Llega el verano y salir a la calle en Córdoba a determinadas horas del día puede parecer un infierno. En casa, muchas veces, el panorama no es mucho mejor, el aire acondicionado no da abasto y las noches tropicales empiezan a dejar de ser una excepción. En ese contexto, quizá se pasa demasiado por encima el papel que pueden jugar la arquitectura y el urbanismo a la hora de combatir las altas temperaturas, especialmente cuando el cambio climático convierte los 40 grados y las mínimas por encima de 25 en una normalidad cada vez más frecuente.
Llega el verano y salir a la calle en Córdoba a determinadas horas del día puede parecer un infierno. En casa, muchas veces, el panorama no es mucho mejor, el aire acondicionado no da abasto y las noches tropicales empiezan a dejar de ser una excepción. En ese contexto, quizá se pasa demasiado por encima el papel que pueden jugar la arquitectura y el urbanismo a la hora de combatir las altas temperaturas, especialmente cuando el cambio climático convierte los 40 grados y las mínimas por encima de 25 en una normalidad cada vez más frecuente.
Los arquitectos consultados coinciden en un diagnóstico, Córdoba todavía no está plenamente preparada para combatir el calor, aunque también lanzan un mensaje de esperanza. La ciudad, dicen, camina hacia ello, sobre todo en la nueva construcción. El gran problema está en el parque de viviendas antiguas y en un diseño urbano que aún tiene muchas asignaturas pendientes en materia de sombra, vegetación, materiales y refugios climáticos.
Para Ignacio Cabezas, responsable del estudio Cabezas Arquitectos, cree que en los edificios nuevos «sí se está haciendo un muy buen trabajo». El problema principal, apunta, está en «los edificios antiguos».Cabezas sitúa el punto de inflexión en la entrada en vigor del Código Técnico de la Edificación, en 2006. A su juicio, esta normativa supuso un avance muy importante, ya que los edificios construidos a partir de entonces incorporan «una exigencia técnica muy potente», especialmente en materia de aislamiento, eficiencia energética y confort interior.

Las nuevas viviendas combaten mucho mejor el calor. / VÍCTOR CASTRO
Uno de los aspectos clave son los puentes térmicos, es decir, los puntos de unión entre materiales por los que puede producirse una transmisión de temperatura más inadecuada con el exterior. «Hoy están mucho mejor trabajados», explica Cabezas, que también destaca la mejora en los aislamientos y en las carpinterías exteriores.
Eso no significa, matiza, que los edificios anteriores sean «un desastre», sino que responden a otros tiempos y a otras necesidades. Muchos inmuebles del siglo significa, matiza, que los edificios anteriores sean «un desastre», pasado no fueron pensados para el escenario climático actual. «Las exigencias y las normas tecnológicas han avanzado muchísimo», señala.
Para el arquitecto, la clave está en las llamadas soluciones pasivas, aquellas que permiten mejorar el comportamiento térmico de un edificio sin depender exclusivamente de sistemas mecánicos como el aire acondicionado. Algunas son tradicionales y llevan siglos presentes en Córdoba: muros gruesos, patios interiores, sombra, ventilación cruzada y control de la entrada directa del sol. La diferencia, apunta, es que ahora se cuidan más los detalles técnicos y se combinan con mejores materiales.
Cabezas destaca, por ejemplo, que la mejora de las carpinterías y los aislamientos ha facilitado mucho la climatización de las viviendas y permite reducir el consumo energético. «Es posible, con mejor construcción, menor demanda energética y menos necesidad de climatización, tener más confort», resume. Aun así, admite que el aire acondicionado sigue siendo la respuesta más extendida en Córdoba y que «prácticamente cualquier familia tiene acceso» a él. El reto, insiste, es trabajar para mejorar la situación de las viviendas antiguas y reducir esa dependencia.

Trabajos de rehabilitación el muro de una vivienda de Córdoba. / A. J. González
También Victoria Cañada, responsable de la dirección operativa y estratégica del estudio La Casa 12, cree que Córdoba «podría mejorar bastante», especialmente teniendo en cuenta «los cambios climatológicos que hemos sufrido en los últimos 20 años». A su juicio, las soluciones constructivas y las medidas de sombra están cambiando, pero todavía queda mucho por hacer. Cañada señala tres aspectos fundamentales en la escala urbana: «vegetación, sombreado y asfaltado». También reclama que se normalicen los refugios climáticos, espacios pensados para ofrecer resguardo a la población durante los episodios de calor extremo.
La arquitecta mira también al pasado cordobés para explicar que muchas soluciones tradicionales siguen teniendo sentido. El patio, recuerda, nació como una respuesta inteligente frente al calor, buscaba sombra, paredes gruesas, agua y estructuras capaces de suavizar la temperatura. «Era una idea bien tirada», señala. Para Cañada, ese conocimiento no ha perdido vigencia, sino que debe reinterpretarse con las necesidades actuales.
Jesús Mohedano, de Mohedano Arquitectura, coincide con sus compañeros en señalar el Código Técnico de la Edificación de 2006 como un antes y un después para afrontar el calor desde la arquitectura. «Sobre todo en carpinterías, aislamientos pasivos, cerramientos y cubiertas», precisa. Aun así, advierte de que las soluciones arquitectónicas «van más lentas que el avance del cambio climático».

Parque del Flamenco, uno de los que constituyen el anillo verde que rodeará a la ciudad. / A. J. González
Para Mohedano, el gran debe de Córdoba está en su parque de vivienda antigua, donde las soluciones son complejas. Aunque existan ayudas para rehabilitación energética, el aislamiento pasivo exige intervenir en los cerramientos, algo que suele implicar ganar grosor hacia el interior o hacia el exterior. Y ahí aparece el problema. Si se actúa hacia dentro, se pierden metros útiles de vivienda, algo que «nadie quiere». Si se actúa hacia fuera, la normativa suele impedirlo, aunque Mohedano cree que «debería excepcionarse» en determinados casos. Además, considera que la burocracia es excesiva y que, en ocasiones, provoca que «el propietario se detenga a mitad del proceso».
A nivel urbanístico, Mohedano cree que también quedan asignaturas pendientes. Aunque considera que a veces se sobrevalora el efecto de los árboles como única solución para bajar la temperatura, valora positivamente iniciativas como el Cinturón Verde. También echa en falta un «gran complejo de piscinas» que ayude a combatir el calor en verano. «Con las temperaturas que tenemos, Córdoba debería ser referente mundial en esto», señala.
En conjunto, los arquitectos coinciden en que Córdoba está avanzando, pero aún tiene mucho camino por recorrer. Las nuevas construcciones responden mejor al calor, pero la ciudad heredada sigue pesando, viviendas antiguas, calles duras, falta de sombra, demasiado asfalto y una dependencia muy alta del aire acondicionado.
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