Entre miércoles y viernes la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla cierra su temporada con
Canta con la ROSS
, un programa participativo que dirigirá el titular del conjunto, Lucas Macías (Valverde del Camino, 1978)
Hablo con él por teléfono el pasado viernes. Estaba en Granada, donde esa noche presentaba, en el marco del Festival Internacional de Música y Danza de la ciudad y con la Orquesta Ciudad de Granada, la versión original de La vida breve de Falla (“interesante, pero la que conocemos es mucho más refinada y redonda”, me dice). Acaba de cumplir su primera temporada como titular de la ROSS.
Pregunta.–Su primer año al frente de la Sinfónica de Sevilla. ¿Con qué sensación llega a este final de curso?
Respuesta.–Muy contento. He visto el teatro prácticamente lleno en muchos conciertos y a un público muy volcado con la orquesta. Para algunos programas incluso lo vendimos todo. Comparado con hace dos o tres años, cuando había 400 o 500 personas en los abonos, es un cambio muy importante. Necesito todavía un poco de tiempo para conocer mejor a los músicos y que haya más confianza, porque solo he dirigido seis programas, pero estoy contentísimo.
P.–Hace un año habló de elevar el nivel artístico de la orquesta. ¿Qué balance hace ahora?
R.–La veo con una actitud maravillosa de querer mejorar, con mucha autoexigencia... Una ambición muy sana. La propia orquesta ha querido seguir repitiendo cosas, incluso en los ensayos generales, porque pensaba que podían hacerse mejor... Están entrando muchos músicos jóvenes, muy motivados, con un nivel altísimo, con mucha energía y un sentimiento de orgullo de pertenecer a la orquesta. Eso me ha encantado.
P.–La primera temporada ha hecho énfasis en la gran orquesta sinfónica, con mucho Mahler. La segunda, aprovechando la efeméride de Beethoven, mira mucho más al Clasicismo. ¿Es importante ese repertorio para la orquesta?
R.–Si nos lo podemos permitir, sí. Porque el repertorio clásico es de lo más difícil que existe y es un trabajo muy sano para una orquesta. Después permite afrontar el gran repertorio romántico o del siglo XX con muchas más garantías de calidad interpretativa.
P.–¿Qué tipo de equilibrio espera conseguir con el repertorio en las próximas temporadas?
R.–Quiero ofrecer la mayor variedad posible. Por eso he querido darles también la posibilidad a jóvenes compositores, como Raquel García Tomás o Francisco Coll, de que presenten sus obras con nosotros. Y, por supuesto, quiero integrar todo tipo de estilos. Si alguien quiere escuchar barroco, que tenga Haendel o Bach; si quiere Mozart, pues este año tendrá la 40; Beethoven, Brahms, Mahler, Bruckner, esa maravillosa 7ª… También es importante recuperar obras que la plantilla apenas ha tocado. Por eso pedí información a la oficina de lo que se ha hecho antes. Por ejemplo, la 2ª de Mahler con la que abrimos esta temporada que ahora termina la orquesta sólo la había tocado dos veces en 35 años. Para la mayoría de la plantilla fue la primera vez… Eso es importante.
P.–El concierto participativo de esta semana ya se probó el año pasado con la 9ª de Beethoven. Este año se acerca a la ópera y se amplía un día más, dentro de este programa de Feeling ROSS que trata de sacar a la orquesta de los formatos más convencionales. ¿Qué aportan estas iniciativas?
R.–La música puede ser un instrumento maravilloso de integración. Estamos atrayendo a sectores sociales muy distintos y, además, dando una alegría enorme a muchos aficionados que pueden cantar con su orquesta en el Teatro de la Maestranza. Me parece una idea brillante. Habrá aficionados que conozcan a la ROSS por estos espectáculos y que se atrevan luego a dar el salto a los conciertos de abono.
P.–¿Cómo van las relaciones con las instituciones?
R.–Son muy buenas, tanto con la Junta de Andalucía como con el Ayuntamiento. Nos sentimos muy bien tratados, pero nos gustaría mejorar el presupuesto, porque tenemos todavía en torno a diez vacantes y la orquesta tiene que crecer.
P.–¿Esas limitaciones condicionan la programación y la contratación de directores y solistas?
R.–Por supuesto, porque hay que guardar un equilibrio entre lo que se programa y las necesidades. Para hacer un Mahler, un Bruckner, un Shostakóvich necesitas un plantel de cuerda de 60 músicos. Es exigente. Y nosotros por ejemplo ahora mismo tenemos la plantilla de contrabajos un poco mermada. Pero bueno, ahí está nuestro gerente Jordi Tort trabajando, mimando y cuidando el presupuesto que tenemos para no caer en déficit.
Lucas Macías durante un concierto con la ROSS en el Maestranza
/ Marina Casanova
P.–¿Realmente necesita la ROSS un auditorio propio?
R.–Creo que sí. Sevilla es una ciudad grande, muy importante a nivel nacional e internacional, con un patrimonio cultural… bueno, qué puedo decir, es un sin palabras. Y creo que merece tener un auditorio que sea sede de la ROSS. Esto es para nosotros la prioridad número uno. Y eso no significa que la ROSS no siga siendo la orquesta de foso del Teatro de la Maestranza. Vamos con el teatro totalmente de la mano. Pero creo que si la ROSS tuviese un gran auditorio para hacer su temporada sinfónica allí, para ensayar todos los días allí, sería estupendo. Y creo sinceramente que es necesario. Fíjese que en España hay ciudades, como Zaragoza o Cuenca, que no tienen orquesta sinfónica y sin embargo tienen unos auditorios maravillosos.
P.–En su carta a los Reyes Magos, el Auditorio iría entonces lo primero, ¿y de segundo que se pediría?
R.–Mejorar el presupuesto. También es necesario. Porque además a mi me encantaría que la orquesta se moviera fuera de España. La ROSS tiene nivel de sobra para ir a muy buenos escenarios. Para los músicos es una motivación importantísima. Y salir de casa es también hacer terapia de grupo. Estamos trabajando en ello y quizás podamos dar noticia de algo pronto, pero un presupuesto más generoso ayudaría.
P.–Firmó por tres años prorrogables a dos más. Terminado el primero, ¿se ve en una relación larga con la ROSS?
R.–De corazón, sí. Vivo en Sevilla. Estoy enamorado de la ciudad. Puedo conciliar la vida familiar con la profesional, que es algo que no he podido hacer nunca y es algo maravilloso, que a mí me da la vida. Puedo llevar a los niños al colegio y de ahí me voy al ensayo, y luego por la noche cuando vuelvo del concierto los veo acostados. Estoy en casa. Tengo a mis amigos. Poco a poco estoy conociendo a la orquesta, que me está gustando muchísimo. Me siento muy bien tratado. Yo veo las cosas en la vida siempre a muy largo plazo; creo que todo en la vida necesita tiempo. Ya sé que ahora todo va muy rápido y las cosas se desvanecen igual de rápido, pero a mí me gusta más pensar a largo plazo, hacer un trabajo sólido y dejar, por supuesto, una huella.