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Karmelo Bizkarra, médico higienista: “Comemos sin hambre y en exceso creyendo que nos dará fuerza, y ocurre lo contrario”

Дата публикации: 22-10-2026 07:00:00


Referente de la medicina higienista y el ayuno terapéutico en España, Bizcarra acaba de publicar ‘Nadie te cuidará tanto como tú’, un manual práctico que anima a hacerse cargo del bienestar propio


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Karmelo Bizkarra (Durango, 1956) es licenciado en Medicina por la Universidad del País Vasco en 1979, y lleva más de cuatro décadas trabajando con un enfoque integrativo y humanista. Fundó y dirige el Centro de Salud Vital Zuhaizpe en el Valle de Yerri (Navarra) y es autor de numerosos libros divulgativos. Referente de la medicina higienista y el ayuno terapéutico en España, acaba de publicar Nadie te cuidará tanto como tú, un manual práctico que anima a hacerse cargo del bienestar propio con herramientas que ya usaban los romanos, los árabes y los naturistas americanos del siglo XIX.

Acaba de salir Nadie te cuidará tanto como tú. ¿Qué quería transmitir con este título tan llamativo?

Es la recopilación de más de medio siglo de aprendizaje, de experiencias clínicas y del acompañamiento a miles de personas. Quiero transmitir que cada persona es un paciente ante los síntomas desagradables de la enfermedad, pero también puede ser un actuante a la hora de mantener o recuperar la salud.

Hagamos un alto para los lectores que no sepan en qué consiste la medicina higienista. ¿En qué consiste?

Es una rama de la medicina natural de Occidente centrada en unos hábitos de vida saludables. Para los antiguos griegos, Hygeia era la diosa del arte de curar a través del arte de vivir. Habla precisamente de ese arte de curarse a uno mismo, más allá de los medicamentos y de la intervención del médico. Habla de despertar las fuerzas curativas que cada ser humano lleva en su interior con la ayuda del poder sanador de la naturaleza. Realmente es una educación para la salud y es la línea más práctica que yo haya conocido.

En el libro relata que la crisis vital más grande la vivió en cuarto de carrera, cuando se percató de que en ella se estudiaba a fondo la enfermedad, pero no la salud ni los factores que la favorecen. ¿Por qué cree que sucede esto?

La salud es la gran olvidada del sistema sanitario actual, incluso pasa desapercibida a nivel del lenguaje. Al estudio de la enfermedad, el pathos, lo denominamos patología. En cambio, no existe una disciplina que se llame “salutología”; no está en el diccionario. Los estudios médicos se basan en ir en contra de la enfermedad y se olvidan de favorecer la salud. Darme cuenta de eso me supuso una gran crisis. Y, sin embargo, la respuesta estaba ahí, en la mano. Al igual que la oscuridad se ve desalojada por la luz, la enfermedad retrocede ante unas prácticas de vida saludables.

Cita a Felix Oswald: “El descubrimiento de la causa es el descubrimiento del remedio”, y dice que detrás de la mayoría de las dolencias hay un profundo desequilibrio y falta de vitalidad. ¿El estilo de vida actual nos está enfermando?

Hoy en día se considera que apenas un 5% de las enfermedades están relacionadas con la genética y los cromosomas. El resto está en íntima relación con los hábitos de vida, es decir, con la epigenética. Nos enferma una alimentación repleta de sustancias químicas que el cuerpo no puede reconocer, la vida sedentaria, las relaciones humanas competitivas en vez de cooperativas, el estrés, la falta de descanso y de sueño, la repetición de hábitos nocivos, la soledad de muchas personas que viven en las ciudades y la falta de un sentido de vida. Esas son las verdaderas causas de la enfermedad, más allá de las bacterias o los virus. De hecho, la pregunta que nos hacemos desde la medicina natural es: ¿aparecen los virus y enfermamos o aparecen los virus porque enfermamos?

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Explica los cuatro pilares de la salud: desintoxicar el cuerpo, armonizar las emociones, aquietar la mente y despertar la conciencia, y que estos se materializan en siete claves. ¿Cuáles son?

El organismo humano mantiene un equilibrio entre asimilación y eliminación. Si ingerimos comidas refinadas, industrializadas y llenas de aditivos, o si introducimos tóxicos por vías diversas en el organismo, enfermamos. A su vez, una mala gestión de las emociones abre una puerta a la enfermedad. El ruido mental y la mente rumiante también son perniciosos, al igual que la contaminación de ciertos medios de comunicación, que nos absorben, nos llenan de temor y nos sujetan en pensamientos negativos. En sentido contrario, la recuperación de la salud se resume en siete claves: la nutrición y el ayuno, el contacto con la naturaleza, la respiración consciente, el equilibrio entre acción y descanso, la resolución de la encrucijada emocional, las relaciones humanas saludables y la recuperación del sentido profundo de la vida. Todo eso es un trabajo personal que, en cierta forma, se puede enseñar y aprender.

Considera el reposo el mayor restaurador de la naturaleza. ¿Cómo debemos cuidarlo a partir de los 60?

La gestión del estrés, de las emociones y el sueño son tres de los pilares que pueden mantenernos saludables después de los 60. La salud se mantiene en el ritmo, la armonía, el equilibrio entre la actividad y el reposo, entre el ocio y el negocio. Tanto el exceso de actividad y estrés como el sedentarismo son manifestaciones del desequilibrio y la disarmonía y causas primeras de enfermedad. En el reposo, la energía ahorrada se canaliza hacia la reparación de las zonas afectadas o enfermas. Durante el día, de alguna manera, nos desgastamos y enfermamos, y en el descanso y en el sueño nuestro cuerpo se cura. Las investigaciones demuestran que, al dormir, el cerebro limpia todos los depósitos de sustancias que a la larga provocan enfermedades como el alzhéimer.

Tanto el exceso de estrés como el sedentarismo son manifestaciones del desequilibrio y la disarmonía y causas primeras de enfermedad

Karmelo Bizcarra

Cita a Shelton: “Nada que destruya o suspenda el poder del cuerpo para manifestar los síntomas será considerado curativo”. ¿La tercera edad abusa de los fármacos?

Con mucha frecuencia, llamamos curación al hecho de aliviar los síntomas, anestesiar el dolor o extirpar quirúrgicamente una parte de un órgano que no funciona bien. Llamamos dormir a anular el cerebro con Valium o sus derivados. El uso de medicamentos químicos es útil en ciertos casos, pero su abuso nunca lo es. El cuerpo nos avisa de que algo va mal y de poco sirve anular este mensaje. Aliviar no es curar. Efectivamente, en la tercera edad abusamos de los medicamentos químicos y de síntesis, que dan una tregua en los síntomas, pero que no pueden ser utilizados para las funciones fisiológicas o regenerantes del organismo. Para conseguirlo, hay que conocer el propio cuerpo, entenderlo, quererlo, cuidarlo. La palabra curar proviene del latín curare, que significa cuidar.

Usted está especializado en medicina antroposófica. ¿Qué es?

Deriva de la palabra antropos, ser humano y sofía, sabiduría, conocimiento del ser humano, al que contempla en su totalidad: cuerpo, sentimientos, alma y espíritu. Su filosofía se basa en una ampliación de la ciencia y el arte de curar. Se dirige a los órganos y del espíritu humano, que están en crisis en el momento actual. Y se estudia en ciertas facultades de Medicina de países como Alemania, Suiza y Países Bajos.

Bizkarra es un referente en medicina higienista. 

Bizkarra es un referente en medicina higienista. Estitxu Ortolaiz

“Comer mal es un signo de los tiempos actuales”. ¿Cuáles cree que son los pilares para empezar a alimentarse mejor?

No solo comemos mal, sino de más. Y no lo hacemos para nutrir el cuerpo, sino para tapar las emociones que nos alteran y que reprimimos. Comemos sin hambre, porque es la hora o estamos aburridos, y fatalmente creemos que eso nos dará fuerza cuando en verdad ocurre lo contrario. Una buena alimentación está basada en alimentos frescos, sin etiqueta, sin envoltorios, alimentos con diferente forma y color. No somos una caldera de combustión que depende de calorías a quemar, sino que somos un organismo de transformación que es capaz de extraer la energía interatómica, intermolecular e intercelular que une los átomos, moléculas o células de las sustancias al desintegrarlas en el sistema digestivo. No solo comemos para restaurar la materia, sino para recargar al organismo vivo de energía vital. Lo recomendable es comer alimentos vegetales como frutas, verduras, frutos secos, cereales integrales y cierta cantidad de legumbres, y si se quiere, un poco de pescado, e ingerir todo en un ambiente relajado. De esa manera, nos alimentamos con el color, la forma y la energía vital que mantienen unidas la sustancia.

Recomienda seguir el régimen asociado y el complementario. ¿Puede ponernos ejemplos?

Una comida sencilla y bien masticada es más fácil de digerir que una comida excesiva y con muchas mezclas. Cada alimento es digerido por unos jugos digestivos adecuados para ese alimento. Cuando comemos arroz, el jugo digestivo del estómago es el adecuado para el arroz y no es ácido. Por el contrario, cuando comemos carne, el estómago libera ácido clorhídrico para digerirlo. Cuando juntamos ambos, se altera la digestión y se genera fermentación, putrefacción e intoxicación alimentaria de bajo grado. El régimen asociado se basa en separar en comidas diferentes: carbohidratos por un lado y proteínas por otro, y también los carbohidratos de los ácidos (refrescos, vinagre, zumo de limón). El régimen complementario contempla la mezcla de un alimento con una pequeña cantidad del otro. Es más fácil de llevar, pero un poco menos saludable.

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Hablemos de ayuno terapéutico. ¿Cómo se practica?

Se ha practicado en todos los tiempos y en todas las culturas. Es algo que hacen por instinto los niños y los animales, que cuando están enfermos dejan de comer. Toda la energía que ahorramos en la digestión, absorción y asimilación de alimentos se deriva hacia la curación y la puesta a punto del organismo durante el ayuno, guiado por el instinto somático de autocuración. Eso sí, aunque haya abstinencia de alimentos temporalmente, es esencial beber agua para mantener el metabolismo durante el ayuno, porque las reacciones químicas y fisiológicas tienen lugar en el ambiente acuoso del cuerpo. Cuando el ayuno terapéutico va más allá de 24 o 48 horas, asesorarse con un médico especialista. Y hacer un paulatino descenso hacia el ayuno, disminuyendo la cantidad de alimentos, basado en frutas y ensaladas, siempre que no esté contraindicado. En todo caso, es conveniente la supervisión de un especialista: por ejemplo, no se pueden eliminar los medicamentos habituales ni prolongar el ayuno si se producen ciertos efectos.

De un tiempo a este, se ha puesto de moda el ayuno intermitente. A su juicio, ¿suele practicarse bien?

Aunque realmente debería llamarse alimentación intermitente, es la abstinencia de comida, durante unas horas y ciertos días. En ese tiempo, no predomina el anabolismo o asimilación de los nutrientes, sino el catabolismo, la eliminación y la autorregeneración, que a nivel fisiológico se conoce como autofagia. Sería como pasar la ITV de nuestro propio vehículo orgánico. Pero todo cambio debe hacerse poco a poco. Antes de practicarlo, es mejor saltarse alguna comida, o hacer algún día a frutas y ensaladas, a zumos y caldos, habituando al cuerpo.

Antes de practicar el ayuno intermitente, es mejor saltarse alguna comida, o hacer algún día a frutas y ensaladas, a zumos y caldos, habituando al cuerpo

Karmelo Bizcarra

Un capítulo se titula Te necesitas como el respirar. ¿La mayoría de las personas viven en un estado de “semiasfixia”?

Respiramos lo mínimo para sobrevivir, pero no lo suficiente para vivir, y al sobrevivir le sobra el “sobre”. La respiración consciente y lenta tiene dos grandes beneficios para el ser humano: recuperar energía vital y aquietar el ruido mental. De hecho, el acto de inspirar me inspira, y el acto de espirar me conecta con el impulso espiritual o el sentido de la vida. La vida larga y consciente está unida a una respiración larga y consciente.

¿Cómo cambia una buena respiración las emociones?

Ambas están íntimamente vinculadas. En la ansiedad y la angustia, la respiración es corta y agitada y, de alguna manera, la vida es agitada y angosta, como indica la propia palabra angustia. En cambio, observar la respiración y volverla más presente, más consciente y lenta, nos ayuda a aquietar la mente y a entrar en contemplación. Se ha comprobado que una buena respiración activa el nervio vago y relaja el organismo entero.

El contacto con la naturaleza es otro pilar. ¿De qué maneras puede alguien que viva en la ciudad retomar este vínculo?

Somos parte de ella: para vivir precisamos comer, beber, respirar y tomar la luz y el calor del sol para vivir. Podemos ir a pasear a un parque, sentarse bajo un árbol, andar descalzos por la hierba o la arena de la playa, respirar el aire limpio de un bosque cercano, un río o un acantilado.

Expresar las emociones resulta clave para mejorar y mantener la salud. ¿Qué vías tenemos para hacerlo?

La emoción hace emocionante la vida, da calor y color a nuestra existencia. Siempre las expresamos, ya sea por la palabra, por los gestos, por la constitución corporal y, en el peor de los casos, a través de los síntomas de enfermedad. Lo que no se dice con palabras se dice con dolores. Podemos expresarlas compartiéndolas con la pareja y los amigos o al escribirlas en un diario, apuntarnos a un coro de canto o bailar para liberar la tensión muscular y los bloqueos. Y si con eso no nos vale, recurrir a la ayuda de un terapeuta. Pero si no se sacan, las emociones se quedan adentro, se mineralizan y se congelan. Y, antes o después, acaban por hacernos daño.

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Para finalizar, ¿hacia dónde espera que evolucione la medicina actual en 50 años?

Estamos en una encrucijada sanitaria. Dentro de 50 años, la medicina será incluyente o integrativa o, por el contrario, integrista y dogmática, definitivamente vendida al dinero y al poder. La medicina natural puede ser prescrita, como lo ha sido durante siglos, o proscrita, como en los últimos años. Depende de que en las facultades de medicina se amplíe la ciencia de curar hacia la salud y de que el ser humano asuma su responsabilidad sobre su bienestar físico y emocional. Nadie va a salvarnos. Nadie va a curarnos. Nadie va a hacer tanto por nuestra salud como nosotros mismos.

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