Iba al patio, me rociaba con la manguera y volvía a la cama, bajo el ventilador de techo
En la puerta del bar del molino hay un cartel. Pone que, esta semana, el horario será de siete de la tarde a la medianoche por la ola de calor. Han escrito “ola de calor” entre comillas, tal vez con un afán irónico o para subrayar la justificación. En la terraza del bar del centro, la gente desayuna a la sombra, una pareja de ciclistas paga antes de reanudar su ruta. Las campanas anuncian la misa de diez y media, y los que van a la iglesia lo hacen cada uno por su cuenta, hombres con camisa y pantalón largo, mujeres con el collar y los pendientes que solo se ponen los domingos. Cuando nos cruzamos, nos saludamos con un gesto de la cabeza y un “bon dia”, aunque no nos conozcamos.

Las calles de medio pueblo están levantadas por obras, un cambio de tuberías, creo. Hoy corre algo de aire. Los termómetros marcan 28 grados y subirán hasta los 37 después de comer. Entonces las calles se quedarán vacías, no se verá ni se oirá un alma, solo el ruido incesante de los aviones que surcan el cielo. Empieza con un tono agudo que crece y luego se convierte en una especie de lamento, y no sabes si llegan o se van. Desde arriba, los pasajeros ven campos de color marrón tierra, y olivos de color olivo, verde ceniza, y a lo mejor ven la sierra, y evidentemente el mar azul, como si todo estuviera bien.
En la piscina del pueblo hay poca gente porque todo el mundo habrá ido en coche a la playa, deduzco. Leo y nado, y leo un rato más. Entonces, sobre las doce, llegan muchos niños. Voy a casa y paso por delante del restaurante donde el sábado comí con mis padres, ensalada y secreto al horno, menú más barato que la piscina si no estás empadronado aquí. Compro cerezas y melón. Antes me gustaba más la sandía. Estridulan las chicharras.
Anoche me levanté varias veces; noche infernal, creo que se llama, o noche tórrida, siempre las confundo. Iba al patio, me rociaba con la manguera y volvía a la cama, bajo el ventilador de techo. Hace un calor que derrite las ideas, es sofocante, asfixiante, es un calor que deshace las piedras. Pero mi perro se tumba al sol. Luego se levanta, bebe y se tumba en un escalón. Luego se encarama a una silla.
Al caer la tarde, riego las plantas. Han pasado unos días y vamos a la ciudad. Una vez más, se anuncia bochorno y temperaturas récord.
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