencias. Entre las opciones que menciona está el yogur natural o griego sin azúcar, que puede utilizarse como untable en una bandeja para lamer.

Esta forma de presentar la comida añade una actividad que estimula al animal y puede favorecer la relajación. No obstante, algunos perros toleran mal la lactosa, por lo que es importante observar cómo les sienta y evitar productos con azúcar añadido o edulcorantes peligrosos, como el xilitol.
También pueden incorporarse pequeñas cantidades de frutas y verduras adecuadas para peludos, que aportan agua, fibra y otros nutrientes. Hay que elegirlas con cuidado, ya que alimentos como las uvas o las pasas son tóxicos para ellos. Liquindoli propone, además, sustituir algunos snacks ultraprocesados por mordedores deshidratados a baja temperatura, siempre que sean seguros y apropiados para el animal.
Pequeños cambios sin perder de vista su saludLa variedad puede resultar beneficiosa, pero no debe convertirse en una sucesión de añadidos que desequilibren la dieta. Los extras y premios han de representar una parte limitada de la alimentación diaria, mientras que la base debe seguir siendo un alimento completo adaptado a la edad, el tamaño y las necesidades del perro.
Además, si un animal empieza a rechazar su comida habitual, añadir huevo u otros ingredientes no siempre resolverá el problema. Los cambios de rutina, el calor o las preferencias por determinados sabores pueden influir en el apetito, pero también existen causas médicas. Si la falta de apetito persiste o aparece junto a vómitos, diarrea, apatía u otros síntomas, es importante consultar con el veterinario.

Como recuerda Liquindoli, mejorar la alimentación no exige cambiarlo todo de golpe. Pequeños ajustes, bien elegidos y fáciles de mantener, pueden enriquecer la experiencia del peludo sin comprometer su equilibrio nutricional.