Roberto, su dueño, baja la persiana de un rincón imprescindible de Sevilla tras casi dos décadas al frente del negocio
Los bares junto a la Velá de Triana y las casetas podrán abrir hasta las 04:00 horas
El bar Er Tito, uno de esos pequeños establecimientos que forman parte de la memoria cotidiana de Sevilla, ha cerrado sus puertas después de 18 años de historia. Su dueño, Roberto Cacciari, decidió bajar definitivamente la persiana el pasado miércoles 24 de junio por motivos personales, una decisión muy meditada que sorprendió a muchos de sus clientes habituales, que no esperaban el final de una esquina tan reconocida por sus desayunos y sus famosas tostadas.
Situado en la calle José Gestoso número 11, en pleno centro histórico de Sevilla, Er Tito se encontraba a escasos metros de las Setas de la Encarnación. Su ubicación, en una zona de paso entre vecinos, comerciantes y visitantes, convirtió al establecimiento en un punto de encuentro para quienes buscaban un desayuno tradicional lejos de las prisas.
Desde su apertura en 2008, Er Tito se convirtió en una parada obligada para quienes buscaban una tostada con sabor tradicional, un café servido con cercanía y el ambiente de una tasca de barrio donde la relación entre el dueño y los clientes era parte fundamental de la experiencia. Sus tostadas de carne mechada y otras especialidades habían hecho que el local ganara fama más allá de sus propios vecinos.
Una de las famosas tostadas de carne mechada de Er Tito, uno de los desayunos más recordados por los clientes de esta pequeña tasca sevillana
/ Cosas de Comé
Roberto explica que el cierre no se debe a problemas económicos ni a una falta de clientes. De hecho, asegura que el bar funcionaba bien y que la decisión ha estado motivada principalmente por razones personales. "He sido muy feliz en estos 18 años en Er Tito, he disfrutado trabajando y he querido mucho esta pequeña tasca", cuenta.
El último día de apertura estuvo marcado por la sorpresa de muchos clientes, que acudían al establecimiento sin imaginar que sería la última vez que podrían sentarse en esa barra. Roberto reconoce que muchas personas no daban crédito a la noticia al principio, aunque después de hablar con ellas comprendió que entendían una decisión que había sido meditada y difícil.
Lejos de buscar una despedida multitudinaria, el propietario eligió marcharse con discreción, cerrando una etapa que le ha dejado numerosos recuerdos y el cariño de quienes durante años compartieron desayunos, conversaciones y momentos en Er Tito.
Ahora queda la esperanza de que alguien recoja el testigo y mantenga vivo el espíritu de esa esquina sevillana. Roberto lo tiene claro: "Espero que llegue alguien con la misma ilusión y la misma fuerza que tenía yo. La esquina se lo merece".
Con su cierre desaparece un pequeño gran referente de la hostelería sevillana, pero permanece el recuerdo de un bar que durante casi dos décadas supo ganarse un lugar en la rutina y en el corazón de sus clientes.
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