Un bufido puede ser una forma de comunicación y de poner límites, pero para saber qué está expresando un gato hay que observar el contexto y la respuesta del otro animal
Los gatos utilizan una combinación de sonidos, posturas y movimientos para relacionarse con otros animales y con las personas. Entre esas señales está el bufido, una vocalización que a menudo se interpreta como una muestra inequívoca de enfado o como la antesala de una pelea. Sin embargo, su significado puede ser mucho más amplio.
La especialista en comportamiento felino Paula Rossi explica en una publicación en Instagram que “un bufido no es bueno ni malo por sí mismo”. El peludo puede utilizarlo para pedir a otro gato que aumente la distancia y, si el receptor se detiene o se aleja y la interacción termina ahí, la conducta puede estar cumpliendo precisamente una función de regulación.
Por eso, más que reaccionar automáticamente cada vez que se escucha un bufido, conviene observar qué estaba ocurriendo antes y qué sucede después.
El contexto importa más que el sonido
Rossi propone fijarse en varias cuestiones: si el otro gato se detiene, si aumenta la distancia, si la interacción termina o si, por el contrario, el bufido es el comienzo de una escalada. La clave está en analizar qué función está cumpliendo esa conducta dentro de la relación entre ambos animales.
Esta perspectiva también ayuda a entender por qué no todos los bufidos tienen que tratarse de la misma manera. Un gato puede bufar porque tiene miedo, porque no quiere que otro animal se acerque, porque está incómodo o porque necesita que respeten su espacio.
Desde Advance Affinity explican que los fuertes ruidos, las visitas, las obras o la llegada de otro gato pueden provocar miedo y desencadenar esta vocalización. La territorialidad también puede estar detrás, especialmente cuando un nuevo peludo llega a casa.
El bufido también puede aparecer cuando el gato simplemente no quiere ser tocado o interrumpido. En esos casos, respetar la distancia que está pidiendo puede evitar que la situación vaya a más.
Cuando el bufido sí debe hacer saltar las alarmas
Que un bufido pueda ser una herramienta normal de comunicación no significa que deba ignorarse siempre. Rossi introduce una cuestión especialmente importante cuando hay varios gatos en casa: hay que comprobar que el animal que se aleja pueda seguir accediendo a todo lo que necesita.
Si un gato ocupa sistemáticamente un lugar, un paso o un recurso y obliga al otro a apartarse, el problema ya no es únicamente que haya habido un bufido. Es necesario comprobar si existen rutas alternativas y suficientes recursos para que ambos puedan moverse por la vivienda con tranquilidad.
La convivencia entre gatos requiere además tener en cuenta que no todos los individuos tienen la misma sociabilidad. La veterinaria África Emo señala que los felinos son animales socialmente flexibles: pueden convivir con otros gatos, pero esa compañía no es imprescindible para todos y algunos gatos pueden preferir una vida más solitaria.
Por otro lado, un bufido repentino también puede estar relacionado con dolor o malestar. Los expertos de Advance Affinity advierten de que un gato puede reaccionar de esta forma cuando se toca una zona que le resulta dolorosa. Si el comportamiento aparece de repente o se acompaña de otros cambios, conviene consultar con un veterinario.

Finalmente, conviene conocer otras señales que pueden indicar una escalada, como el pelo erizado, las orejas hacia atrás, las pupilas dilatadas, el lomo arqueado o movimientos bruscos de la cola.