Detrás de estas peticiones de comida hay hábitos que se forman en casa y pequeñas diferencias en nuestra manera de responder a los animales que pueden explicar su insistencia
Hay perros que se sientan junto a una persona mientras come y apenas prestan atención a los demás. Algunos gatos hacen algo parecido: maúllan insistentemente cuando aparece determinado miembro de la familia, pero cambian de actitud cuando llega otro. En muchos hogares, quien acaba compartiendo un bocado suele ser siempre el mismo.
Estas diferencias aparecen reflejadas en un estudio publicado el 12 de octubre de 2026 en la revista Frontiers in Veterinary Science. La investigación, dirigida por Rachel H. Lumbis, de la Universidad de Glasgow, analizó las experiencias de 17 adultos británicos responsables de alimentar tanto a niños menores de 11 años como a perros o gatos. Sus testimonios ofrecen pistas sobre cómo los animales pueden adaptar sus peticiones a la respuesta de cada persona.
Los perros y gatos aprenden quién suele cederUno de los testimonios más reveladores procede de una mujer que reconoció que sus gatos insistían mucho más con su pareja. Según explicó, él terminaba cediendo y dándoles comida, mientras que ella era más estricta. La participante consideraba que, si dependiera únicamente de ella, probablemente recibirían cantidades menores.

Otra mujer describió diferencias al servir las raciones de su perro. Mientras ella procuraba medir el alimento, su marido calculaba las cantidades a ojo y solía llenar más el recipiente. Estas situaciones llevaron a los investigadores a plantear que los animales pueden modificar sus conductas de búsqueda de comida según la persona con la que interactúan.
El estudio recoge las percepciones de los cuidadores, pero no demuestra experimentalmente que los animales identifiquen a quien les dará más comida. Sin embargo, esta interpretación resulta compatible con los mecanismos conocidos del aprendizaje animal.
Por qué siguen insistiendo aunque ya hayan comidoLa explicación puede encontrarse en el refuerzo positivo, un proceso de aprendizaje por el que una conducta tiende a repetirse cuando produce una consecuencia agradable. Si un perro recibe comida después de acercarse a la mesa o un gato consigue un premio tras maullar, ambos pueden aprender que insistir funciona.
Los especialistas de VCA Animal Hospitals explican que ofrecer comida para detener una conducta insistente puede reforzarla involuntariamente. Incluso cuando la recompensa llega solo algunas veces, el animal puede seguir intentándolo.
La investigación recoge también el caso de una mujer que sospechaba que su gato había aprendido en qué zonas de la casa conseguía una respuesta más rápida a sus maullidos. Es una observación interesante, aunque no permite afirmar que el animal planifique deliberadamente cómo conseguir comida.
El cariño también influye en las cantidadesLas entrevistas mostraron que alimentar a los animales no responde únicamente a criterios nutricionales. Algunos participantes reconocieron que ofrecían premios para demostrar afecto, compartir momentos familiares o conseguir que el perro o gato dejara de reclamar atención.
En ocasiones, estas decisiones acababan generando problemas. Varios cuidadores admitieron dificultades para calcular las raciones adecuadas y sentimientos de culpa cuando sus animales aumentaban de peso. Una participante explicó que había tenido que controlar estrictamente la alimentación de su perra después de una etapa de sobrepeso.

Los investigadores también observaron que las comidas infantiles implicaban más negociación sobre gustos y preferencias, mientras que la alimentación de perros y gatos dependía principalmente de las rutinas de los adultos. No obstante, sus peticiones podían modificar esas decisiones.
Los autores advierten de que se trata de un estudio cualitativo con una muestra pequeña, por lo que sus resultados no pueden generalizarse a todos los hogares.
Cómo evitar que pedir comida se convierta en una costumbrePara reducir estas conductas resulta conveniente que todos los miembros de la familia acuerden las raciones y los horarios. Si una persona mantiene las cantidades establecidas mientras otra ofrece comida adicional constantemente, será más difícil mantener una rutina coherente.
La Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA) recomienda adaptar la alimentación a las necesidades de cada animal y controlar los premios, que no deberían superar el 10 % de las calorías diarias.
También pueden utilizarse juegos, juguetes interactivos o momentos de atención para responder a determinadas peticiones sin recurrir siempre a la comida. Si el apetito cambia bruscamente, conviene consultar al veterinario antes de atribuirlo a un hábito.
Y cuando un perro o gato insiste especialmente con alguien de casa, merece la pena observar qué ocurre después: quizá haya aprendido que esa persona tiene más probabilidades de ceder.