La flacidez en la cara interna de los brazos llega sin avisar. Un día saludas, te abrochas el sujetador o colocas una bandeja, y notas ese pequeño movimiento extra que antes no estaba allí. Con el paso del tiempo, la pérdida natural de masa muscular hace que el tríceps pierda tono y aparezcan las temidas alas de murciélago. Pero lejos de ser un destino inevitable, es una señal clara de que el cuerpo está cambiando y necesita nuevos estímulos.