La escritora y periodista acaba de publicar su novela
Un halcón bajo mi ventana
, una mirada a los movimientos políticos, estudiantiles y feministas que prendieron en México durante los años 60 contra la dictadura del PRI
Salvador Diánez: "No podemos
No es descabellado afirmar que el periodismo de investigación en lengua española tiene nombre de mujer: Lydia Cacho (Ciudad de México, 1963) ha vinculado a su oficio una profunda defensa de los derechos humanos que la ha llevado a denunciar los abusos de los que son víctimas mujeres y niños en distintos países. En su libro Los demonios del Edén, publicado en 2005, destapó los vínculos que compartían el narcotráfico, el poder político y la pederastia en México con resultados definitivos: Cacho logró la primera sentencia por tráfico sexual de niños y pornografía infantil en su país, pero las amenazas de muerte la condujeron al exilio. Hace siete años partió hacia España y obtuvo la nacionalidad española en 2021. Actualmente reside en Málaga. En su última novela, Un halcón bajo mi ventana (Lumen), revisa los movimientos políticos, estudiantiles y feministas que prendieron en México durante los años 60 a través de la mirada de Julieta, una joven de 14 años.
Pregunta.¿Cuánto hay de usted en Julieta, la protagonista de Un halcón bajo mi ventana?
Respuesta.Poco. Casi nada. Para empezar, cuando sucedieron los hechos narrados en la novela yo solo tenía cinco años. Pero, además, para imaginar a Julieta opté por una joven madura, bien organizada, serena, segura de sí. A su edad yo era mucho más inquieta. Digamos que Julieta es una especie de alter ego idealizado. Pero poco más.
P.¿Ni siquiera hay un despertar común a la conciencia política?
R.Sí, pero en esto Julieta puede representarte a mí, sino a muchas personas de distintas generaciones. De todas formas, te diría que Julieta se creó a sí mismo casi sin que yo me diera cuenta. Tiene mucho de mujeres a las que he tenido la suerte de conocer, pero al mismo tiempo es única y distinta.
P.¿Ha sido Un halcón bajo mi ventana su mejor manera de volver a México?
R.Sí. Al menos a un nivel emocional. Pero, justamente, quería volver a aquel México en el que mucha gente joven, con mucho talento, estaba dispuesta a poner su vida en juego para transformar el país. Ahora vivimos una época de incertidumbre, en la que no sabemos si la sociedad civil será capaz de retomar las riendas de la democracia, así que me apetecía recordar que ya hemos pasado por esto mismo y que la gente ha sido capaz de organizarse. Revisar el pasado ayuda a reflexionar sobre el presente.
P.¿Y qué valoración hace usted sobre el presente de México?
R.Me piden a menudo que haga esta valoración. Pero desde que salí de México me he negado a hacerla. Sobran opinadores. Debe ser otra gente, más joven, bien formada y más al tanto la que haga ese trabajo. Por eso, a la hora de escribir sobre México, lo he hecho atendiendo a su pasado.
P.Pero, ¿no es la nostalgia un juego peligroso?
R.No es una cuestión de nostalgia. Yo he decidido mirar al pasado, precisamente, porque a nivel personal estoy intentando reconstruir mi vida ahora, en el exilio, y con la edad que tengo.
P.¿Esa reconstrucción tiene que ver con la escritura?
R.Por supuesto. Mira, hay mucha gente que me pide todo el tiempo que vuelva a hacer periodismo de investigación. Que vuelva a abordar los temas que ya saqué a la luz. Pero tengo la impresión de que ya hice aquel trabajo, que conté lo que había que contar. Ya está. No quiero repetirme. Repetirse es un fraude, además de agotador. En lugar de eso, prefiero escribir novelas como Un halcón bajo mi ventana. Así puedo mirar a México de otra manera.
P.¿No hay un riesgo de idealización de aquellos años, que también tuvieron sus contradicciones?
R.Claro. Hay que preservar siempre una mirada crítica. Lo que pasa es que yo crecí bajo una fascinación por lo que fueron los movimientos políticos y feministas de los años 60. Y esa fascinación ha perdurado. Cuando vienen los woke y esta gente que parece haberlo inventado todo ahora me gusta recordarles que en los 60 ya se practicaba el poliamor, se celebraba la diversidad y se rehuían las etiquetas sin necesidad de tantos discursos.
"Yo juzgo a la gente que fue progresista y ahora está vendida al tecnocapitalismo sin haber soltado la bandera de la izquierda"
P.Pero después de aquellos años llegó la decepción que condujo a la desconfianza actual.
R.En el proceso de revisión de esta novela me di cuenta de algo: yo había dirigido mi mirada a aquellos años para intentar entender en qué momento posterior se fastidió todo. Es decir, si la historia que siguió pudo haber sido distinta. Y entendí que preguntarse por esto significa buscar una determinada inocencia que, en el fondo, todavía mantenemos, que no ha llegado a corromperse. Hay mucha decepción entre quienes nos consideramos de izquierda, claro, pero me parece importante que podamos decir que hemos mantenido la inocencia hasta hoy. Que los partidos han podido convertirse en empresas transnacionales, pero nosotros no nos hemos corrompido. Yo, desde luego, no renuncio a los viejos sueños revolucionarios.
P.¿Qué pensaría Julieta si viviera en este 2026, a sus más de setenta años?
R.Me gusta imaginarla como una rebelde. Como una mujer leal que animaría a sus compañeros a no ceder ante los encantos del poder político.
P.¿La comprendería si se sintiera agotada?
R.Por supuesto. Mucha gente lo está. Y no juzgo eso. Lo que sí juzgo, aunque no debería, es a la gente que fue progresista, que se la jugó en las marchas y todo aquello y ahora está vendida al tecnocapitalismo sin haber soltado la bandera de la izquierda. Si eres un liberal apegado al dinero, lo mínimo es que seas honesto.
P.La presentación de este libro en México significó su primera oportunidad de regresar desde que abandonó el país. ¿Qué se trajo de allí?
R.Muy buenas sensaciones. Por una parte, vi a mucha gente joven con ganas de cambiar las cosas. Y, por otra, en los mayores que vivieron esa época, la de los años 60, vi un debate abierto sobre por qué no se tuvo en cuenta a las mujeres en aquellos movimientos sociales y políticos. Muchos lamentan ahora que no se las escuchara. Y esto para mí es un gran avance. Aquella rebelión trajo la educación pública, laica y gratuita, entre otros muchos logros. México fue un faro para toda América Latina. Pero no se escuchó a las mujeres feministas ni se documentaron sus aportaciones a los movimientos estudiantiles. Solo hablaban los hombres. Hay un trabajo pendiente que hacer ahí. Es hora de que las mujeres cuenten su historia.
P.¿Puede usted regresar a México con normalidad?
R.No. Aquella presentación fue posible gracias al empeño de mi editorial. La Interpol lo desaconsejó, pero aun así siguieron adelante y costearon toda la seguridad. Yo no podría haber hecho frente a esto. Tuve el mismo dispositivo de seguridad que Salman Rushdie. Estuve allí una semana y no paré de llorar. Parecía que estos siete años no habían pasado. Pero el gobernador sigue pendiente de sentencia y yo sigo siendo objeto de amenazas. De modo que no, no me es posible volver como me gustaría.
P.¿A qué tiene miedo?
R.A que mi gente me olvide.
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