Los encuentros durante los paseos incluyen acercamientos laterales y movimientos del hocico hacia la zona posterior del cuerpo, donde los ejemplares buscan señales que facilitan su reconocimiento
La correa, una herramienta clave para comunicarse con el perro durante el paseo, puede convertirse en un impedimento cuando dos animales intentan acercarse para saludarse. Uno estira el cuello, el otro se coloca de lado y ambos buscan aproximar el hocico a la parte trasera de su compañero. Este comportamiento, que puede resultar curioso a ojos humanos, cumple una función importante en la comunicación canina: olfatearse esa zona les permite obtener información sobre el otro. No es, sin embargo, la única forma que tienen de interactuar, ya que también recurren a la postura corporal y a otros movimientos.
Especie de análisisUn encuentro breve permite explorar numerosos olores corporalesEl adiestrador canino Román Urrutia explica que esa costumbre responde a una capacidad olfativa que los humanos no poseen de la misma manera. Durante el saludo, el perro obtiene información sobre el animal que tiene delante mediante sus olores corporales. Esto también ocurre cuando huelen las partes íntimas de las personas.

Para explicar la cantidad de información que puede obtenerse mediante ese contacto, Urrutia recurre a una comparación. El adiestrador afirma que “es un escaneo con rayos X, perfil bioquímico y análisis psicológico integrado”. Con esa imagen describe cómo un saludo breve de unos pocos segundos puede aportar señales sobre características corporales y estados del otro animal.
Otra comparación del especialista traslada ese reconocimiento al lenguaje de las redes sociales y a la rapidez de la inspección. Urrutia señala que el perro está “escroleando el perfil del otro perro”, algo similar a lo que suele hacerse con otras personas cuando se las quiere conocer un poco más.
Esa zona concentra olores procedentes de distintas secreciones, entre ellas las de las glándulas anales, situadas junto al ano. El contacto del hocico permite percibir esas sustancias y explica por qué el saludo puede centrarse en una parte del cuerpo que las personas normalmente evitan.
ComunicaciónLos olores pueden revelar características corporales y emocionalesEntre las señales que Urrutia atribuye a esa exploración aparecen las relacionadas con la alimentación y determinados medicamentos. El adiestrador sostiene que el olor puede aportar pistas sobre lo que ha comido otro perro y sobre si está recibiendo algún tratamiento.
La salud también figura entre los aspectos que menciona Urrutia al describir lo que un perro puede percibir mediante el olfato. Los olores pueden ofrecer indicios sobre si otro ejemplar está enfermo o se encuentra sano, algo que también puede ocurrir en el caso de que el sujeto al que huelen sea un humano. El especialista incluye además el estrés y el miedo entre los estados que pueden dejar señales perceptibles durante el saludo.

El sexo y la edad son otras dos características que el adiestrador relaciona con esa capacidad de reconocimiento entre animales. También menciona el estado hormonal y reproductivo, que puede aportar información durante la inspección. Estas señales ayudan a explicar por qué los perros recurren al olfato al encontrarse y por qué prestan especial atención a la parte trasera del cuerpo.
Urrutia señala el órgano vomeronasal, también conocido como órgano de Jacobson, como una pieza clave en la capacidad de los perros para detectar determinadas señales químicas. Integrado en su sistema olfativo, este órgano les permite captar información que va más allá de los olores que percibimos las personas.
Según explica el adiestrador, esta estructura interviene en la detección de señales químicas que aportan información sobre otros individuos. De este modo, el olfateo constituye una vía de reconocimiento y comunicación mucho más compleja de lo que puede parecer a simple vista.