Correr por montaña bajo la lluvia no tiene por qué significar cancelar el entrenamiento. Pero tampoco consiste simplemente en ponerse un chubasquero y salir a hacer el mismo recorrido que se haría con terreno seco. El agua cambia por completo las condiciones del sendero. Las piedras pierden agarre, las raíces pueden convertirse en pequeños obstáculos, el barro modifica la pisada y la visibilidad puede empeorar rápidamente.