Cada vez hay más personas que deciden abandonar las grandes ciudades para buscar la tranquilidad y libertad que ofrecen las zonas rurales. Uno de estos casos es el de Irina, una joven con las ideas muy claras que eligió una forma de vida completamente diferente a lo que estamos acostumbrados.Seguir leyendo....
Cada vez hay más personas que deciden abandonar las grandes ciudades para buscar la tranquilidad y libertad que ofrecen las zonas rurales. Uno de estos casos es el de Irina, una joven con las ideas muy claras que eligió una forma de vida completamente diferente a lo que estamos acostumbrados.
Vive sola, aislada entre montañas y alejada de la vida convencional, pero tiene la vida que siempre había soñado. Gaston Marotta, que sube contenido de exploración de lugares abandonados y pueblos con pocos habitantes, ha publicado un vídeo en su canal de YouTube en el que entrevista a Irina para descubrir lo que hay detrás de su decisión y cómo es realmente su día a día en un lugar así.
Su historia está definida por la libertad, el sacrificio y una forma completamente distinta de vivir. Irina habita un pequeño pueblo oculto entre las montañas de la provincia de León. El municipio en cuestión fue abandonado en los años 60, pero 20 años después un grupo de jóvenes decidió darle una nueva vida. Actualmente, sigue acogiendo a decenas de jóvenes que luchan para mantenerlo vivo.
Antes de llegar al propio pueblo, Irina enseña cómo hacen para transportar ciertos materiales, ya que no hay ninguna carretera que llegue a la aldea. "Este es el teleférico. Es de las cosas más interesantes que hay en este pueblo. Como no llega el coche, la compra la bajamos por aquí, la leña, los materiales, subimos la basura... todo. Es un sistema que inventaron hace 20 años unos chicos que vivieron aquí".
Infancia muy dura
El teleférico del pueblo, en el que moven los materiales. / YouTube / Gaston Marotta
Una vez en el pueblo, la chica explica su historia: "Llevo 11 años aquí ya. Mi familia se movió mucho cuando yo era pequeña: nunca tuvimos mucha estabilidad, y he vivido desde en ciudades hasta en aldeas abandonadas. Yo llegué a este pueblo desde un lugar aún más precario; para mí era un lujo tener agua del grifo. Veníamos de vivir en un pueblo mucho más abandonado y peor conservado".
Según explica, decidió quedarse en este nuevo pueblo porque había gente joven: "Conocí esta aldea porque mi familia se mudó a un pueblo a tres horas andando, donde solo vivíamos con cinco cabras, un par de perros y un caballo. Mi infancia fue una película de terror y yo me fui de mi casa a los 15 años porque no me pude ir antes. Además, en este pueblo es donde había un poco de chavalería".
Hogar totalmente equipado
El interior de la casa de Irina. / YouTube / Gaston Marotta
Desde su llegada, Irina empezó a reformar su casa y, aunque aún necesita algunas reformas -no tiene ducha, por ejemplo-, la casa ha quedado muy bonita y está equipada con todo lo que necesita. El hogar está conectado a unos depósitos de agua, tiene placas solares para la electricidad, tiene una estufa para pasar los inviernos, televisión, un sofá gigante y unas vistas que enamoran.
La chica también explica cómo intenta ser autosuficiente en su alimentación, pero sigue comprando muchos productos en el supermercado: "Me sustento parcialmente con lo que cultivo en estos huertos. Pero productos como aceite de girasol, harinas, café, arroz o legumbres... todo eso sí que lo compro. He cambiado muchísimo mi alimentación desde que vine aquí".
Ganarse la vida fuera del puebloTambién explica que la mayor parte de los habitantes necesitan salir fuera de la aldea para conseguir dinero. "Aquí, la manera de subsistir no es a través de paguitas. Es muy difícil conseguir una paga aquí. Casi todos los de mi quinta salimos unos meses a trabajar fuera. Hacemos trabajos de temporada y luego volvemos, ya que aquí realmente no se gasta mucho dinero".

Irina recogiendo verdura del huerto del pueblo. / YouTube / Gaston Marotta
A la pregunta de si se plantea volver a vivir en la ciudad, Irina responde con rotundidad: "Ni de coña. Desde los 11 años tengo claro que quiero vivir en un sitio así; ha sido mi sueño y en ello estoy. No lo he dudado nunca ni me he echado para atrás nunca. Y mira que no es una vida para cualquiera... Lo más duro de vivir aquí es que estás demasiado aislado del mundo, cuesta mucho acceder aquí".