El ronroneo suele asociarse con un gato tranquilo, pero este sonido también puede aparecer ante situaciones de estrés, miedo o malestar, por lo que observar el comportamiento general del peludo resulta fundamental
Pocos sonidos están tan ligados a los gatos como el ronroneo. Cuando un felino se acomoda junto a su persona, cierra los ojos y empieza a emitir ese característico sonido, es habitual interpretar que está cómodo y feliz. Y muchas veces puede ser así. Sin embargo, reducir siempre el ronroneo a una señal de felicidad puede llevar a pasar por alto otros mensajes.
El veterinario Pancho Cavero ha recordado en Instagram que esta interpretación es uno de los mitos más extendidos sobre los gatos. “Si ronronea, está feliz” no siempre es cierto, ya que un felino también puede ronronear ante estrés, miedo, enfermedad o dolor. Por eso, más que quedarse únicamente con el sonido, recomienda prestar atención al conjunto de su comportamiento.
El ronroneo no siempre significa lo mismo
La veterinaria Elisenda Saperas, responsable de comunicación en Purina España, explica a La Vanguardia que el ronroneo es una vibración rítmica que los gatos producen tanto al inhalar como al exhalar y que puede variar en intensidad, frecuencia y duración según el estado emocional del animal.
En un contexto de tranquilidad, por ejemplo, un gato puede ronronear mientras descansa, recibe caricias o permanece acurrucado. También puede utilizarlo para reclamar atención o pedir comida. Además, entre las madres y sus crías, este sonido contribuye a crear vínculo y transmitir calma.
Pero el contexto puede cambiar completamente su significado. Saperas señala que los gatos también pueden ronronear cuando están estresados o sienten dolor, como una posible forma de autoconsuelo. Por eso, escuchar el ronroneo de manera aislada no permite determinar si el animal está bien. La clave está en observar el lenguaje corporal general y conocer cuál es el comportamiento habitual del gato.
Los cambios pequeños pueden ser una señal de alertaPancho Cavero insiste precisamente en esa necesidad de mirar más allá de los sonidos. En su publicación en redes, recuerda que los gatos pueden manifestar que algo no va bien de formas muy sutiles.

Un gato con dolor puede dejar de saltar a lugares a los que antes accedía con facilidad. Uno que está enfermo puede esconderse más, dormir durante más tiempo, comer menos o perder interés por el juego. También pueden aparecer cambios relacionados con el uso del arenero, como entrar repetidamente en él cuando existe un problema urinario.
“Un gato que necesita ayuda, se pone mal o notas un cambio importante en su comportamiento no debería esperar”, señala el veterinario. La idea es especialmente importante porque los felinos pueden ocultar signos evidentes de enfermedad durante bastante tiempo.
Saperas coincide en que un ronroneo que aparece en situaciones inusuales, especialmente si va acompañado de apatía, falta de apetito, cambios en la movilidad o vocalizaciones diferentes, puede ser motivo para consultar con un veterinario.

Asimismo, Saperas apunta también que se investiga su posible relación con la reparación de tejidos, la densidad ósea y la cicatrización, aunque este aspecto todavía debe estudiarse más y no permite considerar el ronroneo como un tratamiento para ninguna enfermedad.
Por eso, la mejor forma de interpretar este sonido es observar cuándo aparece y qué hace el gato mientras ronronea. Un peludo relajado que busca contacto y descansa probablemente está expresando bienestar, mientras que otro que se esconde, deja de comer o modifica sus rutinas necesita que prestemos atención a esas señales.