Referente en medicina preventiva y reconocido por la revista ‘Forbes’ como uno de los 100 mejores médicos de España de 2018 a 2020, el doctor Durántez aboga por una longevidad saludable
Todos vamos a envejecer, pero en la forma de hacerlo puede estar la diferencia. El doctor Ángel Durántez Prados es un referente en medicina preventiva proactiva para lograr un envejecimiento saludable. A lo largo de sus más de 30 años de experiencia, el enfoque integrativo y la personalización han sido sus señas de identidad. Siempre basándose en las últimas investigaciones científicas y en los avances más innovadores, ha buscado mejorar la calidad de vida y el bienestar físico y mental de sus pacientes, entre los que han estado personalidades del mundo de la empresa, el deporte, la política y otros sectores.
Vocal de la SEMAL (Sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y Longevidad), miembro activo de SEMED (Sociedad Española de Medicina del Deporte) y reconocido por la revista Forbes como uno de los 100 mejores médicos de España en 2018, 2019 y 2020, Durántez ejerce su medicina preventiva desde 2017 en Clínica Neleva, donde lidera tratamientos innovadores para el envejecimiento saludable, combinando tecnología avanzada y un enfoque integral de la salud preventiva con el objetivo de “ampliar el healthspan, es decir, los años que vivimos con salud, autonomía y calidad de vida”.
¿En qué consiste la medicina preventiva para una longevidad saludable?
Consiste en actuar antes de que aparezca una enfermedad y, cuando ya existe, evitar que progrese o cause complicaciones. Para ello evaluamos los antecedentes, los hábitos y los factores de riesgo de cada persona; indicamos las pruebas que pueden aportarle valor y convertimos los resultados en un plan de actuación y seguimiento. Tras más de 35 años de experiencia médica, considero que una de nuestras mayores oportunidades es anticiparnos.
¿A qué debe su auge este tipo de medicina en los últimos años?
Vivimos más años y queremos conservar nuestra autonomía y calidad de vida durante ese tiempo. Al mismo tiempo, conocemos mejor los factores que favorecen las enfermedades crónicas y disponemos de más herramientas para medirlos y seguir su evolución. También ha cambiado la actitud de los pacientes: tienen más información sobre la longevidad y quieren participar activamente en el cuidado de su salud. La difusión de nuevas tecnologías y terapias ha despertado un gran interés, pero su popularidad no siempre equivale a eficacia. El reto es incorporar los avances con criterio médico y evidencia científica.
¿Cuál es el papel de la medicina preventiva en el envejecimiento?
Ayudar a preservar la capacidad física y cognitiva a lo largo de la vida. El envejecimiento es inevitable, pero muchos de los problemas que asociamos a la edad están influidos por factores sobre los que sí podemos actuar. Identificar y tratar a tiempo la hipertensión, las alteraciones metabólicas o la pérdida de fuerza, por ejemplo, puede marcar una diferencia importante en cómo llegamos a edades avanzadas.
No podemos evitar envejecer, pero ¿cómo podemos hacerlo mejor?
Hay que empezar antes de sentirse mayor. Moverse de forma habitual, trabajar la fuerza muscular, cuidar la alimentación y el sueño, no fumar, reducir el consumo de alcohol y atender la salud mental son decisiones fundamentales. A ello debemos sumar el control de los factores de riesgo y las medidas preventivas indicadas para cada edad y situación clínica. El seguimiento médico y la evaluación de los biomarcadores pertinentes nos ayudan a identificar cambios que pueden pasar desapercibidos. Sentirse bien no siempre significa que todos los factores de riesgo estén controlados: algunas alteraciones evolucionan sin síntomas. Por eso, la prevención debe formar parte de nuestros hábitos, con pruebas y objetivos adaptados a cada persona.
Ángel Durántez Prados
Usted se ha formado en Age Management Medicine en Estados Unidos y es un referente en este campo. ¿Qué es exactamente?
Es un enfoque médico que estudia los cambios asociados a la edad y busca detectar de manera temprana los factores que pueden comprometer nuestra función y calidad de vida. Integra la evaluación clínica con la prevención, el ejercicio, la nutrición y el seguimiento individual. Mi formación en Estados Unidos, y más de 35 años de experiencia médica, han reforzado mi convicción de que necesitamos una visión a largo plazo de la salud. Esa perspectiva orienta nuestro trabajo y exige distinguir siempre entre intervenciones respaldadas por evidencia y propuestas que todavía se están investigando.
¿Qué significa, a la práctica, que la medicina deba ser integrativa para mejorar la longevidad?
Significa mirar a la persona en su conjunto y coordinar las distintas áreas de su salud. El metabolismo, el sistema cardiovascular, la masa muscular, el descanso y la salud cognitiva no evolucionan de forma aislada. Un enfoque integrativo reúne a los profesionales necesarios alrededor de un plan coherente, evita recomendaciones contradictorias y facilita el seguimiento. En nuestra clínica, el equipo médico y la health coach trabajan de forma coordinada para trasladar las recomendaciones a la vida cotidiana. Cada intervención debe responder tanto a la situación clínica del paciente como a la evidencia científica disponible.
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¿Qué cambios deberían darse en el sistema de salud actual para lograr esa mejora en la longevidad?
Necesitamos dar más continuidad a la prevención: tiempo para evaluar riesgos, apoyo para cambiar hábitos y seguimiento para comprobar si las medidas funcionan. También debemos coordinar mejor la atención primaria, las especialidades y los servicios comunitarios, y facilitar el acceso a las intervenciones eficaces. Medir el éxito únicamente por las enfermedades tratadas deja fuera una pregunta esencial: cuántos años puede vivir una persona con autonomía y buena función. El sistema debe reforzar su capacidad de anticiparse, dedicando recursos a preservar la salud durante toda la vida.
¿La medicina debe ser personalizada para mejorar la calidad de vida?
Sí, porque dos personas de la misma edad pueden tener riesgos y necesidades muy diferentes.
¿Y eso cómo se logra?
Personalizar empieza por escuchar y conocer la historia clínica, los antecedentes familiares, el contexto y los objetivos del paciente. Después seleccionamos las pruebas pertinentes, interpretamos sus resultados conjuntamente y acordamos prioridades realistas. La personalización debe acompañar al paciente más allá del chequeo inicial.
¿Cuáles son los principales aliados para la prevención de enfermedades?
Los grandes aliados son los hábitos sostenibles y una atención sanitaria preventiva adecuada. La actividad física —incluida el entrenamiento de fuerza—, la alimentación de calidad, el descanso, la ausencia de tabaco y el consumo mínimo de alcohol constituyen una base fundamental. A ello se suman la vacunación, el control de la presión arterial y otros factores de riesgo, y los chequeos y cribados indicados según la edad, los antecedentes y la situación clínica. Su periodicidad debe individualizarse. La relación continuada con los profesionales sanitarios ayuda a convertir los resultados y las recomendaciones en acciones concretas.
¿Cómo puede ayudar la medicina preventiva en enfermedades como el cáncer?
Puede actuar en varios momentos: reducir riesgos modificables, como el tabaco, el alcohol, el exceso de peso o el sedentarismo; promover las vacunas indicadas, como la del virus del papiloma humano, que ayuda a prevenir el cáncer de cuello uterino y otros cánceres asociados al virus; reconocer antecedentes familiares relevantes y facilitar los programas de cribado que han demostrado utilidad. La detección precoz puede mejorar las opciones de tratamiento en determinados cánceres, pero cada prueba tiene beneficios y posibles daños que debemos valorar. Los análisis de sangre para detectar múltiples cánceres son una línea prometedora de investigación; aún se estudia si su uso como cribado mejora los resultados de salud, por lo que no sustituyen las pruebas recomendadas.
Ángel Durántez Prados
¿Qué tratamientos innovadores hay para el envejecimiento saludable?
Hoy, una de las aplicaciones más útiles de la innovación es identificar mejor los riesgos y orientar intervenciones adaptadas a cada paciente. Los avances en diagnóstico, análisis de datos y seguimiento pueden ayudarnos a afinar las decisiones clínicas y evaluar la respuesta a los tratamientos. En paralelo, la gerociencia estudia fármacos dirigidos a mecanismos biológicos del envejecimiento, como la rapamicina o los senolíticos. Es un campo de gran interés, pero todavía necesitamos ensayos en humanos que aclaren para quién son eficaces, cuáles son sus riesgos y qué resultados clínicos mejoran. Una innovación debe valorarse por el beneficio demostrado para el paciente.
¿Hacia dónde avanza el futuro de la medicina preventiva en el antienvejecimiento?
Avanza hacia una medicina más predictiva, precisa y continuada, capaz de combinar información clínica, funcional y biológica para intervenir cuando aún podemos preservar salud y autonomía. La investigación nos permitirá comprender mejor por qué unas personas envejecen con mayor vulnerabilidad que otras y cómo actuar sobre esos procesos. Pero el futuro también depende de conseguir que la prevención eficaz llegue a más personas y se mantenga durante toda la vida. Ese es el propósito que guía nuestro trabajo: transformar el conocimiento de la salud en decisiones que ayuden a vivir más años con capacidad física, claridad mental y calidad de vida.