La adversidad social tiene un peso físico y mensurable que se infiltra directamente bajo la piel. Durante décadas, la literatura médica ha documentado cómo la pobreza o la discriminación merman la salud a largo plazo, pero los mecanismos exactos de este deterioro prematuro han seguido envueltos en cierta bruma técnica. Ahora, la ciencia ha logrado medir con una precisión sin precedentes el desgaste que impone el entorno social, revelando que el reloj corporal de quienes enfrentan desventajas socioeconómicas avanza a un ritmo antinatural.Seguir leyendo....