El vínculo histórico de Barcelona con el flamenco está muy documentado, y un espectáculo como el de este jueves en la Mercè, avenida de la Catedral, es para disfrutar y deleitarnos con el muy elaborado trazado de pistas y guiños que conectan el pasado y el presente, para iniciados y para profanos. Cantes de remota memoria, baile con pedigrí, ecos portuarios y alguna clave con vistas al futuro, porque, guste más o menos, la evolución del arte flamenco no se detiene.Seguir leyendo....
El vínculo histórico de Barcelona con el flamenco está muy documentado, y un espectáculo como el de este jueves en la Mercè, avenida de la Catedral, es para disfrutar y deleitarnos con el muy elaborado trazado de pistas y guiños que conectan el pasado y el presente, para iniciados y para profanos. Cantes de remota memoria, baile con pedigrí, ecos portuarios y alguna clave con vistas al futuro, porque, guste más o menos, la evolución del arte flamenco no se detiene.
Abrió ‘La Barcelona flamenca’ el fino toque de Juan Gómez, Chicuelo (director musical del concierto), aventurándose en la línea melódica de ‘La santa espina’, a partir de su composición ‘Sin espinas’ (que grabó con Marco Mezquida). Un pórtico que nos llevó al recuerdo de Carmen Amaya a través del baile rojo sangre de su sobrina-nieta Karime, que siguió el compás de las alegrías golpeando una mesa con los nudillos (evocando la escena de ‘Los tarantos’, el filme de 1963 de Rovira Beleta).
El guion del concierto, con dirección artística de Luis Troquel, atendió más al dinamismo y al contraste de relieves que a un orden cronológico, y acertó. Un salto temporal nos llevó al músico que sentó las bases del bajo eléctrico en el flamenco, Carles Benavent (miembro del sexteto de Paco de Lucía), con sus pulsaciones en roce con el jazz, en unas bulerías propulsadas por las voces de Juanjo de Naveli y Joaquín el Duende, y subrayadas por la viola de Uixi Amargós. El cante apuntó al historial de la migración en unos tangos que cruzaron ecos antiguos (de la Niña de los Peines) y aportaciones modernas. Y la seguiriya ‘Districte V’ nos llevó al imaginario del Raval en el siglo XIX, a los cafés cantantes en los que anidó el arte jondo, a través de la hondura vocal de Ana Brenes.

Chicuelo y Carles Benavent en el escenario de la Catedral dentro de la programación de las fiestas de la Mercè 2026 / JORDI COTRINA
El sucesor de PeretEra esperable un poco de rumba, que se manifestó de la mano de Miliu Calabuch, voz del Maresme un día ungida por su tío Peret como su sucesor natural. Rumba catalana, rumba flamenca y tangos arrumbados, préstamos galopantes de ‘El mig amic’ y ‘Una lágrima’, citas a Parrita, Duquende, Bambino. De homenaje en homenaje, Pedro Javier González desplegó, solo a las seis cuerdas, su adaptación de ‘La leyenda del tiempo’, de Camarón (tema titular de un álbum capital pero discutido en su día, que, como recordó el guitarrista, solo se llegó a presentar en una ciudad, Barcelona, en 1979). Y una gran voz del flamenco catalán, Mayte Martín, que no pudo sumarse al espectáculo, estuvo presente a través de una de sus composiciones, ‘Acaríciame por dentro’. Una pieza que no podía ser interpretada por cualquiera y a la que hizo amorosa justicia Montse Cortés.
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Volvimos al principio, a Carmen Amaya, la gitana del Somorrostro, en unos tarantos que bailó Karime y que deparó un gesto futurista: la cita, por parte de Joaquín el Duende, a una canción de Rosalía, ‘Di mi nombre’, que ella construyó a partir de tangos clásicos. Y, cerrando, el popularísimo garrotín, con su herencia trashumante de la comunidad gitana que un día dejó Lleida para asentarse en Hostafrancs, en esa Barcelona siempre, ayer y hoy, abierta a los cuatro vientos.
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