La Pinchoteca ofrece una variada carta de pinchos de barra, así como una oferta culinaria más pausada con carnes y pescados a la brasa
30/09/2026 Actualizado a las 11:12h.
La Pinchoteca abrió sus puertas el pasado 10 de julio en el número 5 de la calle Manuel Fernández Mejías, en pleno centro de Badajoz y justo al lado de 'La Abacería del Producto', el negocio con el que los hermanos Manuel y Rubén Lobato iniciaron su andadura en la hostelería pacense.
«Nació como una evolución natural de nuestro primer proyecto. En La Abacería teníamos muy claro el valor del producto, pero necesitábamos una cocina que nos permitiera expresarnos mucho más», confiesa Rubén, uno de los encargados de este proyecto donde hay un claro protagonista: el pincho.
La Pinchoteca combina una barra con más de quince pinchos, sugerencias que van cambiando, carnes a la brasa, pescados frescos y una bodega con más de treinta referencias. «Nuestro objetivo es que la calidad no esté solamente en comprar un buen producto. También debe apreciarse en la elaboración, la presentación, el servicio y la experiencia completa del cliente», señala.
Cruzar las puertas de La Pinchoteca es adentrarse en un ambiente cálido y marcadamente acogedor. La decoración, articulada en torno a maderas y tonalidades oscuras, burdeos y verde oliva, crea una atmósfera reconocible sin caer en formulismos excesivamente rigurosos.
El local se ha concebido como un espacio abierto a todo tipo de disfrute: la gran barra, pensada para dejarse llevar por la sugerente vitrina de pinchos, una zona de mesas altas y bajas, para veladas más pausadas, y una terraza exterior, con capacidad para dar servicio a unas 55 personas.
La filosofía del pinchoEn La Pinchoteca, la cultura tradicional del «entrar, mirar y elegir» se dignifica. Frente al concepto del pincho como mero acompañamiento sobre una rebanada de pan expuesto durante horas, el equipo propone una cocina en miniatura con sentido gastronómico.
Aunque existen elaboraciones terminadas en vitrina, muchas otras requieren un último pase de cocina, temperatura o montaje al instante. Detrás de la barra hay un equipo elaborando sus propios fondos, salsas y guisos. Su declaración de intenciones es tan clara como contundente: producto, brasa, calidad, profesionalidad, honestidad y pasión.
«La carta está estructurada para que cada cliente pueda construir su propia experiencia»
Rubén Lobato
Hay pinchos en diferentes niveles de precio, raciones para compartir y productos premium, como las carnes a la brasa, para quien busca una comida más completa. «No obligamos al cliente a entrar en un menú cerrado ni a pedir una gran pieza de carne para conocer el establecimiento», apunta Rubén, «eso permite que alguien pueda tomar dos pinchos y una bebida con un gasto contenido, mientras que otro cliente puede elegir entrantes, pescado, carne premium y vino. La competitividad no consiste en ser los más baratos, sino en que el cliente perciba claramente el valor de lo que ha pedido».
El embajador de la casa, sus creadores lo tienen claro: el brioche de steak tartar. Si hubiera que elegir una sola creación para definir la identidad del local, esa sería sin duda su brioche de steak tartar. «No es un pincho complicado de entender, pero tampoco es algo que se pueda improvisar. Une producto, cocina, presentación y una forma informal de comer. Además, fue uno de los pinchos que mejor acogida tuvo desde nuestros primeros servicios», describen.
Partiendo de un clásico indiscutible, esta elaboración condensa la visión de La Pinchoteca: la sutileza grasa y dulce del pan tostado contrasta con la intensidad de una carne seleccionada con precisión técnica. Una propuesta informal de comer que une cocina, equilibrio y estética, convertida en uno de los grandes éxitos de público desde los primeros pases.
Sin prisas por expandirse ni obsesión, la meta del proyecto a largo plazo es consolidar su espacio, conseguir regularidad y demostrar que se puede mantener el nivel tanto un miércoles tranquilo como un sábado con el establecimiento completo.