Emilio Nogales regenta 'Artigi' junto a su mujer, Antonia Carmona. Juntos forman el tándem perfecto para este restaurante de Castuera que ha conquistado hasta a la Guía Michelin
25/09/2026 Actualizado a las 13:47h.
Si llegas a Artigi, has llegado a tu destino. Este restaurante castuerano nos remite a las antiguas calzadas romanas de la Península Ibérica, en particular a la que cruzaba esta localidad pacense en el trayecto de Corduba a Emerita-Augusta. En aquella época, los viajeros hacían una pausa en esta zona para descansar y compartir la mesa antes de reanudar la marcha; un espíritu de encuentro y reposo que es, precisamente, parte de lo que Emilio Nogales busca rescatar hoy.
'Artigi' acaba de entrar en la lista de restaurantes recomendados de la Guía Michelin, un reconocimiento que es respuesta a la constancia, el sacrificio y esa pizca de 'destino' tan curiosa que Nogales, quien está detrás de este proyecto, recuerda hoy con cariño.
Hoy En Salsa se sienta a conversar con el chef y alma mater de este exitoso proyecto. Hablamos de sus inicios y el camino recorrido, del momento dulce que vive la cocina de 'Artigi' y de las ambiciones que trazan su futuro. Una charla honesta sobre gastronomía, esfuerzo y la pasión de convertir un restaurante en un negocio con identidad propia.
El hito MichelinTras haber trabajado en templos con estrella, ¿qué se siente al recibir el reconocimiento de la Guía Michelin 2026 en tu propia casa y bajo tu propio nombre?
Es una felicidad enorme, siempre soñé trabajar con los mejores y estar al menos dentro de la guía Michelin. ¡Y acabamos de cumplir un sueño!
Siempre escuchaste la frase de «esto es un pueblo». ¿Qué responde Artigi hoy a todos los que dudaban de abrir un proyecto de alta gastronomía en un municipio rural de Badajoz?
Volver al pueblo fue un reto, quizás irse a la ciudad puede tener otras ventajas, pero los pueblos necesitan proyectos, necesitan seguir creyendo que hay sueños que se pueden cumplir en ellos, y poder poner el valor de los grandes productos que nos rodean en la Serena, por eso volvimos.
La guía ha destacado platos como los guisantes lágrima con huevo de gallina azul extremeña o la Perdiz al modo de Alcántara. ¿Cómo se equilibra la vanguardia técnica con el respeto absoluto al recetario e ingrediente local?
Es laborioso, pero tenemos la gran suerte de que Extremadura es sencillamente maravillosa, nuestra tierra nos lo pone fácil. Además, me gusta traer los mejores productos nacionales al restaurante y complementar con nuestros productos.
El bendito plan BTu primera opción era la mecánica y terminaste en la pastelería por no conseguir plaza. Mirando atrás, ¿en qué momento te diste cuenta de que ese «segundo plato» era realmente tu vocación?
¡Bendito segundo plato! Elegí mecánica porque tenía muchas amigos que cogieron esa opción y además me permitía estudiar en mi pueblo. Pero la suerte quiso que no entrase y terminé haciendo pastelería.
El último año de la ESO lo pasé viendo vídeos de pastelería y cocina, muchas veces hasta altas horas de la madrugada. Aún recuerdo ver vídeos de Paco Torreblanca, Martín Berasategui, Toño Pérez, Ferran Adriá, Fernando Bárcenas... Me encantaba leer recortes de prensa, ir a grandes ferias y poder disfrutar de sus cocinas, me quedaba dormido con el móvil encendido a falta de unas horas para ir al instituto.
Por eso lo tuve claro, la opción era la pastelería y ahí es cuando mi sueño empezó a cocinarse.
Has aprendido de los mejores chefs de España, pero siempre citas a tu abuela como tu primer referente. ¿Qué aprendizaje o valor de su cocina conservas intacto en el pase de Artigi?
Mis abuelos son mi referente: su lucha en los tiempos más difíciles y oscuros de nuestra historia y su infinito amor por su familia. Ya eso lo era todo.
Cuando era pequeño, me levantaba y le decía a mi madre que me iba a quedar a comer con mi abuela; ya solo pensaba en que llegara el mediodía para estar con ellos. Todavía recuerdo un día en que fui a comer y ella había preparado el cocido desde las siete de la mañana —solo para mí, porque me encantaba—. Estaba buenísimo, pero tenía un toque dulce no sé bien por qué, y al terminar le dije: «Abuela, está buenísimo». La pobre se había equivocado y le había puesto azúcar en vez de sal. Para mí fue el mejor cocido de mi vida, porque ahí entendí lo que es cocinar con amor. Ella tenía 92 años.
En la Casona del Judío, restaurante de Santander con una estrella donde hiciste prácticas, te aconsejaron no correr por conseguir una estrella Michelin. Viendo lo joven que eras, ¿Cómo gestionaste la ambición para priorizar el aprendizaje sobre el ego?
Creo que el camino no se puede construir en dos días, la vida funciona así. Cuando salí de la escuela pensé que tenía mucho que aprender y por eso siempre echaba muchas más horas de la que debía, quería aprender rápido, quería ver y explorar todo lo que se necesita en este mundo gastronómico tan complejo. Sueño siempre con conseguir más cosas, pero todo es tiempo y aprendizaje, no debería convertirse en una obsesión. Me gusta disfrutar del proceso.
Martín Berasategui, Paco Roncero, Toño Pérez en Atrio... ¿Qué le deja cada una de estas grandes casas a la filosofía de trabajo de Emilio Nogales?
Esta pregunta hace cinco años, antes de abrir Artigi, tendría otra respuesta: «pues de un lado me quedo con esto del otro esto…» Pero mi respuesta hoy es otra: la constancia. Ellos están en la élite por ser constantes, porque esos negocios también han sufrido y han pasado por tiempos difíciles o decisiones complejas, y hoy están ahí por no saber lo que es rendirse.
Ganaste el XIV Premio Espiga Corderex y decidiste dar el salto a emprender muy joven. ¿Qué diferencia al cocinero que ejecutaba platos para otros del chef que asume el riesgo de su propio negocio?
Hay más presión, antes era muy exigente para no fallar en nada y tener todo bajo control de mi trabajo. Hoy en día hay más cosas que cocinar. Gestionar un restaurante conlleva a muchas más responsabilidades, es un negocio, hay familias que viven de ello (trabajadores, proveedores, nosotros… ) por eso hay que sacar tiempo para cocinar y gestionar todo para que Artigi siga su camino.
La realidad de ArtigiPilotas el proyecto junto a tu pareja, Antonia Carmona. ¿Cómo se gestiona el equilibrio entre la vida personal y la exigencia de mantener la excelencia en sala y cocina cada día?
Hemos encontrado un punto de equilibrio muy bueno, Antonia hace una gran labor y este progreso también es gracias a ella. Ahora mismo estamos disfrutando de ambas cosas. Es difícil levantar un restaurante y hacerlo a nuestra manera, pero yo estoy muy orgulloso de ella, me ha tocado la mujer más bonita del mundo. Hemos evolucionado de una manera muy bonita, aún así siempre decimos «perdonad si nos equivocamos, seguimos aprendiendo».
Empezasteis rompiendo esquemas en la zona con detalles como el marcado en mesa y platos estrella como las croquetas de jamón ibérico o los arroces. ¿Cómo ha cambiado el perfil del comensal desde que abristeis hasta esta entrada en la Michelin?
Para nosotros ha sido un camino algo complicado. Al principio tuvimos que entrar en precio con productos muy buenos, aunque no al nivel que deseábamos; sin embargo, poco a poco fuimos haciendo cambios en la carta para mejorarla e incorporar, cada vez más, productos de alta calidad, hasta el punto de quitar los menús del día y centrarnos en el rumbo que habíamos imaginado al abrir.
Empezamos ofreciendo un menú de tapas por solo 32 euros para ir dando pequeños pasos y lograr que la gente no le tuviera miedo a la propuesta. Creemos que Artigi sigue evolucionando y tenemos claros los pasos que debemos dar para lograrlo; pero, como me enseñaron en la escuela de hostelería: «recuerda que no abres un restaurante, abres un negocio». Ojalá podamos disfrutar viendo a Artigi crecer durante muchos años; ese sería nuestro mayor éxito.
Has dicho que en Extremadura hay compañeros que «valen oro». ¿Sientes que la región está viviendo su gran revolución gastronómica?
Extremadura es una tierra en constante evolución. Queda mucho por hacer, pero tenemos la gran suerte de que tenemos unos paisanos/as que lo van hacer aún más grande.
Artigi nació con la idea de evolucionar hacia menús degustación cada vez más definidos. Con este reconocimiento en el bolsillo, ¿Cuál es el siguiente techo que quieres romper?
Artigi quiere seguir creciendo en lo gastronómico y hacerlo aún más atractivo. Creemos en el camino que soñamos... solo nos toca pulirlo y ser consciente de la labor y esfuerzo que conlleva.
¿Es cierto que estáis preparando un cambio de local? ¿Qué nos puedes adelantar sobre este nuevo espacio?
Es cierto que estamos trabajando para mejorar nuestros conceptos. Para afirmar este cambio aún es pronto, pero sí es cierto que tomaremos una decisión en estos próximos meses, tenemos ganas de saber que pasará en el verano de 2027.