Al mediodía, Las Palmas de Gran Canaria ya no solo se mueve: también se imagina. Entre las doce y las tres, la ciudad de 548 años se escribe en una columna, se ensaya en proyectos culturales, reparte ilusión desde un puesto de la ONCE y se conecta con el mundo a través de una pantalla. Son horas de creación, conversación y futuro, en las que la capital revela otra de sus fuerzas: la de quienes transforman la memoria, la diversidad, el trato cotidiano y las nuevas formas de trabajar en una manera de seguir levantando ciudad.