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En esta entrega de Universo de Misterios, damos comienzo a una nueva saga dedicada a la historia de SETI. Analizamos el origen de la búsqueda de inteligencia extraterrestre, desde las primeras observaciones de supuestos canales en Marte por Percival Lowell hasta los experimentos pioneros de Nikola Tesla y la radioastronomía del siglo XX. Un recorrido por la inmensidad del cosmos, la escala de las galaxias y la necesidad científica de responder a la gran pregunta: ¿estamos solos en el universo?
Aunque a algunas personas, a veces, puede proporcionar una falsa sensación de alivio, la ignorancia nunca es deseable. Pero eso, tú ya lo sabes... Escucha el episodio completo en la app de iVoox, o descubre todo el catálogo de iVoox Originals
Lee el podcast de 2067 - Historia de SETI, Capítulo I: El origen de la búsqueda de inteligencia extraterrestre
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Imagina por un segundo que estás en una playa desierta en mitad de la noche. Miras el océano, te acercas a la orilla y tomas un vaso de agua del mar y compruebas que en tu vaso, en esa porción de agua que has recogido, no hay ningún pez. ¿Llegarías a la conclusión de que en el océano no hay peces? Sería absurdo, ¿verdad? Y sin embargo, algo muy parecido es lo que hemos hecho durante décadas al mirar al cielo. Hemos tomado apenas un vaso de agua de un océano de dos millones de millones de galaxias. Sí, de dos billones de galaxias con B, que son las que existen, según los últimos cálculos, solo en el universo observable, ya sabéis.
La parte del universo de la que nos llega la luz. Un universo observable tiene un radio de unos 46.500 millones de años luz. No significa que no haya universo más allá de ese radio, solo que la luz de esa parte del universo no logra alcanzarnos porque la velocidad de la expansión es superior a la de la luz. Pues, continuando con el símil, La humanidad apenas ha tomado un vaso de agua de un océano de 2 billones con B de galaxias y al no encontrar nada a simple vista, hay quien ha utilizado esto para afirmar que estamos completamente solos.
A comienzos del siglo XX hubo astrónomos que estaban seguros de haber visto a través de sus telescopios canales. En la superficie del planeta Marte, incluso se llegó a proponer la creación de una señal triángulo gigantesco que pudiese resaltar en la superficie helada de Siberia para que pudiera ser observado o visto desde Marte y hacer con ello una señal de inteligencia a nuestros vecinos. La mejora de los telescopios ópticos finalmente descartó que hubiese canales en la superficie de Marte y lo que había sucedido era simplemente una combinación entre la mala calidad de la óptica y el anhelo de ver canales por parte de Percival Lowell, el astrónomo que afirmó verlos.
Al comienzo de los años 60 del siglo XX, Un grupo de mentes audaces decidió que era hora de dejar de mirar a ciegas, de dejar de utilizar únicamente telescopios ópticos y empezar a escuchar. Así nació SETI, siglas en inglés de la búsqueda de inteligencia extraterrestre. Se puso en marcha una red de oídos de acero apuntando hacia el abismo, escudriñando frecuencias buscando ese único susurro, ese pulso rítmico o esa señal matemática.