En el corazón de Aragón, un triángulo mágico aguarda al viajero
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En el corazón de Aragón, un triángulo mágico aguarda al viajeroCuando el termómetro roza los 40 grados en gran parte de la Península Ibérica, resulta inevitable soñar con un refugio de frescor y tranquilidad en el que desconectar del mundanal ruido, alejado del asfalto y de las prisas. Ese rincón tiene nombre propio y resulta una delicia para los cinco sentidos: Monasterio de Piedra, un verdadero paraíso entre las abruptas sierras del Sistema Ibérico que nos espera a escasos 200 kilómetros de Madrid y a apenas 100 de Zaragoza.
El suave soniquete del río Piedra y la incesante caída de sus cascadas a lo largo y ancho del Parque, Jardín Histórico, del Monasterio de Piedra, ofrecen al viajero un espectacular recorrido a través de una exuberante naturaleza que nos deja tan asombrados como embelesados. Aquí toca seguir las flechas sin más pretensión que la de dejarse embriagar por el entorno, un paisaje sorprendente donde caminos y senderos cruzan cascadas, arroyos, lagos y grutas, a la sombra de árboles centenarios y una excepcional vegetación que crean una atmósfera de cuento.
Resulta obligado hacer este recorrido con calzado cómodo y, si es posible, lo mejor es realizarlo a primera hora de la mañana, cuando el sol todavía no quema y el bullicio no se siente, lo que nos permite entender la fortuna del «aquí y el ahora» mientras reconectamos con uno mismo.
El broche de oro a este paseo es adentrarse en el corazón del Monasterio de Piedra, cuyos muros del siglo XIII esconden ocho siglos de historia. En su interior, impasible al devenir del tiempo, se mantienen en pie los restos de una iglesia que nos traslada a otro mundo.
Iglesia del interior del Monasterio de Piedra Raquel BonillaEl antiguo claustro es hoy un impecable hotel que nos regala el privilegio de descansar en las antiguas celdas de los monjes, arropados por pasillos abovedados, escalinatas renacentistas y muros cistercienses. Dormir aquí es uno de esos lujos que convierten una escapada en una experiencia única, mientras que su restaurante Reyes de Aragón ofrece un viaje gastronómico por el producto de temporada.
Para los que busquen calidad y excelente materia prima a buen precio, el Hotel Restaurante Río Piedra es un acierto seguro. Su menú del día, con generosas raciones y amplia propuesta, no falla, aunque la opción para dos de ternasco, chuletón o cochinillo es la joya de la corona. Le hará chuparse los dedos.
El vino que nace de las piedrasNo muy lejos, el silencio que se desprende del Monasterio de Piedra se torna en pasión cuando nos adentramos en el Campo de Cariñena, una de las zonas vinícolas con más solera de nuestro país, ya que se trata de una de las Denominaciones de Origen más antiguas y la única región del mundo que da su nombre a una variedad de uva tinta autóctona, cultivada desde la antigüedad en un terreno característicamente pedregoso que marca la diferencia y en el que se cultivan otras muchas variedades.
Nave de barricas de Grandes Vinos, D.O.Cariñena Raquel BonillaEl resultado son vinos tan diversos como singulares, tal y como demuestra Grandes Vinos, la unión de más de 700 familias de viticultores capaz de imprimir en cada botella el legado de su tierra. Buen ejemplo de ello es Anayón, la colección premium de la bodega a base de añadas excepcionales, con una producción limitada y cuyo arte reside en su capacidad de aunar la expresión máxima de la región de Cariñena una botella.
Obligado resulta, también, deambular por el pueblo de Cariñena hasta toparse con el restaurante La Rebotica, una antigua farmacia que ha pasado «de dispensar medicinas, a proveer felicidad» gracias al saber hacer de Clara, hija de los propietarios y una apasionada de la cocina y del producto aragonés que ha sabido traducir la sabiduría gastronómica de su familia en una carta que aúna tradición e innovación a partes iguales. No dejen de probar la lasaña de morcilla, las borrajas salteadas con champiñón a la ginebra, el bacalao gratinado al ajo tostado o el ternasco de Aragón. Eso sí, dejen hueco para la tarta de queso.
Restaurante La Rebotica, en Cariñena Raquel BonillaLa sorpresa de CalatayudEl triángulo turístico lo cierra Calatayud, de cuyo pasado quedan numerosos edificios, como los restos de sus castillos y un buen puñado de templos, como San Benito, San Juan o el Santo Sepulcro. La Colegiata de Santa María, con una preciosa portada de 1528, da la bienvenida a un interior donde conviven el barroco y el mudéjar. Su torre, de 69 metros y declarada Patrimonio de la Humanidad, es el símbolo de esta ciudad que invita a callejear por el barrio judío hasta llegar a la Plaza de España, medieval y porticada de estilo aragonés. Para dormir y comer, Hotel Monasterio Benedictino es un estupendo punto de encuentro para seguir soñando con descubrir Aragón.
Interior de la iglesia de San Juan, en Calatayud Raquel Bonilla| # | Наименование новости | Тональность | Информативность | Дата публикации |
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