Вход на сайт

Просмотр новости

Найдите то, что Вас интересует

Sandra G. Martín, odontóloga: “Podemos llegar a los 80 o 90 años conservando nuestros dientes si hemos tenido prevención y unos cuidados adecuados durante nuestra vida”

Дата публикации: 21-10-2026 07:00:00


La odontóloga reclama el papel que juega una buena salud oral en afecciones cardiovasculares, respiratorias, diabetes… y apuesta por la boca como una de las bases para una mejor longevidad


Основное содержимое страницы с новостью.

Por dolor, por una inflamación, por la rotura de un diente… La visita al odontólogo sigue estando muy ligada a solventar problemas, dejando a un lado, por lo general, el aspecto preventivo. En lugar de acudir a revisiones cada seis meses, tal como está recomendado, los últimos datos proporcionados por Eurostat confirman que los españoles, de media, van 1,2 veces al año. No hay conciencia de la influencia de la salud oral en el estado general de la persona, y se consideran normales situaciones como la pérdida dental llegadas a una edad. De hecho, el 7% de los adultos a partir de 65 años carece de dientes, según el Consejo de Dentistas Españoles.

De todo ello habla Sandra G. Martín, odontóloga, en su libro La salud empieza en tu boca (RocaEditorial). Divulgadora y especializada en odontología estética, periodoncia, salud oral integral y diseño digital de la sonrisa, la experta dirige DR. S. London, donde pone en práctica su enfoque de bienestar global con la salud oral en el centro. Martín ha trabajado con personalidades internacionales y ha formado parte de proyectos de atención bucodental en comunidades vulnerables. Hemos charlado con ella sobre la importancia de la prevención y el cuidado de la boca como un factor imprescindible para una vida más longeva y saludable.

El libro comienza con una imagen muy gráfica que ha sido común en muchos hogares: la de la dentadura de algún abuelo dentro de un vaso de agua sobre la mesita de noche. ¿Qué es lo que ha cambiado para que esta escena nos parezca propia de otros tiempos?

Creo que ha cambiado, sobre todo, nuestra manera de entender el envejecimiento. Antes asumíamos que perder los dientes era una consecuencia inevitable de hacerse mayor. Hoy sabemos que no debería ser así. Podemos llegar a los 80 o 90 años conservando nuestros propios dientes si hemos tenido prevención y cuidados adecuados durante nuestra vida. Y esto es importante porque los dientes no están solamente para sonreír. Nos permiten masticar, alimentarnos correctamente, hablar, relacionarnos y mantener nuestra autoestima. La pérdida dental puede condicionar incluso qué alimentos elegimos y, por tanto, nuestra nutrición. Por eso digo que una boca envejecida no tiene por qué ser una boca enferma. La edad no provoca caries ni periodontitis por sí sola. Lo que ocurre es que vamos acumulando durante décadas las consecuencias de enfermedades, hábitos, medicaciones y, muchas veces, de una prevención insuficiente.

La boca es muchas veces el reflejo de cuidados postergados por una economía que no llega, como si se tratara de un “lujo inasumible” y prescindible. ¿Cómo impacta en la salud física y emocional de los séniors vivir con problemas por resolver en este sentido, como la falta de piezas dentales?

Este es uno de los grandes problemas que tenemos: durante demasiado tiempo hemos tratado la odontología casi como un lujo, cuando la boca forma parte del cuerpo. Perder dientes no es únicamente un problema estético. Si una persona no puede masticar correctamente, empieza a seleccionar los alimentos que le resultan más fáciles de comer y puede terminar evitando alimentos más fibrosos o difíciles de masticar. Además, perder dientes puede afectar al habla, a la musculatura, a la mordida y a la calidad de vida. Y después está la parte emocional, que me parece fundamental. Hay personas mayores que dejan de sonreír, que se tapan la boca al hablar o que evitan determinados encuentros sociales porque sienten vergüenza de sus dientes. Eso también es salud. La Organización Mundial de la Salud estima que las enfermedades orales afectan a unos 3.500 millones de personas y señala enormes desigualdades en el acceso a la prevención y al tratamiento. Para mí, la salud oral debería entenderse como parte de la salud general y no como algo que atendemos únicamente cuando duele o cuando económicamente podemos permitírnoslo.

La flora oral tiene funciones sobre todo el cuerpo, pero cuando la boca se seca, el equilibrio se resiente. ¿Qué se puede hacer para evitar esa sequedad que acompaña a muchos mayores debido a algunos fármacos o patologías?

Siempre digo que la saliva es una de las grandes olvidadas de nuestra salud. No es simplemente agua: lubrica, protege los tejidos, ayuda a neutralizar ácidos, participa en la digestión y contribuye a mantener el equilibrio del ecosistema oral. En las personas mayores, la sequedad bucal es muy frecuente y muchas veces está relacionada con la medicación o con la combinación de varios medicamentos. Cuando disminuye la saliva, aumenta el riesgo de caries, infecciones, dificultad para tragar o hablar y puede deteriorarse muchísimo la calidad de vida. Lo primero es identificar la causa y revisar con el médico la medicación; nunca retirarla por nuestra cuenta. Después podemos ayudar con una buena hidratación, estimular la saliva cuando todavía existe función salival, por ejemplo, con chicles o pastillas sin azúcar y utilizar geles, lubricantes o sustitutos salivales cuando sea necesario. Y algo muy sencillo: una persona mayor que empieza a tener muchas caries de repente debería hacernos pensar. No siempre significa que se esté cepillando peor; puede significar que su boca ha dejado de tener la protección que antes le proporcionaba la saliva.

Si hablamos de erosión dental, ¿cuáles son las mejores alternativas para resolver el problema en los séniors?

Lo primero es averiguar por qué se están erosionando los dientes, porque si únicamente reconstruimos lo perdido, pero no eliminamos la causa, volveremos al mismo punto. Puede existir una causa externa, como el consumo frecuente de bebidas o alimentos ácidos, o interna, como el reflujo gastroesofágico. Y muchas veces la erosión se combina con desgaste mecánico o bruxismo. En fases iniciales, nuestro objetivo es frenar la progresión y proteger el tejido dental que todavía existe. La erosión implica una pérdida irreversible de estructura dental, por lo que la prevención y el control de la causa son fundamentales. Cuando ya existe una pérdida importante, podemos reconstruir los dientes con composites, cerámicas u otros tratamientos restauradores. Pero especialmente en pacientes mayores soy partidaria de una odontología muy conservadora: preservar antes que sustituir. Cuanto más tejido dental propio podamos conservar, mejor.

La saliva es una de las grandes olvidadas de nuestra salud; lubrica, protege los tejidos y mantiene el equilibrio del ecosistema oral

Sandra G. Martín

La periodontitis afecta a mil millones de adultos en todo el mundo. Sin embargo, como no causa dolor, no se le presta la atención necesaria. ¿Por qué es especialmente comprometida para personas con afecciones cardiovasculares, respiratorias y diabetes?

La periodontitis me preocupa precisamente porque puede avanzar durante años sin producir dolor. Puedes tener una enfermedad inflamatoria crónica, perder hueso alrededor de tus dientes y no ser realmente consciente hasta que empiezan a moverse. Y las encías tienen una particularidad: cuando están inflamadas y sangran, esa barrera que separa el exterior de nuestro organismo está alterada. Las bacterias y los mediadores inflamatorios asociados a la enfermedad periodontal pueden tener repercusiones más allá de la boca. Hoy existe evidencia sólida de asociación entre periodontitis y diabetes y enfermedades cardiovasculares, y también se estudia su relación con enfermedades respiratorias. El tratamiento periodontal puede contribuir a mejorar el control glucémico en personas con diabetes. Eso no significa que todas estas enfermedades estén causadas por las encías.

¿Y cuál es la relación de la periodontitis con la niebla mental?

Con el cerebro debemos ser especialmente rigurosos. No podemos decir que una periodontitis provoque alzhéimer o demencia. Lo que sí sabemos es que algunos estudios encuentran una asociación entre mala salud periodontal, pérdida dental y mayor riesgo de deterioro cognitivo. Se investiga el papel de la inflamación sistémica y la neuroinflamación como posibles mecanismos. Pero hablar de “niebla mental” requiere prudencia: no podemos afirmar que tratar una encía vaya a eliminarla. Para mí, ese es el mensaje importante: la boca no está aislada del resto del organismo.

Lee también

Las hormonas tienen mucha influencia en el estado de la boca. ¿Qué es lo más destacable durante la menopausia?

Las hormonas son uno de los grandes moduladores de nuestra boca y, sin embargo, hablamos muy poco de ello. En la menopausia, la disminución de estrógenos puede acompañarse de cambios en las encías, la saliva, las mucosas y el metabolismo óseo. Algunas mujeres empiezan a notar sequedad, alteraciones del gusto, mayor sensibilidad de las encías o una sensación de ardor en la lengua o en la boca que antes no tenían. El síndrome de boca ardiente aparece con mayor frecuencia en mujeres peri y posmenopáusicas, aunque es un trastorno complejo y multifactorial y no podemos atribuirlo únicamente a las hormonas.

¿Y durante la andropausia?

En el hombre, los cambios hormonales suelen ser más graduales. La disminución progresiva de testosterona puede coincidir con cambios metabólicos, musculares y óseos que también pueden influir indirectamente en la salud oral. Lo importante es entender que nuestra boca cambia con nosotros. El cuidado que necesitábamos a los 30 años no tiene por qué ser el mismo que necesitamos a los 60.

¿De qué manera afecta a la salud oral la apnea del sueño, más frecuente en adultos mayores?

Aquí la relación entre odontología y medicina me parece fascinante porque muchas veces el dentista puede detectar señales que el propio paciente desconoce. Una persona que duerme con la boca abierta puede despertarse con una sequedad enorme. Esa respiración oral disminuye la protección que proporciona la saliva y puede favorecer caries y molestias en las mucosas. También se estudian las asociaciones entre apnea obstructiva del sueño, bruxismo y enfermedad periodontal, sin que eso implique necesariamente una relación causal. Por eso creo que el dentista tiene que mirar mucho más allá del diente. Preguntar cómo duerme el paciente, si ronca, si se levanta cansado, si respira por la boca. A veces, una pregunta durante una revisión dental puede ser el primer paso para detectar un problema que afecta a todo el organismo y derivarlo al especialista correspondiente.

En un momento en que la estética toma cada vez más protagonismo, ¿qué características debería tener un adecuado rejuvenecimiento dental?

Para mí, el buen rejuvenecimiento dental es precisamente aquel que no parece un rejuvenecimiento dental. No consiste en poner todos los dientes blancos, iguales y perfectamente alineados. Una sonrisa bonita tiene textura, proporciones, pequeñas imperfecciones y, sobre todo, tiene que pertenecer a la cara de esa persona. Pero hay algo todavía más importante: primero biología, después función y finalmente estética. No tiene sentido hacer unas carillas preciosas sobre unas encías enfermas, ni conseguir unos dientes perfectamente alineados si la mordida no funciona correctamente. A medida que envejecemos, los dientes cambian de color, se desgastan, pierden longitud y cambian sus bordes y texturas. Rejuvenecer una sonrisa significa devolver armonía sin borrar la identidad. Y siempre intentando ser lo más conservadores posible con el tejido dental. El mejor cumplido después de un tratamiento no debería ser “qué dientes te has puesto”, sino “qué bien estás”.

Con la edad es fundamental mantener dientes funcionales y capacidad de masticación

Sandra G. Martín

Destaca que la salud oral es uno de los puntos ciegos del envejecimiento. ¿Qué debemos hacer para contribuir a una mejor longevidad desde la boca?

Tenemos que dejar de esperar a que algo duela. La prevención sigue siendo nuestra herramienta más poderosa: cepillarnos correctamente, limpiar entre los dientes, cuidar la lengua, mantener una buena saliva, controlar la enfermedad periodontal, evitar el tabaco, vigilar la dieta y acudir regularmente al dentista y al higienista. Pero añadiría algo que para mí es fundamental con la edad: mantener dientes funcionales y capacidad de masticación. No quiero que mis pacientes simplemente vivan más años; quiero que puedan comer, hablar, sonreír y relacionarse durante esos años. Muchas veces llegamos demasiado tarde porque seguimos entendiendo la ausencia de dolor como ausencia de enfermedad. La longevidad no debería consistir únicamente en añadir años a la vida, sino en añadir salud a esos años. Y la boca forma parte de esa ecuación desde el primer hasta el último día.

“La odontología que viene se parece cada vez más a una medicina de la longevidad”, concluye en el libro. ¿Qué podemos esperar a corto y medio plazo?

Creo que vamos hacia una odontología mucho más preventiva, personalizada e integrada con el resto de la medicina. Durante muchos años hemos sido excelentes reparando: aparece una caries y ponemos un empaste; se rompe un diente y hacemos una corona; perdemos un diente y colocamos un implante. El futuro está en intentar comprender por qué está ocurriendo antes de tener que repararlo. Vamos a utilizar cada vez más información sobre saliva, microbioma, inflamación, genética, hábitos, sueño y metabolismo para identificar riesgos de manera más precoz. Y veremos mucha más colaboración entre dentistas, médicos, nutricionistas y otros profesionales sanitarios. Algunas herramientas todavía están en investigación y necesitan validación clínica. Para mí, la gran revolución no será tener materiales todavía más blancos ni implantes todavía más sofisticados. Será conseguir que necesitemos intervenir menos. Me gustaría que llegara un momento en el que, cuando alguien nos pregunte qué hacemos los dentistas, no respondamos simplemente que arreglamos dientes. Cuidamos una parte del cuerpo que habla de cómo comemos, cómo respiramos, cómo dormimos, cómo envejecemos y, en definitiva, de nuestra salud. Por eso el mensaje que atraviesa todo el libro es muy sencillo: la salud empieza en tu boca.

Terry Gragera

Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, es periodista especializada en salud. Forma parte de ANIS (Asociación Nacional de Informadores de la Salud)

Схожие новости

#Наименование новостиТональностьИнформативностьДата публикации
1 Ángel Durántez, médico: “Sentirse bien no significa que los factores de riesgo estén controlados; la prevención debe formar parte de nuestros hábitos” 012.0116-10-2026
2Зуб здоров. Сколько лет служат пломбы: реальные сроки для разных материалов07.4223-07-2026
3 Comment on BU study links cardiovascular disease, dementia to cost of dental care and poor oral health by National Landing Smiles 5617-04-2026
4Стоматолог: потеря зубов ускоряет старение лица014.825-08-2026
5 Carmen Lanchares, periodista: “En lugar de hablar de antienvejecimiento, ahora la industria de la cosmética vende la idea de alcanzar la mejor versión de una misma” 05.1711-10-2026
6La salud ya no se mide en años, sino en la lucha contra la soledad05.8415-10-2026
7Главврач Кремлевской поликлиники рассказала, реально ли дожить до 120 лет0017-12-2025
8¿Cuántos años de vida te puedes permitir?010.1915-08-2026
9Стоматолог Харламов: проблемы с зубами влияют на продолжительность жизни0521-07-2026
10Гериатр Ткачева рассказала о разработках, способных продлить жизнь до 150 лет019.0924-08-2026

Классификация: . Схожих патентов: 0. Схожих новостей: 10. Тональность: 0. Информативность: 11.55. Источник: www.lavanguardia.com.