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Rafael Ruiz, doctor en Ingeniería: “Antes de encender el aire acondicionado en el coche, hay evacuar el aire caliente acumulado en el interior”

Дата публикации: 07-07-2026 05:00:00


El profesor de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC) señala que el color de la tapicería y los materiales interiores influye mucho más en cómo se calienta el vehículo que el de la carrocería


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Cada verano se repite la misma escena. El termómetro marca 37 grados, pero basta abrir la puerta de un coche que ha permanecido aparcado al sol para tener la sensación de asomarse a un horno. El volante quema, el cinturón resulta imposible de tocar y el aire caliente golpea la cara como si saliera de un secador gigante. No es una impresión exagerada. En apenas unos minutos, el interior de un vehículo puede calentarse entre 20 y 30 grados más que el ambiente y superar con facilidad los 60 ºC. ¿Cómo es posible que un coche alcance temperaturas tan extremas si el aire exterior es bastante más fresco?

La respuesta no está tanto en el calor del verano como en un fenómeno físico que todos conocemos, aunque rara vez pensamos en él cuando dejamos el coche aparcado: el efecto invernadero.

El interior de un vehículo puede calentarse entre 20 y 30 grados más que el ambiente y superar con facilidad los 60 ºC

“El sobrecalentamiento del habitáculo respecto al exterior se debe, básicamente, a la radiación solar”, explica Rafael Ruiz, profesor de la Escola Tècnica Superior d'Enginyeria Industrial de Barcelona (ETSEIB) de la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Sin esa radiación, añade, la temperatura del interior apenas diferiría de la del exterior, incluso en un día caluroso.

Cuando la temperatura exterior es elevada, en el interior se eleva mucho más por la radiación solar 

Cuando la temperatura exterior es elevada, en el interior se eleva mucho más por la radiación solar Getty Images/iStockphoto

La clave está en los cristales. La radiación procedente del Sol, cuya superficie supera los 5.000 grados, atraviesa con relativa facilidad las lunas del vehículo y alcanza el volante, el salpicadero, los asientos y el resto del habitáculo. Esos elementos absorben la energía y se calientan rápidamente. El problema llega después.

Cuando las superficies calientes intentan desprenderse de esa energía, lo hacen emitiendo una radiación distinta, de mayor longitud de onda. Y ahí entra en juego una propiedad poco conocida del vidrio: deja pasar con facilidad la radiación solar que llega desde el exterior, pero actúa casi como un muro para la radiación que intenta escapar desde el interior del coche.

“El problema no es únicamente que la radiación entre, sino que luego queda atrapada dentro”, resume Ruiz. Ese comportamiento explica que el interior continúe acumulando energía y que la temperatura aumente progresivamente hasta alcanzar valores muy superiores a los del ambiente.

Infografía sobre el cambio de temperatura que sufre un coche expuesto al sol

Infografía sobre el cambio de temperatura que sufre un coche expuesto al solTerceros

Por eso, hablar de efecto invernadero dentro de un automóvil no es una simplificación periodística. Es, según el profesor de la UPC, una descripción científicamente correcta del fenómeno. Aunque también intervienen otros mecanismos —como el calentamiento del techo o de la carrocería por la radiación solar—, el papel de los cristales resulta determinante para entender por qué el habitáculo se convierte en una auténtica cámara de calor.

El papel de los cristales es determinante para entender por qué el habitáculo se convierte en una auténtica cámara de calor

Uno de los errores más habituales consiste en pensar que es el aire el que se calienta primero. En realidad ocurre justo lo contrario. “El aire prácticamente no absorbe la radiación solar”, explica Ruiz. La energía atraviesa el volumen de aire del habitáculo casi sin interactuar con él y va directamente a parar a las superficies sólidas. Son el volante, los asientos, el salpicadero o los cinturones los que absorben la mayor parte de esa energía y alcanzan temperaturas muy superiores a las del aire. Después, esas superficies calientes transfieren el calor al ambiente interior.

Esa es la razón por la que el volante parece arder mientras el aire todavía resulta relativamente soportable, y también explica por qué los primeros minutos dentro del vehículo resultan especialmente incómodos: no solo respiramos aire caliente, sino que estamos rodeados de superficies que no dejan de irradiar calor hacia nuestro cuerpo.

Es un error poner el aire acondicionado justo al entrar en el vehículo cuando hace mucho calor

Es un error poner el aire acondicionado justo al entrar en el vehículo cuando hace mucho caloriStock

Además, el proceso es especialmente rápido al principio. Como ocurre cuando una botella recién sacada del congelador empieza a calentarse o cuando una tostada se dora en los primeros instantes dentro de la tostadora, la velocidad de transferencia de calor es máxima cuando la diferencia de temperatura entre dos cuerpos es mayor. En un coche estacionado al sol sucede exactamente lo mismo: durante los primeros minutos el incremento de temperatura es muy intenso y después va ralentizándose progresivamente hasta acercarse a un equilibrio que, en la práctica, nunca llega a alcanzarse porque la posición del Sol cambia continuamente a lo largo del día.

Bajar la ventanilla no sirve tanto como se cree

La explicación también ayuda a desmontar algunos de los remedios más populares para combatir el calor. Uno de ellos consiste en dejar una ventanilla ligeramente abierta. ¿Funciona? Sí, pero bastante menos de lo que suele creerse. Abrir unos centímetros las ventanillas permite que parte del aire más caliente, que tiende a acumularse en la zona superior del habitáculo, salga al exterior y sea reemplazado por aire algo más fresco. Sin embargo, el efecto tiene un límite muy claro: la radiación solar sigue entrando a través de los cristales y continúa calentando el volante, los asientos o el salpicadero. Es decir, mejora la temperatura del aire, pero no evita que las superficies sigan alcanzando valores muy elevados.

El parasol puede ayudar a evitar que se caliente tanto el interior del coche en verano  

El parasol puede ayudar a evitar que se caliente tanto el interior del coche en verano  sommersby/iStock

Mucho más eficaz resulta una medida tan sencilla como aparcar a la sombra. “Si el coche está a la sombra no sufrirá ese sobrecalentamiento”, afirma Ruiz. La razón vuelve a ser la misma: al eliminar prácticamente toda la radiación directa, desaparece el principal responsable del aumento de temperatura. Incluso elegir bien la orientación del vehículo puede marcar diferencias. El profesor reconoce que “cuando no tengo más remedio que dejar el coche al sol, procuro pensar dónde estará el Sol cuando vaya a recogerlo para minimizar la superficie acristalada expuesta a la radiación”.

Los parasoles colocados por fuera del parabrisas son más eficaces porque impiden que la radiación llegue al cristal

Los parasoles también ayudan, aunque no todos lo hacen por igual. Desde el punto de vista físico, los que se colocan por fuera del parabrisas son más eficaces porque impiden que la radiación llegue siquiera al cristal. Los tradicionales, situados en el interior, también reducen el calentamiento —sobre todo si incorporan una superficie muy reflectante—, pero una parte de la energía ya ha atravesado el vidrio antes de ser reflejada hacia el exterior.

Otro recurso habitual son los cristales tintados. Su eficacia depende del tratamiento que incorporen. No se trata simplemente de oscurecer el habitáculo, sino de bloquear parte de la radiación solar antes de que penetre en el vehículo. Cuanto mayor sea la capacidad del vidrio para filtrar esa energía, menor será el calentamiento interior.

El sobrecalentamiento en función del color de la carrocería del coche es menor de lo que se cree

El sobrecalentamiento en función del color de la carrocería del coche es menor de lo que se creeMané Espinosa

En cambio, el color de la carrocería influye menos de lo que suele pensarse. Es cierto que un coche blanco refleja una mayor cantidad de radiación que uno negro y, por tanto, se calienta algo menos. Pero, según Ruiz, el efecto es relativamente modesto porque la mayor parte del sobrecalentamiento se produce a través de los cristales. Algo más importante resulta el color del interior: tapicerías y salpicaderos claros absorben menos energía que los oscuros, aunque tampoco obran milagros.

Hay otro gesto cotidiano que sí tiene fundamento científico: cubrir el volante con una toalla o una funda cuando el coche permanece estacionado. El tejido también se calentará, pero actuará como una barrera que evitará tocar directamente una superficie que puede superar con facilidad los 60 ºC. A partir de unos 50 grados ya aparece la sensación de quemadura, y por encima de los 60 resulta difícil mantener la mano apoyada sobre algunos materiales durante más de unos segundos.

Conviene iniciar la marcha con las ventanas abiertas durante un par de minutos mientras el climatizador empieza a trabajar

¿Y qué hacer cuando volvemos al coche después de varias horas al sol? Ruiz recomienda no encender inmediatamente el aire acondicionado con todas las ventanillas cerradas; “Lo primero debería ser evacuar el aire acumulado en el interior”. Muchos vehículos permiten bajar las ventanillas manteniendo pulsado el botón de apertura del mando a distancia. Después, “Conviene iniciar la marcha con las ventanillas abiertas durante un par de minutos mientras el climatizador empieza a trabajar”. Solo cuando el aire acondicionado ya esté enfriando el habitáculo merece la pena cerrar completamente el vehículo para que el sistema sea realmente eficaz.

El mando a distancia abre y cierra las puertas del coche, pero también sube y baja las ventanillas

El mando a distancia abre y cierra las puertas del coche, pero también sube y baja las ventanillasGetty Images

La industria lleva años buscando soluciones para reducir este problema. Una de las más prometedoras pasa por utilizar cristales selectivos, similares a los que ya se emplean en muchos edificios eficientes. Estas láminas permiten el paso de la luz visible, imprescindible para conducir, pero bloquean buena parte de la radiación infrarroja y ultravioleta, responsable del calentamiento. “Si conseguimos impedir que entre esa energía, el problema disminuye enormemente”, resume el profesor.

Mientras esas tecnologías se generalizan, la física sigue ofreciendo la mejor explicación —y también los mejores consejos— para evitar que un coche aparcado al sol se convierta en una trampa de calor. Buscar una sombra, reducir la exposición de los cristales, utilizar un buen parasol o ventilar el habitáculo antes de iniciar la marcha son gestos sencillos que tienen una base científica sólida. Porque, al fin y al cabo, el coche no se calienta simplemente porque haga calor. Se calienta porque, cada vez que lo dejamos bajo el sol, lo convertimos sin darnos cuenta en un pequeño invernadero sobre ruedas.

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