16/10/2026 Actualizado a las 16:34h.
Llegó el momento de decir adiós. Una despedida emotiva. La Despensa de Órgiva ha cerrado sus puertas debido a la jubilación de su propietario Agustín Segundo Fernández Marques, nacido en Órgiva hace casi 65 años. Durante 42 años él y su esposa, María Dolores, han estado atendiendo a generaciones de familias de La Alpujarra ofreciendo excelentes productos y también mucha profesionalidad, cercanía y confianza.
El Ayuntamiento de Órgiva, presidido por Raúl Orellana, los ha felicitado y le ha deseado lo mejor ante el inicio de su nueva etapa en el anejo de Tablones, donde reside este matrimonio. En el mundo del emprendimiento, el camino suele estar lleno de retos, y es precisamente ese trabajo y sacrificio lo que le permitió a Agustín Segundo y María Dolores consolidar un proyecto y hacerlo crecer.
El padre de Agustín Segundo se llamaba Agustín Segundo (nacido en Lobras) y su madre Josefa Martín (nacida en Órgiva). Agustín Segundo tiene un hermano, Manolo, y una hermana llamada Maite. Agustín Segundo estudió primero en el CEIP San José de Calasanz de Órgiva y después en el Instituto de Enseñanza Secundaria La Alpujarra. El padre de Agustín Segundo fue distribuidor mayorista de alimentación en La Alpujarra. Fue uno de los primeros que hubo en la zona. Trabajó con Almacenes Blasco y después con por su cuenta. Después montó una tienda de comestibles y, posteriormente, una carnicería. Agustín Segundo ayudó mucho a su familia. El servicio militar lo realizó en San Fernando (Cádiz), en el Ferrol del Caudillo Galicia) y de chofer del Almirante de la Comandancia de Marina (Cádiz), don Miguel Ramina.
Agustín Segundo trabajó en la finca y en la tienda situada en la Calle Jesús y María de Órgiva de sus progenitores. Después de la mili se casó con María Vílchez, de Órgiva. Este matrimonio tiene dos hijos y una hija: Aarón, Agustín y Rocío. Agustín Segundo y María tienen un nieto y una nieta y otro que tendrán pronto. La primera carnicería la montó Agustín Segundo en el Mercado de Abastos Municipal de Órgiva estando soltero. En Tablones instaló el obrador, un secadero de jamones y una tienda de comestibles. Por la mañana trabajaba en el mercado y por la tarde en su comercio de Tablones.
BautizoCuando comenzaron las obras de mejora del Mercado, Agustín Segundo y su esposa, montaron una tienda en otro cercano y céntrico lugar bautizada con el nombre de La Despensa de Órgiva y en este lugar han estado 26 años. En total Agustín y María Dolores han estado al frente de sus negocios durante 42 años. A Agustín Segundo le encantan los libros de historia y el senderismo. Agustín segundo fue delegado en La Alpujarra de ventas de Cárnicas Pastor, de Cieza (Múrcia). Cada semana recorría la comarca dos veces para realizar los pedidos. Hace 14 años Agustín Segundo y María Dolores visitaron el Árbol de Gernika, situado en los jardines exteriores de la Casa de Juntas de Gernika, en la localidad vizcaína de Gernika-Lumo (País Vasco), y como había unas bellotas en el suelo, Agustín Segundo recogió varias de ellas y las plantó en el jardín de su casa de Tablones, situada en la Calle Romero, y ya puede presumir de tener un roble precioso que también simboliza las libertades y las tradiciones del País Vasco.
Aarón, hijo de Agustín y María Dolores, va a montar una taberna de tipo tradicional porque no existe ningún bar ni restaurante en Tablones, que posee unos 200 habitantes censados y otros tantos flotantes, y precisa un lugar para tomar algo y para que sirva como punto de encuentro y un remedio para la soledad en muchos casos. En esta taberna trabajará también María Dolores porque le faltan cinco años de cotización para poder jubilarse. También, Aarón tiene un negocio de publicidad, Alpupres que ofrece y realiza letreros luminosos, ropa, rotulación de vehículos, etcétera. La taberna de esta familia abrirá sus puertas en diciembre.
VacíoEl cierre de La Despensa de Órgiva, por jubilación de su dueño, ha dejado un vacío profundo en la vida y el corazón del pueblo. Fue un punto de encuentro diario donde enterarse de las novedades del pueblo y charlar con los vecinos que se acercaban a comprar era frecuente. Sus propietarios conocían los gustos de cada cliente. El trato era personalizado. Esa cercanía era una de las grandes señas de identidad de este comercio de proximidad: el tendero y la tendera conocían los nombres, sabían lo que solían comprar, a sus clientes les preguntaban por su familia y a veces fiaban si algún día se le habían olvidado la cartera.