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Las escritoras victorianas y el jerez

Дата публикации: 08-06-2026 03:50:30

Mujeres, literatura y vino
En el imaginario literario femenino


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Durante el siglo XIX, el vino de Jerez de la Frontera ocupó un lugar privilegiado en la sociedad británica. El llamado sherry no solo se servía en los salones aristocráticos y en las mesas burguesas, sino que también apareció con frecuencia en la literatura victoriana, convertido en símbolo de refinamiento, hospitalidad y distinción social. Las escritoras inglesas de la época encontraron en este vino andaluz un elemento cotidiano capaz de expresar emociones, jerarquías y escenas domésticas con gran sutileza.

En muchas novelas inglesas del siglo XIX, una copa de jerez acompañaba las visitas sociales, las tertulias privadas o los momentos de convalecencia, reflejando el prestigio internacional alcanzado por los vinos jerezanos.

Escritoras como Elizabeth Gaskell George Eliot incorporaron referencias al vino de Jerez en ambientes domésticos y burgueses, mostrando cómo este vino formaba parte de la vida cotidiana de la Inglaterra industrial y literaria. El sherry aparecía ligado a la elegancia discreta, a la educación femenina y al ceremonial de la casa victoriana.

Grabado de época victoriana. Grabado de época victoriana.

La estrecha relación comercial entre España e Inglaterra favoreció además que numerosas bodegas jerezanas establecieran vínculos históricos con comerciantes británicos. Gracias a ello, el vino de Jerez alcanzó una enorme difusión comercial y cultural en el Reino Unido, convirtiéndose en una de las bebidas extranjeras más apreciadas por la sociedad inglesa del siglo XIX.

Así, las referencias literarias al sherry en la narrativa victoriana no solo evocan una costumbre social, sino también el prestigio internacional de Jerez de la Frontera y de sus vinos, cuya presencia en la literatura inglesa contribuyó a consolidar una imagen de sofisticación y tradición que aún perdura.

Portada del libro 'Drink and the Victorians', de Brian Harrison. Portada del libro 'Drink and the Victorians', de Brian Harrison.

El jerez en la Inglaterra Victoriana

Durante el siglo XIX, especialmente en la época victoriana, el vino de Jerez alcanzó en Inglaterra uno de los momentos de mayor prestigio y expansión de toda su historia. La estrecha relación comercial entre Jerez de la Frontera y el Reino Unido convirtió al jerez en un símbolo de refinamiento, modernidad y distinción social dentro de la sociedad británica.

La Inglaterra victoriana vivía una profunda transformación económica e industrial. En ese contexto de prosperidad creciente, las clases acomodadas desarrollaron un gusto particular por los vinos generosos procedentes del sur de España.

Sirvienta portando una bandeja con jerez. Sirvienta portando una bandeja con jerez.

El “Sherry”, nombre con el que los ingleses identificaban al jerez desde siglos anteriores, pasó a ocupar un lugar habitual en clubes privados, salones aristocráticos y mesas burguesas de ciudades como Londres, Bristol o Liverpool.

Las grandes bodegas jerezanas consolidaron entonces sus vínculos con comerciantes británicos establecidos en Andalucía desde el siglo XVIII. Familias de origen inglés, irlandés y escocés participaron activamente en el desarrollo de firmas históricas que impulsaron la exportación internacional del vino de Jerez y contribuyeron a modernizar el sector bodeguero. El comercio con Inglaterra se convirtió en uno de los motores económicos fundamentales de la comarca jerezana.

El jerez, bebida habitual en los locales distinguidos de Londres, 1860. El jerez, bebida habitual en los locales distinguidos de Londres, 1860.

En la literatura inglesa de la época aparecen frecuentes referencias al “Sherry” como vino apropiado para recepciones, sobremesas y reuniones intelectuales. Incluso la medicina victoriana recomendaba determinados tipos de jerez como tónicos reconfortantes, especialmente para personas mayores o convalecientes.

El consumo de jerez llegó a tal dimensión que el mercado inglés condicionó durante décadas parte de la producción y comercialización de las bodegas andaluzas.

A finales del siglo XIX, el vino de Jerez era ya uno de los productos españoles más reconocidos internacionalmente y un verdadero embajador cultural de Andalucía en el mundo anglosajón. 

Detalle de la pintura 'Poor relations', de George Goodwin Kilburne, 1875. Detalle de la pintura 'Poor relations', de George Goodwin Kilburne, 1875.

Hay que resaltar que uno de los vinos predilectos de la reina Victoria fue el célebre Harvey’s Bristol Cream, al que concedió en 1895 el prestigioso sello Royal Warrant, distinción que acredita a los proveedores oficiales de la Casa Real Británica. Este reconocimiento se mantuvo vigente hasta el fallecimiento de la reina Elizabeth II.

Las escritoras y el jerez

A la escritora anglo-irlandesa Maria Edgeworth (1767-1849) bien podría considerársela una precursora del periodo literario en el que nos situamos. Autora de Helen (1834), su última y más celebrada novela, fue considerada la principal rival de Jane Austen. La obra ofrece un fascinante retrato de la élite política e intelectual británica de comienzos del siglo XIX, unido a un intenso drama romántico.

La escritora anglo-irlandesa María Edgeworth. La escritora anglo-irlandesa María Edgeworth.

En el capítulo XV aparece una de las referencias más tempranas y significativas al amontillado en la literatura británica: “Churchill era conocido como un experto y admitía que todos eran buenos, pero se enorgullecía de poseer un vino español en particular, apreciado por encima de cualquier precio, porque no se podía conseguir con dinero: se llamaba amontillado. Horace consultó con el oficial español, quien confirmó todo lo que había dicho sobre este vino. Ningún cultivador puede asegurar su producción. Ha desconcertado, casi hasta la extenuación, a todos los productores de Xeres: es una variedad de jerez casi tan difícil de evaluar como de conseguir. Pero el señor Churchill se jactaba de tener un poco, sin duda auténtico; añadió: “¡Que los jueces españoles le habían asegurado que su gusto era tan preciso que podía atreverse a pronunciarse sobre la difícil cuestión del amontillado o no!””.

Biografia de George Eliot por Kathryn Hughes. Biografia de George Eliot por Kathryn Hughes.

Siguiendo este recorrido literario, encontramos a Emily Eden (1797-1869). En el capítulo XXV de The Semi-Attached Couple (1860), traducida como Una pareja casi perfecta, obra célebre por su fina sátira social y su brillante retrato de la aristocracia británica, durante una comida se comenta la situación política en España cuando uno de los asistentes exclama: “Por mi parte, no pido nada más a España que una copa de este excelente jerez”.

Retrato de Emely Eden. Retrato de Emely Eden.

La presencia del jerez continúa en la obra de Elizabeth Gaskell (1810-1865), gran amiga de Charlotte Brontë y una de las grandes representantes de la novela realista victoriana. Parte de North and South (1855) transcurre en Cádiz, donde Frederick Hale se instala y contrae matrimonio con una española. En una carta dirigida a su hermana escribe: “Enviaré a padre un jerez añejo especial que no podéis comprar en Inglaterra” (I shall send my father some rare old sherry as you cannot buy in England).

Elizabeth Gaskell. Elizabeth Gaskell.

Asimismo, en uno de los relatos recogidos en A Dark Night’s Work (1863), concretamente en el capítulo VIII, el señor Corbet observa los excesos de bebida de la aristocracia rural inglesa y comenta: “Seis copas de jerez antes del postre. Mal hábito; no me extraña que Ellinor parezca seria”.

El jerez tampoco falta en la prolífica producción de Ellen Wood (1814-1887), autora de enorme popularidad en su tiempo, cuya fama rivalizó con la de Charles Dickens. Su obra fue traducida a diversas lenguas y recibió elogios de autores como Leo Tolstoy.

La escritora Ellen Wood pintada por Joseph Sydney Willis Hodges. La escritora Ellen Wood pintada por Joseph Sydney Willis Hodges.

Nuestro vino aparece mencionado en al menos nueve de sus novelas: Danesbury House (1860), East Lynne (1861), The Shadow of Ashlydyat (1863), Oswald Cray (1864), St. Martin’s Eve (1866), Anne Hereford (1868), Roland Yorke (1869), George Canterbury’s Will (1870) y Johnny Ludlow (1874). Las referencias se realizan tanto mediante el término genérico sherry como a través de variedades específicas, especialmente brown sherry y golden sherry.

Otra de las figuras fundamentales de la literatura victoriana fue Mary Ann Evans (1819-1880), quien ocultó su identidad femenina bajo un pseudónimo masculino de George Eliot. En 1867 emprendió un viaje de dos meses por España junto a su compañero, George Henry Lewes. Aquella experiencia resultó decisiva para documentarse e inspirarse en la composición de The Spanish Gypsy (La gitana española), publicada un año después.

El sherry anunciado en un pub londinense del periodo victoriano. El sherry anunciado en un pub londinense del periodo victoriano.

Sus novelas y relatos figuran entre las cumbres de la narrativa victoriana. En Adam Bede (1859), su obra más leída y exitosa, quiso recrear una realidad histórica que combinaba el ambiente shakespeariano de la Inglaterra rural con la épica miltoniana revitalizada por la fe metodista. En el capítulo XXIV destaca el consumo de jerez entre las mujeres: “Allí no había cerveza fuerte, por supuesto, pero sí vino y postre: grosella espumosa para los pequeños y un buen jerez para las madres”.

También en Middlemarch (1871-1872), considerada una de las grandes novelas victorianas, aparece esta escena en el capítulo LI: “Tomaré otra copa de jerez, Ladislaw -dijo con aire despreocupado a Will, que estaba justo detrás de él-, y enseguida le entregó la supuesta bebida. Fue una mala elección; pues el señor Brooke era un hombre abstemio, y beber una segunda copa de jerez rápidamente, sin apenas intervalo entre la primera y la segunda, supuso una auténtica conmoción para su organismo”.

Este recorrido concluye con Amelia B. Edwards (1831-1892), figura esencial de la época victoriana no solo por su producción literaria -especialmente relatos de viajes e historias de fantasmas-, sino también por su relevancia como arqueóloga e historiadora.

La autora Amelia B. Edwards. La autora Amelia B. Edwards.

En The Phantom Coach (El carruaje fantasma, 1864), el criado de la casa donde se refugia James Murray le sirve: “un plato de jamón con huevos, una rebanada de pan moreno y una botella de admirable jerez”.

Así, a lo largo del siglo XIX, el jerez fue consolidándose en la literatura británica como símbolo de refinamiento, prestigio y distinción social, dejando huella en algunas de las páginas más destacadas de la narrativa victoriana.

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