La época más terrorífica del año llega a Las Palmas de Gran Canaria. En el barrio de Tafira Baja una inocente vivienda vista desde fuera acoge una casa del terror que busca atemorizar a su público desde el 26 de octubre hasta el 1 de noviembre. Al traspasar las puertas de la casa encantada, el orden del mundo se invierte. Los animales comen a los humanos y el público acudirá al matadero de personas de la Isla, donde la historia los llevará por los más oscuros rincones de esta distopía que bebe de la novela orwelliana de Rebelión en la Granja.
La época más terrorífica del año llega a Las Palmas de Gran Canaria. En el barrio de Tafira Baja una inocente vivienda vista desde fuera acoge una casa del terror que busca atemorizar a su público desde el 26 de octubre hasta el 1 de noviembre. Al traspasar las puertas de la casa encantada, el orden del mundo se invierte. Los animales comen a los humanos y el público acudirá al matadero de personas de la Isla, donde la historia los llevará por los más oscuros rincones de esta distopía que bebe de la novela orwelliana de Rebelión en la Granja.
Es una propuesta inmersiva en la que los asistentes se meterán de lleno en las entrañas de este matadero, que recoge muchos datos del complejo cárnico que se encontraba en la carretera en dirección a Bañaderos. "Nuestro público va a entrar en el año 1985 y va a descubrir que los animales se han revelado y que ahora son los humanos los que corren peligro porque a los humanos se les va a tratar como carne para consumo", explica el presidente de la compañía cultural Crispies, Simón Padilla.
En esta ocasión celebran 13 años —el número de la mala suerte— desarrollando este tipo de iniciativas, por lo que quieren premiar a su público. Este año la casa del terror funcionará por taquilla inversa, por lo que será el público el que decidirá si quiere aportar dinero y cuánto. Precisamente a raíz de este aniversario, Padilla explica que han aumentado el número de días de la visita de cuatro a una semana entera.
Un espacio transformadoLa experiencia involucrará salas de despiece, selección cárnica, peso y mediciones. Todo preparado para poder vender al consumo la carne humana. Para ello, el local de la asociación de vecinos, en el número 17 de la calle Bruno Naranjo Díaz, se transforma completamente: cambia el suelo, se añaden luces y se incluyen elementos como cadenas o cuerpos desmembrados. "Al final todo gira en torno a crear la experiencia a razón de los sentidos. Si lo que ves, lo que escuchas, lo que hueles y lo que tocas tiene una homogeneidad, al final permites que el espectador entre en la historia", defiende Padilla.
Los grupos que se adentraran en las tinieblas del matadero son reducidos de 10 personas, que serán conducidas por siete actores mitad humanos, mitad animales. El creador explica que son un experimento porque tienen pensamientos, facciones y corporalidad de animales, pero una incipiente humanidad comienza a emerger en ellos porque exigen cambiar la pirámide social.
"Quiero que la gente salga con el corazón acelerado, con la adrenalina por los cielos, que es lo que ocurre en una casa del terror, pero también quiero que salgan con preguntas en la cabeza", defiende Padilla. El creador de la experiencia teatral afirma que su intención no es convertir al público en vegetarianos, sino que se formulen preguntas sobre si es correcto el trato que ejercemos hacia ciertos animales.
Experiencias inmersivasPadilla considera que las experiencias inmersivas son poco habituales en las casas del terror de Canarias. "Nuestro público está acostumbrado, por suerte, y cada día más a ir al teatro, a sentarse en una butaca, a dejarse atravesar por la catarsis teatral, pero en experiencias de casas del terror no existen los recorridos inmersivos o no por lo menos de la magnitud en la que yo los creo", valora.
El espectador y los intérpretes comparten el mismo espacio, por lo que en palabras del presidente de la compañía, consigue que el público lo viva de una manera más intensa. Para ello, estimula casi los cinco sentidos a través de efectos como las luces, los olores, los sonidos y el tacto. "Cada estancia tiene su olor y tiene que ver con lo que el público está viendo. Utilizamos también diferentes materiales, temperaturas y texturas que permiten al público poner en marcha el tacto", adelanta. Padilla concibe el recorrido para crear una experiencia sensorial completa incluso con pasillos y salas claustrofóbicas que aporten esas sensaciones de agobio y temor. "Lo que no ves, en ocasiones, genera mucho más miedo que lo que tienes delante", dice Padilla.
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