Hace más de 70 años que esta bodega forma parte de la identidad del barrio de la Barceloneta y se ha convertido en un clásico infalible para tomar el vermut. No es de extrañar que sus mesas siempre estén llenas de amigos y familias que disfrutan del fin de semana. Picar unas bravas, comer una gilda, tapear, tomar un vermut, beber una cerveza... es prácticamente una tradición del barrio para empezar o culminar un día redondo cerca del mar.