La escritora gallega publica 'La cámara de las maravillas', protagonizada por un ladrón de guante blanco
"La ficción actual sólo quiere personajes jóvenes y guapos"
María Oruña (Vigo, 1976) es uno de los referentes de la novela negra en España. Es especialmente reconocida por la rigurosidad histórica, forense y científica de sus obras. Desde que inició su carrera con Puerto Escondido, sus trabajos han sido traducidos a una decena de idiomas y sus ventas superan el millón de ejemplares. Acaba de publicar La cámara de las maravillas (Plaza y Janés), novela en la que conviven el robo, la traición y el asesinato.
Pregunta.¿Por qué nos atrae tanto la combinación de crimen y arte?
Respuesta.Más bien creo que nos atrae la idea del ladrón de guante blanco. Es una premisa en la que la astucia y la inteligencia tienen que brillar. Eso sí que nos supone un reto también de ingenio, y quizás eso nos estimula. El mundo del arte tiene tantas sombras e implica tantas escalas sociales que también puede ser interesante.
P.Crea usted un personaje que parece inspirado en Arsenio Lupin, ¿corre el riesgo de sentir empatía con un ladrón?.
R.Realmente el Lupin que creó Maurice Leblanc a mí me parece bastante tramposo. De repente se disfraza de manera inverosímil o saca no sé qué de la chistera. Introduje una cita de él al comienzo del libro para mostrar que es un juego de ese tipo, pero yo quería hacerlo diferente. En cuanto a por qué nos atrae este ladrón y no lo rechazamos, diría que se nos antoja como un canalla simpático. No comete ningún delito de sangre y a quien roba, por lo general, sigue siendo rico. Nunca ejerce la violencia, nadie lo ve entrar ni salir. Este ladrón ataca a la jerarquía social y cultural, sin perjudicarla demasiado. Y a los que estamos en la base de la pirámide social nos hace gracia.
P.¿Está inspirado en algún personaje real?
R.Está inspirado en muchos personajes reales, pero ninguno de los que yo conocí o estudié en la vida real tiene el patrón de ladrón de guante blanco. Eric el Belga me llamó mucho la atención más como artista que como ladrón o falsificador, porque realmente llegaba a un nivel místico a la hora de crear. De Elmyr de Hory, que era un falsificador húngaro que falleció en Ibiza, me llamó mucho la atención su trabajo y también su inseguridad, ese quiero y no puedo de triunfar por sí mismo y no copiando a otros, a los que los copiaba de maravilla. Y también está el hombre araña francés, que iba por los tejados y al final lo pillaron por su propio narcisismo. Necesitaba que alguien se diera cuenta de era él y lo contaba a todos en los bares.
P.Hábleme de las cámaras de las maravillas, ¿se les puede considerar los precedentes de los museos?
R.Los gabinetes de curiosidades fueron muy famosos en los siglos XVI, XVII e incluso XVIII. Los grandes exploradores del mundo de pronto venían con elementos científicos, animales exóticos, instrumentos musicales, libros o incunables... Eran como cámaras del conocimiento. Aunaban culturas y son el predecesor de los museos universales actuales. Eran codiciados y generaban gran expectación entre la nobleza y los burgueses, que solían tener este tipo de habitaciones.
P.Y, si usted pudiera tener una cámara de las maravillas, ¿qué objeto guardaría ahí?
R.Caray, yo no tengo claro que los guardase en una cámara cerrada para mí. Sí creo que lo original de un lugar debe estar en ese lugar. Yo creo que tendría más bien un sitio lleno de libros, y con vistas al mar, si puede ser.
P.Y si dentro de cien años tuviéramos la ocasión de encontrarnos con una cámara de las maravillas de la época actual, ¿encontraríamos un teléfono móvil, quizás?
R.Posiblemente encontraríamos cosas muy curiosas. Toda esta acumulación de conocimiento nos llama mucho la atención porque funcionan como espejos de cada época y al final nos revela que no cambiamos tanto y que todo lo que sigue moviéndonos es inmutable. El amor, el desamor, la rabia, la ambición, la venganza, todo está en los cuadros, en las esculturas y en la historia de los objetos.
P.Usted se ha convertido en un referente de la novela negra, ¿cómo se puede destacar en un género tan saturado?
R.Cada uno tiene que ser honesto consigo mismo y jamás escribir con criterios comerciales. Tienes que tener muy claro qué quieres y qué no, si quieres hacer una carrera como escritor o escritora. Quizás hay una pérdida de objetivo claro y de concepto del éxito, en tanto en cuanto la gente busca ese boom y vender muchos libros. Lo que hay que codiciar es escribir una buena historia. Pero no solo una buena historia que funcione esta temporada en las librerías, sino una buena historia que sea atemporal y que sea buena ahora, dentro de cincuenta años y dentro de cien. Algo con una buena trama, una musicalidad adecuada, un lenguaje increíble y unos giros maravillosos, que alguien pueda recomendar dentro de un siglo, igual que hoy leemos a Jane Austen y a otros autores.
P.¿Qué le diría usted a la María Oruña de 2015, año en que publicó Puerto Escondido, después de toda esta trayectoria?
R.Le daría el consejo que creo que hay que darle a cualquier escritor. A mí esto ya me pilló mayor, con la cabeza un poco asentada. Pero hay tres palabras fundamentales para cualquier escritor: céntrate en escribir. Eso es lo que tienes que hacer. Olvídate de los fuegos artificiales, de si estás en la lista de los más vendidos o no. Busca una buena historia y eso es lo que tienes que hacer, trabajar mucho, leer mucho y y darle duro.
P.¿Qué está leyendo ahora?
R.Estoy leyendo un ensayo que no puedo decir de qué es porque daría una pista sobre mi nuevo proyecto. En la mesilla de mi casa, cuando vuelva en algún momento de esta promoción, el libro que he empezado es el último de Isabel Allende, La palabra mágica, en la que cuenta su experiencia en el mundo de la escritura. Y tengo otro mogollón esperando en la pila.