Vox decidió reservarse los aplausos para el final y optó por mantener silencio durante el discurso inicial de Mañueco
09/06/2026 Actualizado a las 17:41h.
La familia del novio no aplaudió. Y mira que la novia hizo lo posible por agradarles. Arremetió contra Pedro Sánchez, pronunció «prioridad nacional», aunque fuera para matizarlo, volvió a arremeter contra Sánchez, y luego otra vez, y otra... No hubo manera. Por más que el Candidato a la Investidura Mañueco trató de tocar la fibra sensible con sus votos, en la bancada de Vox no le regalaron ni un plas, plas.
«Cuando sea ya presidente», aseguraba uno de ellos en el receso para comer. Vamos, a las ocho de la tarde, después de entregarle el «sí, quiero» con sus 14 votos, que sumados a los 33 del PP hacen un total de 47. «Hoy decidimos aquí entre dos modelos de comunidad», dijo Carlos Martínez (PSOE). Pues no. Eso fue el 15 de marzo. Luego vino el cortejo.
Según la crónica que publica El Norte, este martes se celebraba la boda por lo civil. Es la tercera de Alfonso Fernández Mañueco, todas ellas matrimonios de conveniencia. Si en la Bolsa «rentabilidades pasadas no garantizan rendimientos futuros», quizá en política rupturas pasadas no supongan necesariamente rupturas futuras. En la tribuna de invitados estaba uno de sus ex, Francisco Igea, que quería comprobar dónde acababa eso de la «prioridad nacional» cuando lo planteara Vox en la tribuna. No acudió Juan García-Gallardo, que salió mal con Mañueco y también con su propia familia política, Vox, con quien ha tenido sus cuitas durante la campaña.
Abajo, en el hemiciclo, había una bancada azul, la del Ejecutivo, comprimida, como en formato zip. Rocío Lucas y Leticia García asisten ahora a los debates desde otros puestos mejor remunerados y menos estresantes. Quedaban, junto a Mañueco, su vicepresidenta Isabel Blanco, Luis Miguel González Gago, Carlos Fernández Carriedo y Juan Carlos Suárez-Quiñones, y en el banco contiguo José Luis Sanz Merino, María González Corral, Alejandro Vázquez y un rescoldo del último matrimonio, Gonzalo Santonja (por Vox, aunque independiente). Esto es común tras estas experiencias de parejas de conveniencia políticas. En la tribuna estaba, como ex presidente de las Cortes y delegado para el Corredor Atlántico en funciones, Luis Fuentes (ex Ciudadanos).
En los recesos, el pasilleo, la comida, más de lo habitual en las bodas. Primero las quinielas, con un montón de nombres esperando a ver si el ramo de Mañueco les cae en las manos. Hay de todo, contradicciones incluidas, porque leer los posos del café del presidente de la Junta es muy difícil.
Luis Miguel González Gago no iba a ser consejero pero ahora va a repetir en Presidencia; a Suárez-Quiñones le esperaban en Presidencia, pero decían que huele a Industria y Empleo, y encima se le vio de charleta con Óscar Lobo, de UGT; en Educación hay más nombres que departamentos, ahora que Universidades se va a Industria... Quinielas que se resolverán el jueves, cuando Alfonso Fernández Mañueco tome posesión.
¿Los invitados? Autoridades, diputados y senadores nacionales del PP, incluido Javier Maroto, por un lado, esta vez sin primerísimos espadas, dado que un pacto PP-Vox, a estas alturas, tiene ya poco de novedoso, no como en 2022. Entonces fue Vox quien se trajo de padrino al jefe de la familia, Santiago Abascal. Los de Carlos Pollán se rodearon de los suyos, concejales, diputados provinciales, asesores, el ex parlamentario Miguel Suárez Arca, para apoyar al novio. ¿Y a la novia? Pues al final. Una vez que el matrimonio se oficializó. Hasta que las urnas -o lo que sea- los separen.