David Álvarez, uno de los supervivientes, denuncia la falta de seguridad, de ventilación y de comunicación en el interior de la mina
31/03/2026 a las 08:25h.
El dolor que dejó la mina hace justo 365 días en la provincia de León no se borrará nunca de la memoria de los trabajadores de Cerredo, ni de la comarca de Laciana, ni de toda la provincia. El 31 de marzo de 2025, poco después de entrar al tajo en la mina asturiana del concejo de Degaña, una fuerte explosión de grisú provocó la muerte de cinco mineros leoneses y dejó heridos a otros nueve. Jorge Carro, Rubén Robla, Amadeo Bernabé, Ibán Radio y David Álvarez fueron quienes perdieron la vida en una trágica jornada. Enrique Álvarez, Abel García, Sergio Fernández y David Álvarez salieron «milagrosamente» de la mina, pero las secuelas físicas y psicológicas serán muy difíciles —en algunos casos imposibles— de borrar.
Las primeras noticias que llegaron ese día aseguraban que había tenido lugar un accidente a las 09:32 horas en la mina de Cerredo. Posteriormente, se confirmó que se había producido un problema con una máquina y que varias personas habían resultado heridas en el incidente. Unos datos, no del todo ciertos, que han quedado matizados con el informe de la Guardia Civil, ya que el accidente tuvo lugar en torno a las 8:45 horas de esa misma mañana, pero la falta de comunicación con el exterior impidió que el aviso llegase antes. Dos de los supervivientes tuvieron que salir al exterior por su propio pie —con heridas de consideración— para bajar, cerca de un kilómetro, al taller de la explotación minera y desde ahí dar aviso a los compañeros y al 112, Servicio de Emergencias que registró la llamada a las 9:32 horas.
Un año después del trágico suceso, David Álvarez —uno de los mineros que salió por su propio pie— rompe su silencio en una entrevista en exclusiva con El Comercio. Lo hace en Villablino, ante el monumento a los mineros. Le ha costado romper su silencio porque cada día sigue viviendo aquella «pesadilla», porque sigue siendo muy difícil recordar las caras de sus amigos que perdieron la vida: «Es algo que no me deja dormir, que me atormenta todos los días».
(P) — ¿Qué fue lo que ocurrió exactamente?
(R) — Veníamos de un fin de semana en el que no se trabajó. Y por norma general, si entras a una mina el lunes, tienes que mirar bien que las condiciones de seguridad estén dadas para poder entrar. Pero eso nunca se hacía. Hubo una explosión... Solo recuerdo como una gran bola de fuego, que se activó por una chispa al mover las máquinas o los vagones. El gas estaba condensado en el taller y a los que entraron primero a la mina no les pitó el aparato al principio porque el gas todavía no había bajado.

Y tras ello, el dolor. Cinco familias completamente destrozadas, otras cuatro que no volverán a ser las mismas. Dos municipios de luto permanente. Y una provincia que vuelve a llorarle a Santa Bárbara por sus muertos. «Hay mucha rabia, dolor, impotencia… Son muchos sentimientos», relata David Álvarez sobre la difícil situación que se vive hoy en día en Villablino, porque «la gente quedó como aturdida» después de un terrible accidente en el que perdieron la vida cinco mineros: «Y lo que quiere la gente es que esto nunca más vuelva a repetirse».
Sin medidas de seguridadÁlvarez explica en esta entrevista que el llamado 'efecto lunes' fue una de las causas de la explosión, pero sobre todo la falta de ventilación y de seguridad. Ni rastro de autorrescatadores dentro del material con el que trabajaban ni tampoco de walkie-talkie para las comunicaciones, ya que en el interior de una mina no se pueden utilizar dispositivos móviles comunes.
«Me levanto recordando sus caras y me acuesto recordando sus caras. Es una pesadilla»
David Álvarez
Minero
Pero para el joven minero «lo que más me atormenta son los amigos que perdí, más allá del dolor físico». En la comarca de Laciana todos se conocen y entre ellos mucho más: momentos compartidos, ilusiones, vidas similares y muchos ratos de confidencias en el interior de la mina. «Me levanto recordando sus caras y me acuesto recordando sus caras. Es una pesadilla», lamenta Álvarez.
Las palabras del minero en relación a la seguridad de la mina complementan los informes y otras pruebas presentadas ante instrucción en la causa abierta. La situación no era la adecuada en relación a la seguridad y, como ya se ha dicho, era lo más parecido a un «chamizo». Álvarez reconoce que «siempre tuve algo de miedo, pero estaba a gusto trabajando, tenía contrato indefinido. Confías en los aparatos que llevas encima y crees que nunca te pasará nada. Pero faltaban cosas: no había autorrescatadores ni walkies (equipos de comunicación al exterior) por ningún lado».
Un año después, el silencio en la mina de Cerredo ya no es de espera, sino de duelo perpetuo. León recuerda hoy a Jorge, Rubén, Amadeo, Ibán y David. Cinco nombres que son ya parte de la amarga historia del carbón, en una provincia que se resiste a olvidar a quienes nunca regresaron del tajo.