Hay corredores que esperan a que salga el sol para volver a la montaña. Otros aprovechan precisamente los días posteriores a la lluvia para encontrar un paisaje diferente. Pero el terreno mojado tiene sus propias reglas. Una piedra que en seco apenas requiere atención puede convertirse en una superficie resbaladiza. Una raíz cubierta por hojas puede desaparecer completamente bajo los pies y un tramo de barro puede obligar a modificar el ritmo.