En partidos de fútbol, paseos por el paseo marítimo, en un día de piscina... Las pipas de girasol son uno de los aperitivos más consumidos en España. Su sabor, su precio asequible y el característico ritual de pelar cada semilla lo han convertido en un clásico. Sin embargo, muchas personas comparten una misma sensación: una vez que empiezan a comerlas, es prácticamente imposible parar.
En partidos de fútbol, paseos por el paseo marítimo, en un día de piscina... Las pipas de girasol son uno de los aperitivos más consumidos en España. Su sabor, su precio asequible y el característico ritual de pelar cada semilla lo han convertido en un clásico. Sin embargo, muchas personas comparten una misma sensación: una vez que empiezan a comerlas, es prácticamente imposible parar.
Y sobre este particular fenómeno, ha hablado el enfermero José Ángel, enfermero de UCI y divulgador sanitario, en una publicación difundida en sus redes sociales. Según explica, esta sensación no responde a una única causa, sino a la combinación de varios factores relacionados con el funcionamiento del cerebro, las características del alimento y los hábitos de consumo
Las pipas de girasol son una fuente de triptófano, un aminoácido esencial. "El organismo utiliza el triptófano para fabricar serotonina, un neurotransmisor relacionado con la regulación del estado de ánimo", explica. No obstante, este componente por sí solo no explica que resulte tan difícil dejar de comerlas.
Otro de los aspectos que menciona el efnermero es el propio proceso de abrir la cáscara. "El acto de pelar cada pipa funciona para el cerebro como un sistema de pequeñas recompensas", afirma. Cada semilla obtenida supone una gratificación inmediata que favorece la repetición de la conducta.
Además, apunta al papel de la sal. "Las pipas saladas resultan especialmente apetecibles porque la combinación de sal y grasa potencia su sabor", señala. Esta característica puede facilitar que se consuman grandes cantidades antes de percibir sensación de saciedad.
El enfermero José Ángel subraya el componente psicológico de este hábito. "El movimiento repetitivo de pelar las pipas ayuda a mantener las manos ocupadas y puede reducir la sensación de aburrimiento o de estrés mientras se realiza otra actividad", indica.
Además, "la dificultad para dejar de comer pipas no se debe a un único factor, sino a la suma de su sabor, el ritual de pelarlas y la activación de los mecanismos de recompensa del cerebro".
Son un alimento muy graso y rico en minerales y algunas vitaminas. En cuanto a su aporte energético, una ración de unos 35 g de pipas sin pelar (25 g una vez peladas) aporta unas 100 kcal (una manzana grande, 100 kcal, y un vaso de leche 165 kcal).
El nutriente mayoritario de las pipas de girasol son las grasas poliinsaturadas, ya que contienen 22 g de esta grasa por 100 g de porción comestible. Este tipo de grasa ayuda a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, por lo que contribuye a reducir el riesgo de enfermedades asociadas a riesgo cardiovascular. También son fuente de proteínas (27%), hidratos de carbono (20%) y fibra (3%).
Fuente: El Periódico